La envidia de un amigo, es peor que el odio de un enemigo

            

“A la sombra del mérito se ve crecer la envidia”  (L.Fernández de Moratín)

La envidia se manifiesta como un sentimiento de resentimiento, disgusto o celos por lo que otra persona ha conseguido y quien es propio del sentimiento se siente con alguna limitación para obtener.

La envidia que parte de un amigo, es una de las más tóxicas, porque pocas veces será identificable, nadie se siente orgulloso de sentir envidia y mientras pueda evitar ser descubierto, mejor. Pero en el caso de los amigos, ellos por lo general tienen un grado de influencia en nosotros, son libres de opinar o de “ayudarnos” a resolver algunas cosas, y consciente o inconscientemente, podrían estar saboteando nuestras acciones por sus deseos ocultos.

Son pocas las personas que sienten real satisfacción con los logros de los demás e inclusive muchos pueden alegrarse ante nuestros problemas, incluyendo a nuestros amigos y enemigos. Cada quien quiere resaltar o en su defecto, le molesta que sea otro el que obtenga el éxito… Mientras todos estén medianamente nivelados, las cosas fluirán mejor para la mayoría, de acuerdo a las percepciones egoístas. Sigue leyendo “La envidia de un amigo, es peor que el odio de un enemigo”

Nunca te dejé de querer, solo dejé de insistir

            

Cuando entregamos nuestros sentimientos a alguien, muchas veces no agregamos el componente racional en el asunto, nos limitamos a lo pasional, a lo emocional y nos hacemos incapaces de introducir la lógica de la conveniencia a un análisis asociado.

Por eso nos puede resultar difícil tomar decisiones acertadas en cuanto a quién dedicamos nuestro cariño y el tiempo que invertimos procurando ser correspondidos. Una vez decidimos reaccionar y vernos con ojos más benevolentes, reconociendo lo que somos, lo que queremos y lo que merecemos a nuestro lado, podemos ser un poco más cautelosos y considerados con nuestro corazón.

Amar es un sentimiento que en términos generales resulta más placentero cuando es correspondido, sin que hagamos las cosas para recibir algo, pero sí esperando una disposición similar a la nuestra en lo que refiere a demostraciones de afecto, solidaridad, empatía y reciprocidad. Sigue leyendo “Nunca te dejé de querer, solo dejé de insistir”

La depresión y la ansiedad son signos de lucha, no de debilidad

            

Los problemas emocionales no son una elección, y nadie desea atravesar una depresión ni pasar por momentos de ansiedad. Simplemente, pueden surgir tras un período de acumular situaciones y circunstancias complicadas

Existe la falsa creencia de que la ansiedad y la depresión son signos de debilidad y de incapacidad para la vida. Pero no, una persona con ansiedad, depresión o síntomas mixtos NO está loca ni es endeble, de carácter débil o inferior.

Resulta triste y agotador pelear con esto, pero es una realidad social que no podemos obviar. Así, a pesar de los avances de la ciencia, el inconsciente moderno que envuelve a nuestra sociedad aún piensa que los problemas emocionales y psicológicos son sinónimos de fragilidad y vulnerabilidad. Sigue leyendo “La depresión y la ansiedad son signos de lucha, no de debilidad”

Di lo que te molesta, cuando te moleste… no cuando te harte

            
 

“Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas” ― Gabriel García Márquez

Muchas veces en las relaciones interpersonales por evitar una discusión, por ser prudentes, por no incomodar o por pensar que estamos siendo tolerantes y autocontrolados, solemos dejar pasar las cosas que nos molestan, acumulando de esta forma en nuestro interior un gran cúmulo que poco a poco tiende a desbordarse.

Cuando solemos guardarnos las palabras, las reacciones, la molestia cuando nos ocurre un acontecimiento, muchas veces se hace inevitable una explosión cuando sobrepasamos nuestros límites. Esto siempre tiene efectos más perjudiciales para la relación porque por lo general es una respuesta impulsiva la que exteriorizamos y ante la explosión es muy difícil seleccionar las palabras adecuadas, en un tono que no incite a la violencia o que genere una reacción en cadena y muchas veces resulta imposible dar un mensaje que no represente toda la carga que venimos acumulando.

Cuando tomamos como un hábito exteriorizar nuestra molestia cuando sentimos su presencia, resulta más sencillo hacerlo de forma tranquila, sin obstinación, sin impulsividad, podemos tomarnos unos minutos para pensar en nuestro discurso y de la forma más favorable para la relación expresar lo que sentimos, dando a la otra persona la posibilidad de rectificar a fines de no volver a generarnos esa molestia y dándonos a nosotros mismos la posibilidad de no llenar nuestro equipaje de palabras contenidas, de ira y de resentimiento por lo que nos hemos callado. Sigue leyendo “Di lo que te molesta, cuando te moleste… no cuando te harte”

Los 12 hábitos de las personas resilientes

 

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Es común pensar que la resiliencia es algo parecido a una capacidad innata, una facultad que nace de manera espontánea en algunas personas que tienen que afrontar situaciones adversas.

Sin embargo, la resiliencia no es un rasgo de la persona que nazca con ella, ni forma parte del temperamento típico de esta. Se trata de un proceso en el que el individuo entra en una dinámica de interacciones con los demás y con el entorno de manera que es capaz de superar las adversidades.

Dicho de otra forma: la resiliencia psicológica no se tiene, sino que es algo que se desarrolla y se aprende a mantener.

Es por eso que uno de los pilares de la resiliencia se encuentra directamente en los hábitos de la persona que logra desarrollarla. Estos hábitos característicos de las personas entrenadas en la resiliencia pueden ser tan variados y flexibles como maneras hay de vivir la vida, pero a grandes rasgos se pueden nombrar diez que son aplicables a la mayoría de los casos.

Las personas entrenadas en resiliencia…

¿Qué cosas tienen en común este tipo de personas?

1. Toman medidas para mejorar su autoestima

Son capaces de reconocer que las acciones que hagan hoy cambiarán la manera de percibirse a sí mismas el día de mañana. Por eso, orientan parte de sus acciones hacia la mejora de la autoestima y la autoconfianza, y lo hacen de manera más o menos consciente, para asegurarse la eficacia de estas medidas y ser constantes en esta tarea.

2. Se sumergen en tareas creativas

La creatividad es una de las formas de hacer que todo es nuestros pensamientos se enfoquen hacia la resolución de un reto novedoso. La percepción de estar creando algo original hace que este hábito sea altamente estimulante, y la sensación de haber terminado una pieza de trabajo que es única en el mundo es altamente placentera. Las personas resilientes lo saben y por eso les gusta alternar las costumbres del día a día con un poco de novedad y exigencia a sí mismas.

3. Mantienen una actitud estoica cuando conviene…

Las personas capaces de desarrollar una buena resiliencia son capaces de detectar aquellas situaciones en las que es prácticamente imposible hacer que el contexto cambie a corto o a medio plazo. Esto posibilita que no se planteen ilusiones vanas y que sus esfuerzos para adaptarse a lo que les pasa se centren en gestionar su manera de experimentar lo que ocurre en esta nueva situación. Sigue leyendo “Los 12 hábitos de las personas resilientes”

Aprende a regalar tu ausencia a quien no valora tu presencia

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No solemos valorar lo que tenemos. De hecho, solemos desaprovechar y posponer las oportunidades que tenemos de relacionarnos con nuestros seres queridos como si la ausencia que vendrá más tarde no nos importara.

Esta dejadez a veces se complica cuando personas que en principio deberían apreciarnos, nos desprecian. Las situaciones de este tipo son muy dolorosas y es por eso que debemos dejar de taparnos los ojos y comenzar a remediar esta situación.

Esto, en ocasiones, pasa de castaño a oscuro y la mejor actitud que podemos tomar es la de protegernos de este tipo de relaciones que acaban deteriorando y mermando nuestra autoestima y nuestra salud emocional.

No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes

La frase que encabeza este apartado no es solo una frase hecha, sino una realidad. Tenemos esa mala costumbre de no valorar el momento presente y de apreciar lo que lo que no tenemos o lo que ya hemos perdido.

Cuando sufrimos porque alguien nos ignora no nos percatamos de que eso no es reflejo de nuestra valía personal y que lo más probable es que esta persona no lo haga porque está acostumbrada a tenernos a su vera.

A veces, de hecho, las parejas rompen estos círculos viciosos separándose y rompiendo su relación pero el tiempo les hace sentir que se echan de menos. Sigue leyendo “Aprende a regalar tu ausencia a quien no valora tu presencia”

Lo que aprendí de la soledad…

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¿Por qué vivimos con miedo a la soledad? Suele vérsele como algo negativo, algo que nadie quisiera en su vida. No hablo de una soledad total, porque entonces sí que sería un terrible problema… hablo de aquella en la que te das un espacio a ti mismo, para mejorar, para crecer, para saber lo que te apasiona, para explotar tus virtudes y trabajar en tus defectos.

Esa soledad en que no necesitas que alguien ‘’te haga feliz’’ pues esa felicidad sólo puedes encontrarla en ti y entonces la compartes con alguien más. Esa soledad en que descubres que no eres la media naranja de nadie, tú ya estas completo.

Estar en soledad es una decisión, ya que como muchos, podría andar por ahí buscando quien me haga sentir en compañía, aun cuando esto podría terminar en una sensación antónima.

Las personas a las que les aterra estar solas son aquellas que andan dejándose llevar por el mundo, rompiendo corazones o lamentándose porque siempre rompen el suyo. Las ves buscando atención o rematando su amor. Se van a extremos: o son de aquellos que buscan llenarse con piel y al ver que esto no funciona se marchan, dejando un hueco en la vida de quienes sí los estaban amando; o la viven regateando amor y regalándose a la primera persona que pinte como candidato a quedarse ‘’para siempre’’ provocando que ellos se alejen y sintiéndose entonces peor que antes.

Se necesita un real grado de madurez en este ámbito para comprender que la soledad no es la enemiga que nadie quiere cerca, sino que es el arma más poderosa para conocerme a mí misma, y entonces sí, no sentir un verdadero vacío en la mente y el alma.

La soledad es una maestra de la vida, ya que te enseña mucho más de lo que podría enseñarte el estar acompañado de alguien que exiges que te llene, cuando eres un saco con agujero.

La soledad me ha enseñado a valorarme a mí misma, a saber lo que merezco y lo que no me conviene en cada aspecto de mi vida. Me ha hecho fuerte e imponente en cuanto a mis ideas. Me ha hecho abrazarme mucho mejor que como cualquiera lo haría.

La soledad me permitió abrir los ojos al mundo, me permitió analizar aquellos errores que a cada momento volvía a cometer sin dudar y solo me estaban destrozando. Me permitió atrapar aprendizajes y archivarlos en mi mente. Me permitió sanar heridas pasadas que nadie pudo ni podría sanar, solo yo misma.

La soledad me brindó tiempo para aprender cosas nuevas, para pensar más antes de actuar, para invertir mi tiempo en cosas a mi beneficio. Para consentirme con un buen libro o viendo una película que hace tiempo quería ver pero con quienes estaba no deseaban verla.

La soledad limpió mi espejo, en el cual veía cientos de defectos, para mostrarme una cálida sonrisa en el rostro de quien estaba en el reflejo. Que allá fuera no hay personas mejores o peores que yo, pero al mismo tiempo, soy a quien cualquiera desearía tener entre brazos.

La soledad me regaló tiempo de calidad conmigo misma y así mismo, me regaló la habilidad de querer bien a aquellos que me quieren también. Me hizo independiente emocionalmente y me hizo madura. Me regaló la fuerza que en algún momento me hizo falta. Me hizo perseverante y decidida. Sigue leyendo “Lo que aprendí de la soledad…”