Categoría: Sociedad

Lo único que queremos todas es ser amadas

Desde un perro en una jaula.
Hasta una chica que separa el jersey de su barriga cada dos segundos para que no se marque.
Esa es la puta mierda que hacemos al resto.
Hacer que se detesten para que quieran cambiar.
Porque no vale con estar, no.
No vale con levantarse todas las mañanas y leer la herida del mundo, no.
No es suficiente con lidiar con la familia, con las instituciones, con el trabajo, no.
Encima tenemos que sentirnos a disgusto con nuestro físico.
Algunas tenemos que perder para que otros ganen.
No te corrijas.
No hay nada que corregir.
Hazte un favor.
Búscate alguien lindo, alguien bonita.
Que se excite con la vida bajo la piel.
Alguien que te muerda bien el milagro.
Que vea en ti un lugar que no quiere modificar.
Que admire cada historia.
Cada hueco, cicatriz y poro.
Que quiera llegar lo más hondo posible.
Porque nunca llegaremos a conocernos.
Pero nos podemos acompañar con afecto.
No permitas nunca que te hablen mal de tu lugar en el mundo.
Porque, joder, solo lo vas a pisar por una vez.
Elige alguien que llene de existencias tu cuerpo.
Para que la próxima vez que un anuncio te diga que tienes el culo gordo.
Digas: A mí ya no me engañas. Que te jodan. ¿Te imaginas un ejército de personas contentas con lo que tienen?
Sé una chica valiente. Seguir leyendo “Lo único que queremos todas es ser amadas”

¿Y si enseñamos a las niñas a ser valientes, en vez de ser perfectas?

En la década de 1970 una psicóloga de la Universidad de Columbia realizó una serie de experimentos con niñas y niños que arrojaron resultados inesperados. Esta psicóloga trabajó con estudiantes de quinto grado para ver cómo lidiaban con un material nuevo y complicado.

Entonces se dio cuenta de que las niñas eran más propensas a abandonar la tarea, y lo hacían, como media, antes que los niños. Curiosamente, mientras más brillantes eran las niñas y más alto era su cociente intelectual, más rápido tiraban la toalla. Esas niñas mostraban una conducta de indefensión aprendida.

Los niños brillantes se comportaron de manera diferente. Asumieron aquella actividad como un reto intelectual que les llenó de energía y les motivó a redoblar sus esfuerzos.

¿Qué sucedió? ¿Por qué las niñas se muestran más vulnerables y menos confiadas que los niños de su misma edad?

En realidad, en quinto grado la mayoría de las niñas aventajan a los niños en todas las materias, incluyendo Matemáticas. Por tanto, la diferencia en sus comportamientos no tiene que ver con la falta de habilidad o los conocimientos adquiridos sino más bien con la forma de enfrentar los retos.

Mientras que los niños asumían que no lograban solucionar los problemas porque estos eran más complicados, las niñas comenzaban a dudar rápidamente de sus habilidades, perdían la confianza y abandonaban la tarea. Estas niñas también solían pensar que las habilidades eran inmutables, mientras que los niños asumían que se podían desarrollar a través del esfuerzo.

Lo peor de todo es que estas creencias y formas de comportarse se mantienen en la adultez. De hecho, se ha apreciado que los hombres se presentan a un empleo aunque sólo cuenten con el 60% de las habilidades demandadas. Al contrario, las mujeres sólo se atreven a presentarse para el puesto si tienen el 100% de la cualificación. Seguir leyendo “¿Y si enseñamos a las niñas a ser valientes, en vez de ser perfectas?”

La diferencia entre ser culto y ser inteligente

“Ser culto” y “ser inteligente” se consideran estados distintos del intelecto. Uno se refiere a la “cultura” que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse.

Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.

La inteligencia, por otro lado, se ha pensado y estudiado sobre todo como una cualidad inherente al hombre como especie. Nuestra inteligencia es resultado de la evolución y, por lo mismo, todos los individuos la tienen. Desde un punto de vista científico, la inteligencia explica que seamos capaces de leer o ver una película, pero también sumar o restar cantidades, y que podamos manejar un automóvil o atrapar una pelota.

Curiosamente, por razones que no son del todo claras pero quizá se expliquen por el clasismo de ciertas sociedades, en ciertas circunstancias la cultura y la inteligencia pueden aparecer enfrentadas. Dado que la cultura se convirtió en un bien asociado a las clases privilegiadas —la nobleza o la burguesía, por ejemplo—, también se ha utilizado como una suerte de discriminador, una forma de distinguir entre una persona que tuvo acceso a dicha cultura —a ciertos libros, ciertas escuelas, ciertos viajes— y otra que no. Cuando la cultura se usa de esa manera, es previsible que se convierta en una categoría deleznable. Seguir leyendo “La diferencia entre ser culto y ser inteligente”

Los invisibles

Me gusta el subte porque es como el cumpleaños de quince de una prima lejana al que todos se ven obligados a ir aunque nadie tenga ganas. En él converge la mezcla más exótica de seres humanos, una suerte de feria llena de colores y ruido y voces estridentes y alguna que otra imagen triste.

Los pibes se metieron al vagón a los gritos. Eran tres y ninguno tenía más de ocho años. Eran flaquitos y chabacanos, maleducados sin maldad, medio pillos pero compañeros. Uno solo tenía zapatillas, el más chiquito. Y cuando digo chiquito no hablo de la cantidad de años sino de la cantidad de costillas que le conté sobre la piel desnuda. El más chiquito tenía las zapatillas y también tenía las tarjetitas. Las fue repartiendo mientras hablaba a los gritos y el otro le respondía a los gritos y un tercero le gritaba a la gente que les tiraran una moneda, que Dios los bendiga. Una señora se tapó los oídos.

Recién cuando pasaron en retirada escuché hablar al pibe que tenía sentado enfrente. Él también habrá tenido unos ocho años.

—Mamá, ¿por qué gritan los nenes? —preguntó, sin sacarles los ojos de encima. Eran ojos de asombro. ¡Qué libres eran los nenes que podían jugar en el subte!, habrá pensado.

—Porque son negros —dijo la madre y sentí como si de repente me hubieran apretado el pecho. Pensé que había escuchado mal y presté atención. No sé por qué tuve miedo.— Y cuando sean grandes, van a ser ladrones. Vos tenés que tener mucho cuidado con esos chicos, ¿sabés?

La cara del nene cambió como cambia la luz de la tarde cuando es verano y son las ocho menos diez y hay sol y de repente son las ocho y todo se ha puesto oscuro. Sus ojos se apagaron y los ratoncitos de curiosidad que espiaban desde las pupilas se atacaron entre ellos. Sus cejas se torcieron hacia adelante y sus labios se convirtieron en una línea recta y severa. Creo que hasta se le cayó un poco de magia de los bolsillos.

—¿Sabés? —repitió la madre.

—Sí, mamá.

No entiendo muy bien lo que me ocurrió a mí. Se me aceleró el corazón y mi garganta se puso rígida y quería salir del tren aunque estuviera en movimiento. Quise ser yo el que gritara ahora, pero me pareció más virtuoso el silencio de quien sabe que nunca se humilla a alguien delante de sus hijos.

Tenías la oportunidad de sembrar una semilla de amor y preferiste perpetuar el odio. Elegiste enseñar a tener miedo. Podría haberte perdonado la falsa misericordia de quien observa y murmura ‘pobrecitos’ pero masticaste tanta bronca que ya no sabés hacer ni eso. Ay, nene, ojalá alguien te explique que tu vieja ese día estaba enojada y que los pibes de la calle no se juntan para jugar, sino porque tienen miedo. Los pibes de la calle no gritan porque son negros, gritan porque son invisibles.

Juan Solá

vive tu sueño beachVive tu sueño y no sueñes tu vida ¡3ª edición!
“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba  palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)
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Lo que tú esperas

-Te vienes conmigo al centro de menores
-¡¡Y una polla!! Yo ahí no vuelvo ni loco, antes me rajo las venas aquí
-Tú decides, o por las buenas o por las malas, ahora mismo le digo al policía que te ponga las esposas y te llevamos esposado

El Perita sabe que si le ponen las esposas hay menos probabilidad de escaparse. Así que inteligentemente decide colaborar.
El policía le abre la celda. Sube escoltado por dos policías y la educadora. Va a conseguir salir a la calle por unos segundos, el espacio entre salir de la GRUME (Comisaría de menores de la policía nacional) y entrar en el coche patrulla será su oportunidad.

El policía abre la puerta del coche, y de repente, sin previo aviso, el Perita echa a correr como un loco, corre corre como si la vida le fuese en ello, como si detrás de él no le siguiesen dos policías, sino dos leones que le fuesen a devorar. La gente por la calle se queda atónita, una persecución como en las películas. Busca un lugar aglomerado de gente, corre corre hasta un centro comercial, se esconde entre la gente. Listo como el hambre, les da esquinazo. Consigue llamar a su abuela. Y la abuela me llama inmediatamente a mí.

– ¡¡Se ha fugado!! ¡¡Se ha fugado!! Otra vez, por favor Julio ves a buscarle, está en tal sitio…

Voy en moto volando como loco al lugar. Al encontrarle le abrazo. Le pongo el casco rápido para que no le reconozcan, y rápidos como el viento atravesamos la ciudad en la moto.

Se queda en mi casa, escondido una temporada.
El Perita roba, en mi casa no lo hace.
El Perita lleva años comiendo con cuchillos de plástico, en mi casa lo hace con cuchillos afilados y puntiagudos.
El Perita es violento con sus educadores. Conmigo, Nidia, mi madre, mis amigos… es afectuoso.
El Perita no colabora, en mi casa recoge la mesa, friega los platos, hace la cama…
El Perita se fuga de todos los centros, en mi casa le encanta estar y volver.

¡¡Como una auténtica paradoja!!

Que cuanto más altas son las vallas más es el deseo de escapar y cuanto más abiertas las puertas más es el deseo de volver.
Cuanto más es la vigilancia más roba y cuanto más la confianza menos roba.
Cuanto más se le interroga más miente y cuanto menos se le interroga más dice la verdad.
Cuanto más miedo se le tiene más peligrosa es la situación, y cuanto menos miedo se le tiene más segura se vuelve la situación.

Y cuanto más policía es uno más delincuente es él, porque él es simplemente un reflejo de lo que tú esperas de él.

Si le pones vallas es porque esperas que se escape.
Si le vigilas es porque esperas que te robe.
Si le interrogas es porque esperas que te mienta.
Si le temes es porque esperas que te agreda.

Él es lo que tú esperas.

Julio Rubio Gómez

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El cerebro necesita emocionarse para aprender

Los nuevos experimentos en la enseñanza vislumbran el fin de las clases magistrales. Una de las tendencias es la neurodidáctica

En el año 2010 un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Techonolgy (MIT), en Boston, colocaron a un universitario de 19 años un sensor electrodérmico en la muñeca para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días. El experimento arrojó un resultado inesperado: la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión; prácticamente nula. Los científicos pudieron probar así que el modelo pedagógico basado en un alumno como receptor pasivo no funciona.

“El cerebro necesita emocionarse para aprender”, explica José Ramón Gamo, neuropsicólogo infantil y director del Máster en Neurodidáctica de la Universidad Rey Juan Carlos. En el último lustro, en España han aparecido diferentes corrientes que quieren transformar el modelo educativo y una de ellas es la neurodidáctica. No es una metodología, sino un conjunto de conocimientos que está aportando la investigación científica en el campo de la neurociencia y su relación con los procesos de aprendizaje. “Antes solo se podía observar el comportamiento de los alumnos, pero ahora gracias a las máquinas de neuroimagen podemos ver la actividad cerebral mientras realizan tareas”, añade Gamo. Esa información sirve a los profesores y pedagogos para decidir qué métodos son los más eficaces.

Gamo, que estudia las dificultades de aprendizaje de personas con dislexia o TDAH desde hace más de 20 años, observó que en la mayoría de los casos esos problemas no estaban relacionados con esos síndromes, sino con la metodología escolar. Él y su equipo identificaron que el 50% del tiempo de las clases de primaria en España se basan en transmitir información a los estudiantes de forma verbal, algo que en secundaria sucede el 60% del tiempo y en bachillerato casi el 80%. “Indagamos sobre lo que estaba sucediendo en las aulas y queríamos saber qué decía la ciencia al respecto, si ese método estaba justificado”.

Basándose en diferentes investigaciones científicas y en las suyas propias, concluyeron que para la adquisición de información novedosa el cerebro tiende a procesar los datos desde el hemisferio derecho -más relacionado con la intuición, la creatividad y las imágenes-. “En esos casos el procesamiento lingüístico no es el protagonista, lo que quiere decir que la charla no funciona. Los gestos faciales, corporales y el contexto desempeñan un papel muy importante. Otra muestra de la ineficacia de la clase magistral”, explica Gamo.

Por ello, la neurodidáctica propone un cambio en la metodología de enseñanza para sustituir las clases magistrales por soportes visuales como mapas conceptuales o vídeos con diferentes apoyos informativos como gráficos interactivos que requieran la participación del alumno. Otra de las apuestas es el trabajo colaborativo. “El cerebro es un órgano social que aprende haciendo cosas con otras personas”, añade.

En los últimos cinco años, Gamo ha formado en neurodidáctica a docentes de una treintena de colegios públicos en diferentes comunidades autónomas. El principal problema, en su opinión, es que las escuelas no están tomando la decisión sobre hacia dónde quieren innovar, a lo que se suma que nadie les acompaña en la implementación de las nuevas metodologías. “La direcciones de los centros están enrocadas en los métodos tradicionales basados en clases magistrales, memorización y exámenes escritos”.

En ese escenario conviven cientos de profesores y entre ellos hay quienes no se conforman con lo establecido. Chema Lázaro, de 34 años, da clase a alumnos de sexto de primaria en un colegio concertado de Moralzarzal y desde hace dos años y medio aplica la neurodidáctica en el aula. “Mis alumnos siempre me decían que yo molaba mucho, pero que mis clases eran una porquería”, cuenta. Empezó a investigar sobre metodologías alternativas y creó el blog Pizarras abiertas, que en 2013 le valió el premio nacional sobre las TIC en el aula del Ministerio de Educación. Lázaro buscaba una base científica que apoyase su apuesta: hacer que sus estudiantes aprendiesen para toda la vida sin memorizar.

“Mi método respeta el proceso por el que el cerebro aprende: primero va la motivación, luego la atención y por último la memoria. En ese orden”. Para explicar el antiguo Egipto intenta captar el vínculo emocional de los chavales. A través de su canal de Youtube les plantea jeroglíficos en vídeos con formato de tráiler cinematográfico. “Con ese material se motivan y así tengo alumnos atentos”, continúa. Utiliza la gamificación y las capitales se aprenden ganando puntos en la plataforma Kahoot. Para ver las pirámides, vista desde un dron oGoogle Earth.

Una de las plataformas de educación online basada en la neurodidáctica esNeurok. El director de la compañía, Agustín Cuenca, empezó a explorar el mundo educativo hace 10 años, cuando a su hijo de cinco años le diagnosticaron hiperactividad. “Partimos de que la formación online no funciona, solo un 10% de los que se apuntan a un MOOC -cursos online masivos y gratuitos- lo termina”. En una plataforma tradicional se encuentran contenidos, mientras que en Neurok hay debates.

Cuenca y un equipo de 10 pedagogos y profesores de universidad y primaria han aplicado los formatos de Twitter y Facebook a la educación. “Antes siempre sabías a quién pedir los apuntes. Ahora decides a quien seguir en esta red social en la que todos los alumnos comparten contenidos y debaten sobre diferentes temas. El profesor hace de guía y aporta criterio sobre qué contenidos son de calidad”, explica Cuenca. Lo más difícil de este modelo de aprendizaje, reconoce este informático, es la participación. El sistema cuenta con hashtags, menciones o notificaciones en el móvil, entre otros servicios. La idea de Neurok es ser utilizada como una plataforma de apoyo a las clases presenciales o directamente como el esqueleto de un curso online.

Eso es lo que sucede con el Máster en Neurodidáctica de la Rey Juan Carlos, un curso blended en el que el 80% del contenido se imparte en la red. Hasta ahora, también han usado Neurok en la UNED y en la Universidad de Extremadura, con la que están colaborando en una investigación para medir la calidad de los contenidos compartidos por los alumnos y su nivel de interacción en la plataforma.

“Todavía hay mucha gente que desconfía de estos métodos, pero en unos 15 años se empezarán a ver los resultados”, comenta Cuenca, que ya ha asesorado a más de 30 colegios públicos de diferentes comunidades autónomas a través de su consultora educativa Niuco. Para todos aquellos que busquen evidencias científicas de la neurodidáctica, el profesor de la Universidad de Barcelona Jesús Guillén recopila en su blog Escuela con cerebro las últimas investigaciones realizadas en diferentes partes del mundo.

Ana Torres Menárguez
Fuente: elpais

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Obedezco al silencio

silencio

Los juegos de los chiquillos alborotados,
son la música que me llega de las calles
iluminando los recuerdos donde refugiarme.

La respiración se agita,
los temores se funden en esperanzas e ilusiones,
se evade la congoja que me produce el futuro,
rompo los grilletes y obedezco al silencio.

Con los ojos húmedos y el pensamiento perdido
el día no parece acabar,
deseo tener poderes con los que romper el hechizo
que inunda el mundo de ricos y hambrientos,
de motivos por los que batallar.

Sopesando la verdadera realidad,
disimulo todo mi dolor,
golpeo el aire y obedezco al silencio.

Ninot

Vive tu sueño y no sueñes tu vida  ¡1ª edición casi agotada!

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“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba encontrarme con palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)