Categoría: Sociedad

La triste obligación de tener que ser feliz

            
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La filosofía del “be happy” frivoliza la felicidad, presionándonos para serlo y exigiendo que documentemos y compartamos nuestros momentos felices.

La persecución de la felicidad es tal vez el mayor cliché cultural que nos acecha: las imágenes de sonrisas desbordadas que deambulan en las redes sociales, los grandes hits musicales diseñados para celebrarla, los épicos finales felices de Hollywood, los libros de auto-ayuda, las sectas semi-místicas y los coloquios ‘superacionales’ orientados a ayudarte a alcanzar esta experiencia. En internet cada vez son más populares los instructivos, consejos o rutas para ser feliz. Sobrados son los ejemplos que tenemos de esta búsqueda masiva –por cierto aprovechada hábilmente por el mercado bajo la promesa de que, si consumes, alcanzaras dicho estado. Pero, ¿qué es la felicidad?, ¿existe?, y en caso afirmativo, ¿es algo que puede ‘conseguirse’? Continue reading “La triste obligación de tener que ser feliz”

Lo único que queremos todas es ser amadas

           

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Desde un perro en una jaula.
Hasta una chica que separa el jersey de su barriga cada dos segundos para que no se marque.
Esa es la puta mierda que hacemos al resto.
Hacer que se detesten para que quieran cambiar.
Porque no vale con estar, no.
No vale con levantarse todas las mañanas y leer la herida del mundo, no.
No es suficiente con lidiar con la familia, con las instituciones, con el trabajo, no. Continue reading “Lo único que queremos todas es ser amadas”

¿Y si enseñamos a las niñas a ser valientes, en vez de ser perfectas?

            

En la década de 1970 una psicóloga de la Universidad de Columbia realizó una serie de experimentos con niñas y niños que arrojaron resultados inesperados. Esta psicóloga trabajó con estudiantes de quinto grado para ver cómo lidiaban con un material nuevo y complicado. Continue reading “¿Y si enseñamos a las niñas a ser valientes, en vez de ser perfectas?”

La diferencia entre ser culto y ser inteligente

“Ser culto” y “ser inteligente” se consideran estados distintos del intelecto. Uno se refiere a la “cultura” que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse.

Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.

La inteligencia, por otro lado, se ha pensado y estudiado sobre todo como una cualidad inherente al hombre como especie. Nuestra inteligencia es resultado de la evolución y, por lo mismo, todos los individuos la tienen. Desde un punto de vista científico, la inteligencia explica que seamos capaces de leer o ver una película, pero también sumar o restar cantidades, y que podamos manejar un automóvil o atrapar una pelota.

Curiosamente, por razones que no son del todo claras pero quizá se expliquen por el clasismo de ciertas sociedades, en ciertas circunstancias la cultura y la inteligencia pueden aparecer enfrentadas. Dado que la cultura se convirtió en un bien asociado a las clases privilegiadas —la nobleza o la burguesía, por ejemplo—, también se ha utilizado como una suerte de discriminador, una forma de distinguir entre una persona que tuvo acceso a dicha cultura —a ciertos libros, ciertas escuelas, ciertos viajes— y otra que no. Cuando la cultura se usa de esa manera, es previsible que se convierta en una categoría deleznable. Continue reading “La diferencia entre ser culto y ser inteligente”

El cerebro necesita emocionarse para aprender

            
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Los nuevos experimentos en la enseñanza vislumbran el fin de las clases magistrales. Una de las tendencias es la neurodidáctica

En el año 2010 un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Techonolgy (MIT), en Boston, colocaron a un universitario de 19 años un sensor electrodérmico en la muñeca para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días. El experimento arrojó un resultado inesperado: la actividad cerebral del estudiante cuando atendía en una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión; prácticamente nula. Los científicos pudieron probar así que el modelo pedagógico basado en un alumno como receptor pasivo no funciona. Continue reading “El cerebro necesita emocionarse para aprender”