Tengo miedo

tengo miedo

Tengo miedo de no verte más un día,
miedo de no ver alguna vez tu sonrisa de niña que llena de color mi desolado mundo.
Tengo miedo de que me abandonen tus miradas,
miedo de no perderme más en el encanto de tus bellos ojos.
Tengo miedo de esperarte en vano al atardecer,
miedo de que tus pasos tomen un camino lejano a mi destino.
Tengo miedo de buscarte un día y solo encontrar la sombra de tu recuerdo,
miedo de saberte distante y que se me haga imposible tu imagen de hada otoñal.
Tengo miedo a despertarme una mañana cobijado por la nostalgia de tu ausencia,
miedo a que el olvido eterno me borre de tu pensamiento.
Tengo miedo al incierto mañana que puede llevarte lejos de mí y sentenciarme a la dura soledad,
miedo de sentir un gran vacío que solo tú con tu ternura podrás llenar.
Tengo miedo a que un día me digas adiós y que se cierren mis pupilas con el inmenso pesar de no verte más.

Josstin Fernney Valencia

Vive tu sueño y no sueñes tu vida  ¡1ª edición casi agotada!

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“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba encontrarme con palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)

Te olvidé porque quería poder recordarte

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Que todo lo que tiene un principio tiene un final es una de las verdades más universales que existen. Pero es curioso que, independientemente de lo bien que haya ido el camino, lo que suele marcar el recuerdo que nos queda de este es cómo acaba. Esto es especialmente cierto en la relaciones personales: si has tenido una mala relación con alguien, pero en el último momento quedáis de manera amistosa, cuando piensas en ello parece que todo no sea tan malo como parece; sin embargo, puedes haber tenido una relación maravillosa con otra persona que, si el final no es bueno, lo que te queda es un recuerdo destructivo.

Y esto no es ni justo para la otra persona ni bueno para ti. Todos hemos tenido alguna vez esa pareja o esa amistad que durante un tiempo convirtió cada momento que pasamos juntos en algo genial, pero que por un error, una mala decisión, nos acabó haciendo daño. Pero lo que más duele después de eso es acordarte de ella, porque de golpe todos aquellos buenos ratos parecen haber desaparecido, y en su lugar solo están los defectos que antes no veías, pero que ahora te parecen lo más grave del mundo.

Ya no hay una sonrisa mágica, hay un tic que te pone de los nervios; ya no están los gestos amables, está la jodida manía de darte una colleja cada vez que te veía; no fue un tiempo maravilloso, fue una puñalada directa a tu alma. Y así, sin quererlo pero sin poder evitarlo, convertimos lo que debería ser un bonito recuerdo con un ‘pero’ al final en una gran herida que no te permite vivir con normalidad, porque duele demasiado. Y no te das cuenta de que eso lo estás haciendo tú mismo, y que no es una imagen real.

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no es del todo cierto. Lo que lo cura todo es el olvido (si bien es cierto que el olvido suele ser una cuestión de tiempo), y olvidar es un verbo que suele tener una connotación muy negativa, cuando no siempre tiene por qué ser algo malo.

El problema es que cuando tenemos un recuerdo que duele nos obsesionamos con la idea de olvidarlo, y lo único que hacemos así es impedirnos pasar esa página. Es como cuando te duele algo y te dicen “no pienses, que te duele”; pero al decirte a ti mismo “no me duele”, estás pensando en el dolor. Por tanto, lo que hay que hacer es dejar que el proceso siga su curso natural. Es necesario pasar por esa mala época en la que absolutamente todo te recuerda lo malo de aquella persona, pero si sigues con tu vida, cada vez la intensidad del recuerdo es menor.

Y llega un día en el que no queda nada. Tu mente ha borrado todo ese dolor. Entonces llega el momento de volver a recordar, y cuando lo haces te das cuenta de que lo bueno que pasasteis supera con creces a lo malo, y vuelve a ti una imagen limpia de aquella persona, sin las distorsiones creadas por tu propio orgullo. A veces hay que olvidar, para poder recordar lo que vale la pena no olvidar

Alejandro Galante

Vive tu sueño y no sueñes tu vida  ¡1ª edición casi agotada!

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“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba encontrarme con palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)

18 pistas para saber si tienes inteligencia emocional

inteligencia emocional

Según definieron Salovey y Mayer el año 1900, la inteligencia emocional consiste en manejar los sentimientos y emociones, clasificarlos y utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y acciones.

La inteligencia emocional, por lo tanto, no tiene nada que ver con la inteligencia lógica. De hecho, se ha demostrado que, un 70% de las veces, las personas con un coeficiente intelectual promedio superan en inteligencia emocional a las que tienen coeficientes más altos. Esto esclareció que el coeficiente intelectual no es la única fuente de éxito en la sociedad, pero la inteligencia emocional es tan intangible que es muy difícil de catalogar el grado que alguien tiene.

Sin embargo, un análisis de los datos de más de un millón de personas realizado por Travis Bradberry ha sintetizado algunas claves que nos pueden ayudar a saber si tenemos o no inteligencia emocional.

Según este autor, las personas con inteligencia emocional comparten las siguientes características:

1- Tienen un amplio vocabulario emocional

Todas las personas experimentan emociones, pero solo algunas pueden identificar con precisión qué les ocurre. Según la investigación de Bradberry, solo el 36% de las personas pueden verbalizar si están irritados, frustrados, estresados u oprimidos. El resto se suelen basar en un simple “bien” o “mal”. Mientras más específicas sean tus palabras, mayor facilidad tienes para saber cómo te sientes, qué ha causado el posible problema y cómo lo puedes arreglar.

2- Sienten curiosidad por los demás

Sin importar si eres extrovertido o introvertido, si tienes inteligencia emocional tendrás una gran empatía por lo demás, por lo que te preocuparás por la gente que te rodea y, por lo tanto, sentirás gran curiosidad por ellos.

3- Abrazan el cambio

Quienes son inteligentes emocionalmente también se adaptan con facilidad a los cambios. Dejan de lado el miedo que puede provocar cambiar de vivienda, trabajo o pareja y buscan la felicidad escondida.

4- Saben cuáles son sus puntos fuertes y débiles

La inteligencia emocional no solo se basa en conocer las emociones. También en las debilidades y fortalezas de la propia persona. Consiste, en definitiva, en conocerse a uno mismo. De este modo, saben cómo usar su propia personalidad para adaptarse a las situaciones. Continue reading “18 pistas para saber si tienes inteligencia emocional”

Fui “la otra” durante un año y esto es lo que aprendí

fui la otra

Durante un año de mi vida estuve con alguien que tenía otro ‘alguien’, me convertí en “esa zorra que se ha liado con un tío con pareja”, esa a la que todos odiamos en las películas y que nadie de pequeña ha soñado con convertirse. Pero ¡ay amiga! qué fácil es hacer juicios sobre los demás cuando no se está en su pellejo. Me llegan a decir un tiempo antes que me enamoraría de alguien que me tendría como segundo plato, que me escondería y que me utilizaría simplemente para desahogar sus frustraciones, les hubiera metido una hostia.

Primera gran enseñanza

Todo el mundo tiene tendencia a culpar a ‘LA OTRA’. Si el affaire llega a oídos de la opinión pública, quedarás marcada como rompeparejas. Cuando el verdadero capullo es el (o la) que mete en su cama a alguien mientras comparte cama con otra persona o incluso luce un bonito anillo que simboliza la unión en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, blablablá….

Yo hasta ese momento yo había tenido relaciones normales. Si son serias, haces vida común, viajecitos, domingos tirados en casa, sábados de exposiciones, miércoles de cine… Lo típico. Si son rolletes, pues cada uno sabe lo que hay. No voy a predicar en esta materia. Pero descubrí un nuevo tipo de relación. La que se tiene con un tío que sí que tiene una pareja estable (e incluso hijos).

Segunda gran enseñanza

No lo esperes para quedar a comer, los domingos son para su familia, ¿ver una peli juntos? ¡Ja! Y si aun así consigues un contrato verbal para ir a pasar un día a otra ciudad para, no sé, hacer otras cosas aparte de follar… querida: prepárate para que te deje plantada en casa perfectamente depilada y con la mochila a medio hacer. Vamos, que eres un plan b en toda regla. Estás al nivel de ese colega con el que no te importa anular un plan por Whatsapp media hora antes con un “No puedo ir al final. Sorry :)”.

No hay que intentar comprender por qué por la noche cuando está contigo eres su diosa, y una vez que ya ha llegado al clímax es como si estuviera en la cama con un estropajo. Debe ser algo de hormonas y, a no ser que de repente haga un máster en Química, no puedo dar una explicación más allá que la que me han facilitado algunos amigos: “Cuando acabo de follar con una tía a la que no quiero, solo quiero irme o que se vaya. En seguida siento rechazo”. Pues eso. Que no esperéis la postura de la cucharita para dormir. Continue reading “Fui “la otra” durante un año y esto es lo que aprendí”

Tu niño interior te grita que vuelvas a acercarte a él

obedezco al silencio

“Nacemos originales. Morimos copias” -Carl Gustave Jung-

Cuando a una persona le cuesta recordar cómo fue en su infancia y qué quería ser de mayor, inevitablemente ese niño que fue está olvidado y mermado, y por tanto su personalidad adulta está de alguna forma un tanto sometida. No sabe cómo amar, a qué mirar y ha dejado de encontrar la gracia en sí mismo.

De tanto diferenciarse para calmarse, de tanto mezclarse con lo que los demás esperan de él, el niño se ha quedado huérfano. Y esto no hace más que complicarle la vida al adulto y ser una copia falsa sin saber muy bien de quién.

La amargura es lo único que ha cristalizado de esta lucha entre tu esencia y el mundo. Pudo ser un bello encuentro, pero buscando el éxito olvidaste que eso solo ocurre a los que realmente son fieles a sí mismos. Ya sea en una cabaña de cartones o en un gran palacete. La tristeza no tiene márgenes ni moldes, traspasa cualquier material por mucho que la disfraces.

Es el momento de parar y escuchar; tu niño interior te grita que vuelvas a acercarte a él.

Yo Padre, Yo Adulto y Yo niño

Eric Berne propuso en su teoría del análisis transaccional que las personas interactúan entre sí mediante transacciones psicológicas, con sus estados del yo: Padre, Adulto y Niño.
Aprendiendo a utilizar el padre para dar cuidados, el adulto para individualizarse y el niño para buscar y recibir cuidados y cariño. Es decir, si la transacción del niño desaparece….¿Cómo puede una persona individualizarse y dar cuidados si ha olvidado de demandar el suyo propio?

Y es que creemos que la vida nos va definiendo y las experiencias nos cambian, pero realmente cabría plantearse si la prueba psicológica que cada uno de nosotros tenemos que pasar es vivir todas esas alegrías y amarguras, sintiendo que nuestro niño interior nos mira y nos reconoce.

Pero la mayoría de la gente ha encontrado más interesante desconectarse de sí mismo y amoldarse a lo que cree que puede resultarle más útil y menos doloroso para vivir. Ha dejado de ser niño y ha pasado a ser copia. Continue reading “Tu niño interior te grita que vuelvas a acercarte a él”

Un brindis por ese amigo que el viento se llevó y nunca más se supo

viento se llevo

El luto no es sólo para los ex. También tiene nombre de amigo. De esos que tantas horas de desvelos y run run nos han ‘regalado’ con su repentina ausencia. Así que puestos a divagar y buscar explicaciones, hagámoslo con algún grado de descaro y despreocupación de más en el cuerpo. Alcemos nuestras copas, bien alto y bien llenas, y brindemos por ellas, sí por ellas, por esas amistades que fueron y ya no son, que no están ni se las espera.

Brindemos por ese amigo que encontró pareja y desapareció. Por la amiga que prefirió una partida al Candy Crush en el metro a responderte a tus WhatsApps para quedar. Por el que empezó dándote largas y acabó girando la cara al verte por la calle. Por la que un día se enfadó y no te explicó el porqué. Por el que te eliminó de Facebook, te hizo un unfollow en Twitter y te bloqueó en Instagram. Por la de la bronca monumental que, al menos, dejó grandes momentos para el recuerdo. Y, por supuesto, por todos aquellos que no hicieron suya la bandera de que “el que no llama es porque no quiere” y se hicieron fuertes tras el escudo del “voy fatal de tiempo”.

Tiempo es lo que perdimos nosotros persiguiéndolos, tratando de entender en qué momento alcanzamos ese punto de no retorno y echándolos de menos. Y es que, queridos, el síndrome de Estocolomo amiguil existe. Es normal. No se borran de un plumazo los buenos ratos compartidos.

Ay, amigo, sólo sabe lo que unen la suciedad y la mugre compartida en los campamentos de verano el que lo ha vivido. Lo mismo que los viajes de ‘sólo chicos’ o ‘sólo chicas’ a la playa, las noches de farra etílica, las risas susurradas en las clases de universidad, las horas de conversación telefónica, los cafés a media tarde cuando buscabais un hueco como fuera para contaros en persona la última y definitiva chorrada… Y así, un suma y sigue que ahora pesa y te lleva aensalzar e idealizar unas situaciones y cualidades que, seguramente, no son tan maravillosas como las recuerdas.

Por eso, chupito (sí, a veces es necesario subir la graduación alcohólica para soltar lastre) por cada desplante que te tocó vivir. Por las caras de asco que tuviste que aguantar. Por los mensajes sin contestar. Por los planes en los que no fuiste incluido. Por las medias mentiras o las verdades calladas. Y, especialmente, por la toxicidad en la que permitisteis que se instalara vuestra relación.

Aunque, ojo. Al César, lo que es del César. No acabaremos nuestra diatriba espirituosa sin darles las gracias. Gracias por lo que compartimos y por lo que aprendimos. Porque nos enseñaron a que, en ocasiones, echar el resto no es garantía de éxito. Entendimos que a veces es mejor una retirada a tiempo. Descubrimos la importancia de tener criterio para saber por qué causas perdidas merece la pena luchar. Y llegamos a la conclusión de que con los amigos, igual que con cualquier ex, también se pasa página. Ahora, después de tanto tiempo y tanto brindis, somos capaces de cambiar ese “algo se muere en el alma cuando un amigo se va”, por centrarnos en disfrutar de aquellas personas que están ahora, porque no sabemos cuánto se quedarán.

María Sanz

Vive tu sueño y no sueñes tu vida  ¡1ª edición casi agotada!

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“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba encontrarme con palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)

No me digas que no tienes tiempo, dime que tus prioridades son otras

Aprendí que quien no te busca no te extraña y quien no te extraña, no te quiere. Que la vida decide quién entra en tu vida, pero tú decides quien se queda. Que la verdad duele una sola vez y la mentira duele para siempre. Por eso valora a quien te valora, y no trates como prioridad a quien te trata como una opción. -Anónimo-

Si alguien quiere, tendrá tiempo. Si no tiene tiempo es porque no quiere o porque tiene otras prioridades que le interesan más. Así, no dejes que te mientan y tampoco te engañes. De hecho,siempre habrá un hueco reservado para una persona a quien se tiene ganas de ver, con quien se tiene intención de hablar o de quien preocuparse: es la base del cariño y del amor.

Conforme vamos creciendo la vida nos va poniendo más complicada la tarea de conseguir esos huecos para los demás o incluso para aquellas actividades que tanto nos gustan, principalmente porque nos invaden otras ocupaciones que nos roban casi la totalidad del tiempo libre del que disponemos. Sin embargo, no es verdad que no lo tengamos: dicen que “querer es poder” y, en el caso de las relaciones personales, resulta una premisa muy importante.

La atención no se ruega

Es una consecuencia natural del paso de los años que tengamos que ir aprendiendo a organizar los espacios libres que otras cosas como el trabajo, los niños o los estudios nos permiten; razón por la cual hay quien afirma que la vida es un cúmulo de prioridades y segundas opciones.

Cuando clasificamos mentalmente nuestras relaciones en prioridades u opciones lo que hacemos realmente es movernos en función del valor que le damos a unas u otras personas. Por lo tanto, abre los ojos todo lo que puedas y, si te das cuenta de que no te dan el valor que te mereces, no lo ruegues: mendigar atención es algo que sí que no se merece nadie.

Si te encuentras en esa situación en la que sientes que das el 100 por 100 de ti misma por algo que debe ser recíproco y no lo es, quizá es el momento de ver que detrás de la falta de tiempo hay excusas y poco interés. Suele ser doloroso y decepcionante, pero es más saludable a la larga solucionar ese desequilibrio que seguir manteniéndolo: al fin y al cabo la unión de dos personas es un contrato, en el cual dar es gratificante pero recibir también es necesario.

¿Cómo sé si me trata como una prioridad?

Existen algunos comportamientos claves que nos ayudan a darnos cuenta de cuando no quieren compartir aunque sea una pequeña porción de tiempo con nosotros. La motivación de muchos de ellos se basa en que te vean como una posibilidad y no como una certeza. Piensa que te mereces ser un plan prioritario y no una opción segura cuando los planes iniciales fallen.

Por ejemplo, a todos nos ha pasado tener a un amigo, una pareja o un familiar al que incluiríamos sin dudarlo dentro de nuestras prioridades pero que, en un momento dado, ha comenzado a darnos un poco de lado. Puede que algo haya pasado y lo mejor es hablarlo, pero también puede que ya lo hayas hecho y la falta de interés por mantener el contacto o conservar la relación empeore progresivamente: recuerda que quererse no tiene calendario.
La libertad es saber elegir
Cuando alguien nos toma como una opción secundaria, como el plan B que a nadie le gusta ser, lo que está haciendo es elegir libremente qué compartir de sí mismo y con quién hacerlo y resulta que esa elección nos ha colocado en un segundo plano.

Aunque te duela, no se puede obligar a los demás a que te respondan como te gustaría, al igual que tampoco puedes sacrificar tu dignidad y tu amor propio a costa del egoísmo de esa persona. El afecto desigual solo te conducirá a una realidad falsa llena de esperanza por un futuro que es improbable que alguna vez llegue a ser presente.
Esa libertad de elección tú también la tienes. Elige bien a quién quieres en tu vida y, cuando lo hagas, es probable que sea el momento de pensar quién te ha elegido en la suya: valora a
quien te demuestre que quiere estar a tu lado.

Se trata de cultivar relaciones honestas que permitan mantener una autoestima equilibrada y nos dejen retroalimentarnos de las pequeñas cosas de los dos. No es algo fácil, pero los retos con las mejores recompensas nunca lo fueron.

Cristina Medina Gómez

Vive tu sueño y no sueñes tu vida  ¡1ª edición casi agotada!

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“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba encontrarme con palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)