Mes: diciembre 2016

Él se enamoró de sus flores, no de sus raíces

Él la conoció y se enamoró del color de sus ojos, de su mirada, de su hermosa sonrisa, de sus mejillas rosadas, del largo de su cabello, de su forma de peinarlo, se enamoró de su forma de caminar, de su forma de pararse, de sus gestos, de su voz, de su timidez, del extraño pero dulce sonido de su risa, se enamoró de su inocencia, se enamoró de su extraña forma de ver la vida. Se enamoró de su forma tan distraída de hacer las cosas, de su forma de equivocarse, de su extraña belleza al enojarse, se enamoró de conocerla, de adaptarse a ella y de ir destapándola capa por capa, hasta llegar a su esencia. Se enamoró de descubrirla, como si fuera una búsqueda del tesoro.

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Yo, mi, me, conmigo: ego y narcisismo en las redes sociales

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Hagamos, en la intimidad que nos proporciona nuestro despacho/baño/asiento de metro, un ejercicio de autoconocimiento.

Es fácil: se trata de abrir la galería de fotos de nuestro móvil y contar el número de selfies que nos hemos hecho durante este último mes. ¿Cuántos te salen? ¿5, 20, o quizás alguna más? ¿Tenéis alguna con mendigos? ¿Cuántos legsies? ¿Cuántos drelfies y braggies alberga vuestro carrete digital? ¿Cuántos welfies con las pesas del gimnasio, o enseñando la nueva adquisición de nike frente al espejo? Os podría preguntar también por el número de multiselfies, photobombs o bedstagrams. Pero vamos a dejarlo en esa primera pregunta inicial. Seguir leyendo «Yo, mi, me, conmigo: ego y narcisismo en las redes sociales»

Yo soy cara

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Bienestar es una palabra que me despierta sospechas, o me da alergia, o ambas cosas. Escucho “bienestar” y me asaltan imágenes de matrimonios jóvenes haciendo picnics con el perro en una pradera en la que el césped parece cortado a máquina, o de parejas de ancianos tomando café al abrigo de un hogar a leña vestidos con ropa de lana suave y carísima, o de personas haciendo yoga al borde de un acantilado tailandés mientras atardece. No tengo nada contra las parejas jóvenes, los perros, los hogares a leña, los ancianos, la ropa de lana suave y carísima, el yoga, los atardeceres, y mucho menos Seguir leyendo «Yo soy cara»

La diferencia entre ser culto y ser inteligente

“Ser culto” y “ser inteligente” se consideran estados distintos del intelecto. Uno se refiere a la “cultura” que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse.

Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.

La inteligencia, por otro lado, se ha pensado y estudiado sobre todo como una cualidad inherente al hombre como especie. Nuestra inteligencia es resultado de la evolución y, por lo mismo, todos los individuos la tienen. Desde un punto de vista científico, la inteligencia explica que seamos capaces de leer o ver una película, pero también sumar o restar cantidades, y que podamos manejar un automóvil o atrapar una pelota.

Curiosamente, por razones que no son del todo claras pero quizá se expliquen por el clasismo de ciertas sociedades, en ciertas circunstancias la cultura y la inteligencia pueden aparecer enfrentadas. Dado que la cultura se convirtió en un bien asociado a las clases privilegiadas —la nobleza o la burguesía, por ejemplo—, también se ha utilizado como una suerte de discriminador, una forma de distinguir entre una persona que tuvo acceso a dicha cultura —a ciertos libros, ciertas escuelas, ciertos viajes— y otra que no. Cuando la cultura se usa de esa manera, es previsible que se convierta en una categoría deleznable. Seguir leyendo «La diferencia entre ser culto y ser inteligente»

6 señales de que eres el tipo de persona que debería viajar sola

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Viajar solo te enriquece de una forma que no sería posible si tuvieses compañía. Si no estás hecho para hacerlo, en el mejor de los casos lo encontrarás una experiencia aterradora; en el peor caso, una experiencia deprimente. Aquí te dejo seis señales de que quizás esto sea lo tuyo: Seguir leyendo «6 señales de que eres el tipo de persona que debería viajar sola»