Vive tu sueño y no sueñes tu vida

vive tu sueño y no sueñes tu vida

“Soñar, imaginar, crear, cumplir tus expectativas e intentar superarlas. Esa es la auténtica diferencia entre vivir todos los días de tu vida o simplemente limitarte a existir y dejar que pasen las horas. Así pues, la regla de tres es sencilla: huye de la rutina, reinventa lo establecido, ponte a prueba y supérate a ti misma. Esa es la auténtica razón de ser y el verdadero mensaje de este libro…”

(opinión de los lectores)

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Sobre los autores:

Raül Córdoba                 Raúl Romero

raul cordoba

raul romero vive tu sueño

Tu niño interior te grita que vuelvas a acercarte a él

obedezco al silencio

“Nacemos originales. Morimos copias” -Carl Gustave Jung-

Cuando a una persona le cuesta recordar cómo fue en su infancia y qué quería ser de mayor, inevitablemente ese niño que fue está olvidado y mermado, y por tanto su personalidad adulta está de alguna forma un tanto sometida. No sabe cómo amar, a qué mirar y ha dejado de encontrar la gracia en sí mismo.

De tanto diferenciarse para calmarse, de tanto mezclarse con lo que los demás esperan de él, el niño se ha quedado huérfano. Y esto no hace más que complicarle la vida al adulto y ser una copia falsa sin saber muy bien de quién.

La amargura es lo único que ha cristalizado de esta lucha entre tu esencia y el mundo. Pudo ser un bello encuentro, pero buscando el éxito olvidaste que eso solo ocurre a los que realmente son fieles a sí mismos. Ya sea en una cabaña de cartones o en un gran palacete. La tristeza no tiene márgenes ni moldes, traspasa cualquier material por mucho que la disfraces.

Es el momento de parar y escuchar; tu niño interior te grita que vuelvas a acercarte a él.

Yo Padre, Yo Adulto y Yo niño

Eric Berne propuso en su teoría del análisis transaccional que las personas interactúan entre sí mediante transacciones psicológicas, con sus estados del yo: Padre, Adulto y Niño.
Aprendiendo a utilizar el padre para dar cuidados, el adulto para individualizarse y el niño para buscar y recibir cuidados y cariño. Es decir, si la transacción del niño desaparece….¿Cómo puede una persona individualizarse y dar cuidados si ha olvidado de demandar el suyo propio?

Y es que creemos que la vida nos va definiendo y las experiencias nos cambian, pero realmente cabría plantearse si la prueba psicológica que cada uno de nosotros tenemos que pasar es vivir todas esas alegrías y amarguras, sintiendo que nuestro niño interior nos mira y nos reconoce.

Pero la mayoría de la gente ha encontrado más interesante desconectarse de sí mismo y amoldarse a lo que cree que puede resultarle más útil y menos doloroso para vivir. Ha dejado de ser niño y ha pasado a ser copia. Continue reading “Tu niño interior te grita que vuelvas a acercarte a él”

Un brindis por ese amigo que el viento se llevó y nunca más se supo

viento se llevo

El luto no es sólo para los ex. También tiene nombre de amigo. De esos que tantas horas de desvelos y run run nos han ‘regalado’ con su repentina ausencia. Así que puestos a divagar y buscar explicaciones, hagámoslo con algún grado de descaro y despreocupación de más en el cuerpo. Alcemos nuestras copas, bien alto y bien llenas, y brindemos por ellas, sí por ellas, por esas amistades que fueron y ya no son, que no están ni se las espera.

Brindemos por ese amigo que encontró pareja y desapareció. Por la amiga que prefirió una partida al Candy Crush en el metro a responderte a tus WhatsApps para quedar. Por el que empezó dándote largas y acabó girando la cara al verte por la calle. Por la que un día se enfadó y no te explicó el porqué. Por el que te eliminó de Facebook, te hizo un unfollow en Twitter y te bloqueó en Instagram. Por la de la bronca monumental que, al menos, dejó grandes momentos para el recuerdo. Y, por supuesto, por todos aquellos que no hicieron suya la bandera de que “el que no llama es porque no quiere” y se hicieron fuertes tras el escudo del “voy fatal de tiempo”.

Tiempo es lo que perdimos nosotros persiguiéndolos, tratando de entender en qué momento alcanzamos ese punto de no retorno y echándolos de menos. Y es que, queridos, el síndrome de Estocolomo amiguil existe. Es normal. No se borran de un plumazo los buenos ratos compartidos.

Ay, amigo, sólo sabe lo que unen la suciedad y la mugre compartida en los campamentos de verano el que lo ha vivido. Lo mismo que los viajes de ‘sólo chicos’ o ‘sólo chicas’ a la playa, las noches de farra etílica, las risas susurradas en las clases de universidad, las horas de conversación telefónica, los cafés a media tarde cuando buscabais un hueco como fuera para contaros en persona la última y definitiva chorrada… Y así, un suma y sigue que ahora pesa y te lleva aensalzar e idealizar unas situaciones y cualidades que, seguramente, no son tan maravillosas como las recuerdas.

Por eso, chupito (sí, a veces es necesario subir la graduación alcohólica para soltar lastre) por cada desplante que te tocó vivir. Por las caras de asco que tuviste que aguantar. Por los mensajes sin contestar. Por los planes en los que no fuiste incluido. Por las medias mentiras o las verdades calladas. Y, especialmente, por la toxicidad en la que permitisteis que se instalara vuestra relación.

Aunque, ojo. Al César, lo que es del César. No acabaremos nuestra diatriba espirituosa sin darles las gracias. Gracias por lo que compartimos y por lo que aprendimos. Porque nos enseñaron a que, en ocasiones, echar el resto no es garantía de éxito. Entendimos que a veces es mejor una retirada a tiempo. Descubrimos la importancia de tener criterio para saber por qué causas perdidas merece la pena luchar. Y llegamos a la conclusión de que con los amigos, igual que con cualquier ex, también se pasa página. Ahora, después de tanto tiempo y tanto brindis, somos capaces de cambiar ese “algo se muere en el alma cuando un amigo se va”, por centrarnos en disfrutar de aquellas personas que están ahora, porque no sabemos cuánto se quedarán.

María Sanz

Vive tu sueño y no sueñes tu vida  ¡1ª edición casi agotada!

vive tu sueño beach

“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba encontrarme con palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)

No me digas que no tienes tiempo, dime que tus prioridades son otras

pasar tiempo contigo1

Aprendí que quien no te busca no te extraña y quien no te extraña, no te quiere. Que la vida decide quién entra en tu vida, pero tú decides quien se queda. Que la verdad duele una sola vez y la mentira duele para siempre. Por eso valora a quien te valora, y no trates como prioridad a quien te trata como una opción. -Anónimo-

Si alguien quiere, tendrá tiempo. Si no tiene tiempo es porque no quiere o porque tiene otras prioridades que le interesan más. Así, no dejes que te mientan y tampoco te engañes. De hecho,siempre habrá un hueco reservado para una persona a quien se tiene ganas de ver, con quien se tiene intención de hablar o de quien preocuparse: es la base del cariño y del amor.

Conforme vamos creciendo la vida nos va poniendo más complicada la tarea de conseguir esos huecos para los demás o incluso para aquellas actividades que tanto nos gustan, principalmente porque nos invaden otras ocupaciones que nos roban casi la totalidad del tiempo libre del que disponemos. Sin embargo, no es verdad que no lo tengamos: dicen que “querer es poder” y, en el caso de las relaciones personales, resulta una premisa muy importante.

La atención no se ruega

Es una consecuencia natural del paso de los años que tengamos que ir aprendiendo a organizar los espacios libres que otras cosas como el trabajo, los niños o los estudios nos permiten; razón por la cual hay quien afirma que la vida es un cúmulo de prioridades y segundas opciones.

Cuando clasificamos mentalmente nuestras relaciones en prioridades u opciones lo que hacemos realmente es movernos en función del valor que le damos a unas u otras personas. Por lo tanto, abre los ojos todo lo que puedas y, si te das cuenta de que no te dan el valor que te mereces, no lo ruegues: mendigar atención es algo que sí que no se merece nadie.

Si te encuentras en esa situación en la que sientes que das el 100 por 100 de ti misma por algo que debe ser recíproco y no lo es, quizá es el momento de ver que detrás de la falta de tiempo hay excusas y poco interés. Suele ser doloroso y decepcionante, pero es más saludable a la larga solucionar ese desequilibrio que seguir manteniéndolo: al fin y al cabo la unión de dos personas es un contrato, en el cual dar es gratificante pero recibir también es necesario.

¿Cómo sé si me trata como una prioridad?

Existen algunos comportamientos claves que nos ayudan a darnos cuenta de cuando no quieren compartir aunque sea una pequeña porción de tiempo con nosotros. La motivación de muchos de ellos se basa en que te vean como una posibilidad y no como una certeza. Piensa que te mereces ser un plan prioritario y no una opción segura cuando los planes iniciales fallen.

Por ejemplo, a todos nos ha pasado tener a un amigo, una pareja o un familiar al que incluiríamos sin dudarlo dentro de nuestras prioridades pero que, en un momento dado, ha comenzado a darnos un poco de lado. Puede que algo haya pasado y lo mejor es hablarlo, pero también puede que ya lo hayas hecho y la falta de interés por mantener el contacto o conservar la relación empeore progresivamente: recuerda que quererse no tiene calendario.
La libertad es saber elegir
Cuando alguien nos toma como una opción secundaria, como el plan B que a nadie le gusta ser, lo que está haciendo es elegir libremente qué compartir de sí mismo y con quién hacerlo y resulta que esa elección nos ha colocado en un segundo plano.

Aunque te duela, no se puede obligar a los demás a que te respondan como te gustaría, al igual que tampoco puedes sacrificar tu dignidad y tu amor propio a costa del egoísmo de esa persona. El afecto desigual solo te conducirá a una realidad falsa llena de esperanza por un futuro que es improbable que alguna vez llegue a ser presente.
Esa libertad de elección tú también la tienes. Elige bien a quién quieres en tu vida y, cuando lo hagas, es probable que sea el momento de pensar quién te ha elegido en la suya: valora a
quien te demuestre que quiere estar a tu lado.

Se trata de cultivar relaciones honestas que permitan mantener una autoestima equilibrada y nos dejen retroalimentarnos de las pequeñas cosas de los dos. No es algo fácil, pero los retos con las mejores recompensas nunca lo fueron.

Cristina Medina Gómez

Vive tu sueño y no sueñes tu vida  ¡1ª edición casi agotada!

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“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba encontrarme con palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)

Soy soltera y me río en la cara de quien crea que no soy feliz

soy soltera

Cuando estás rozando la treintena y sigues soltera, las reuniones familiares generan cierto pavor. Porque sabes con una certeza absoluta que te van a llover las preguntas de rigor (“¿y sigues soltera?”, “¿y para cuándo un novio?”), por lo general apostilladas por tres de las oraciones más terroríficas del idioma español“¡que se te va a pasar el arroz!”, “te vas a quedar para vestir santos” o “aprovecha ahora que todo se cae”.

Porque nuestra sociedad habrá avanzado, pero cuando se trata de relaciones personales y, sobre todo, de mujeres solteras, en toda familia alguien cumple el papel de gañán medieval. Ese papel puede repartirse o puede turnarse, pero no puede faltar en la sobremesa. Porque sigue resultando “raro” que una mujer de treinta años no tenga pareja. Porque una mujer de treinta años debería tener una vida estable (signifique eso lo que signifique) y debería haber sentado la cabeza. Y parece que las cabezas sólo pueden sentarse en el hombro de alguien que reciba el nombre de novio.

A mí me resulta muy difícil explicar, porque por lo visto es algo muy raro, que no sólo no tengo pareja sino que, hoy por hoy, tampoco tengo demasiado interés en tenerla. Que no es que no quiera, que no es que no tenga opciones de vez en cuando, sino que por el momento no he encontrado a nadie que me entusiasme lo suficiente como para alterar mi forma de vida.

No sé cómo decirles, porque a lo mejor parece, qué sé yo, soberbio, que me encanta mi vida. Que me gusta mi trabajo, que me gusta mi día a día, y que nunca me falta contacto humano cuando lo necesito. Que tengo amigos que me adoran y a los que adoro. Que he tenido pareja y que sí, que he vivido cosas preciosas, pero que no tengo en ningún momento la sensación de que me falte algo por no tener alguien en casa cuando abro la puerta. Que no me falta alguien a quien llamar para contar mi día. Que nunca he echado en falta un abrazo.

Que me valgo. Que durante muchos años enlacé una relación con otra y jamás me permití estar sola porque a mí también me habían programado para pensar que la pareja es algo fundamental para alcanzar la felicidad. Que creía eso con tanta firmeza que estuve en relaciones realmente terroríficas y que aguanté muchas cosas que no debería haber aguantado porque había aprendido que el amor prevalece, que el amor lo puede todo, que el amor nos hará libres. A mí, en varias ocasiones, el amor me volvió presa.

Que he necesitado estar soltera para aprender a ser libre. Y que, gracias a mi soltería, la próxima vez que ame, podré hacerlo mejor. Porque, gracias a mi soltería, he aprendido a estar sola y a estar completa y a aceptarme con mis pequeñas y grandes miserias y, por eso, podré querer las miserias del otro.

Y, lo más importante de todo, me encantaría decirles que he aprendido que si no hay próxima vez, seré feliz igual. Que no supone un fracaso. Que no me asusta. No me asusta estar sola. Me siento querida a diario. Me encanta mi vida tal y como es.

Lítera

Vive tu sueño y no sueñes tu vida  ¡1ª edición casi agotada!

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“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba encontrarme con palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)

Somos la generación que no quiere relaciones

generación no relaciones1

Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram los domingos por la mañana, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a “me gusta” y poner un comentario, queremos una publicación digna del hashtag #parejaperfecta. Queremos tener a alguien con quien ir de brunch los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee buenos días los miércoles. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones.

Buceamos por Tinder en un intento de encontrar a la persona adecuada. Como si tratáramos de hacer un pedido a domicilio de nuestra alma gemela. Leemos artículos como Cinco maneras de saber que le gustas o Siete formas de gustarle, con la esperanza de ser capaces de moldear a una persona para tener una relación con ella, como si de un proyecto de artesanía que hemos visto en Pinterest se tratase. Invertimos más tiempo en nuestros perfiles de Tinder que en nuestra personalidad. Y aun así no queremos tener una relación.

Hablamos y escribimos mensajes de texto, mandamos fotos o vídeos por Snapchat y tenemos conversaciones subidas de tono. Salimos y aprovechamos la happy hour, vamos a tomar un café o a beber cerveza; cualquier cosa con tal de evitar tener una cita de verdad. Nos mandamos mensajes para quedar y mantener una charla insustancial de una hora solo para volver a casa y seguir manteniendo una charla insustancial mediante mensajes de texto. Al jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador, renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría el que acabará solo.

Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar. Continue reading “Somos la generación que no quiere relaciones”

La diferencia entre querer y amar explicada por El Principito

el principito

Querer y amar son ambos sentimientos maravillosos pero, sin duda, distintos. Todos (o casi todos), tenemos un propósito firme e intangible en nuestra vida: amar a alguien con todas nuestras fuerzas.

Pensamos en esto y lo deseamos fervientemente por el simple hecho de que pensamos que la consecución de estos objetivos nos encamina a la felicidad. No nos equivocamos al pensar que el apego saludable es indispensable para recorrer nuestro mundo.

Sin embargo, por diversas razones, acabamos confundiendo el querer con el amar y viceversa. Como consecuencia de esta confusión llenamos nuestra mochila emocional de falsos “te quiero” y de “te amo” vacíos.

La sabiduría emocional que encierran los diálogos en el Principito

Saint-Exupèry nos brinda un magnífico pasaje en El Principito que podemos traer a colación aquí con el objetivo de aportar luz sobre esta poderosa realidad emocional que nos afecta a casi todos en un momento u otro de nuestra vida.

—Te amo —le dijo el Principito.
—Yo también te quiero —respondió la rosa.
—Pero no es lo mismo —respondió él, y luego continuó— Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo. Continue reading “La diferencia entre querer y amar explicada por El Principito”

Equivocarse es un defecto común, pedir perdón una virtud de pocos

perdon

Equivocarse es humano, además de una oportunidad excepcional para crecer en humildad y darnos cuenta de que la vida es casi un ensayo continuo del que aprender. Ahora bien, también es de sabios el acompañar cada fallo, cada descuido y ofensa con un “perdóname”. Una virtud de unos “pocos” que “muchos” deberían poner en práctica.

Ese mecanismo interno de autoevaluación mediante el cual darnos cuenta de que no hemos hecho lo correcto, está dominado muchas veces por un conocido inquilino llamado “ego”. De hecho, no hay peor carcoma que la de quien lejos de empatizar con la persona herida, se centra únicamente en la sutil pero feroz necesidad de proteger dicha dimensión.

Si lo pensamos bien nos daremos cuenta de que usamos la palabra “perdón” casi a diario. Cuando tropezamos con alguien, cuando nos adelantamos en nuestras conversaciones y quitamos la palabra a un amigo. Sin embargo, son muy pocos quienes tras equivocarse en un ámbito más delicado y profundo de sus vidas, son capaces de dar el paso y desnudar su corazón con un “lo siento, no lo he hecho bien. Te pido perdón”

¿Por qué no suele costar tanto? Te invitamos a reflexionar sobre ello.

EQUIVOCARSE, UN FACTOR HUMANO

Todos nosotros somos maravillosamente falibles. Lejos de valorar el equívoco como algo negativo es necesario valorar el error en toda su trascendencia y detalle para ser capaces de inferir un aprendizaje. Porque el error no es más que una invitación directa a mejorar.
Ahora bien, también sabemos que hay errores y errores. Hay veces en que las equivocaciones, como dijo James Joyce una vez, no son más que portales hacia el descubrimiento. La propia ciencia está llena de esas increíbles “serendipias” donde famosos científicos dieron con un hallazgo novedoso después de un error de lo más oportuno.

Este factor humano adquiere su reverso más complejo cuando equivocarse es sinónimo de ofensa, de agravio o humillación personal a segundas personas. Estas situaciones se intensifican más aún cuando, lejos de existir un reconocimiento expreso de la ofensa, la persona reincide en el mismo hecho. Tal vez por orgullo o por una profunda inmadurez emocional. Continue reading “Equivocarse es un defecto común, pedir perdón una virtud de pocos”