Etiqueta: bienestar

Cuando te sientas agobiada… recuerda el frasco de mayonesa y café

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Un profesor en su clase, sin decir palabra, cogió un frasco grande y vacío de mayonesa y lo llenó con pelotas de golf.

Luego preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos estuvieron de acuerdo en decir que sí.

De nuevo, sin decir nada, el profesor cogió una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que sí.

Luego…el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos, y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ‘sí’ unánime.

El profesor enseguida agregó dos tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo: Sigue leyendo “Cuando te sientas agobiada… recuerda el frasco de mayonesa y café”

Lo único que queremos todas es ser amadas

Desde un perro en una jaula.
Hasta una chica que separa el jersey de su barriga cada dos segundos para que no se marque.
Esa es la puta mierda que hacemos al resto.
Hacer que se detesten para que quieran cambiar.
Porque no vale con estar, no.
No vale con levantarse todas las mañanas y leer la herida del mundo, no.
No es suficiente con lidiar con la familia, con las instituciones, con el trabajo, no.
Encima tenemos que sentirnos a disgusto con nuestro físico.
Algunas tenemos que perder para que otros ganen.
No te corrijas.
No hay nada que corregir.
Hazte un favor.
Búscate alguien lindo, alguien bonita.
Que se excite con la vida bajo la piel.
Alguien que te muerda bien el milagro.
Que vea en ti un lugar que no quiere modificar.
Que admire cada historia.
Cada hueco, cicatriz y poro.
Que quiera llegar lo más hondo posible.
Porque nunca llegaremos a conocernos.
Pero nos podemos acompañar con afecto.
No permitas nunca que te hablen mal de tu lugar en el mundo.
Porque, joder, solo lo vas a pisar por una vez.
Elige alguien que llene de existencias tu cuerpo.
Para que la próxima vez que un anuncio te diga que tienes el culo gordo.
Digas: A mí ya no me engañas. Que te jodan. ¿Te imaginas un ejército de personas contentas con lo que tienen?
Sé una chica valiente. Sigue leyendo “Lo único que queremos todas es ser amadas”

15 rasgos de las personas “altamente sensibles”

Puede que seamos personas muy sensibles pero no lo hemos identificado nunca.Ciertos rasgos de personalidad son relativamente comunes; una de cada cinco personas los posee. Ser altamente sensible tiene numerosas características positivas. Aquí tenemos algunas de las cualidades que comparten las personas altamente sensibles.

1. Sienten con mayor intensidad.
Les gusta procesar las cosas a un nivel más profundo. Son muy intuitivos, y llegan hasta el fondo de las cosas para llegar a descubrirlo todo.

2. Son más reactivos emocionalmente.
La gente más sensible reacciona más frente a cualquier situación. Por ejemplo, mostrarán más empatía y preocupación por los problemas de un amigo. También suelen preocuparse más por la reacción de otra persona ante a un suceso negativo.

3. Probablemente estén acostumbrados a oír: “No te lo tomes de forma personal” o “¿Por qué eres tan sensible?”
Dependiendo de la cultura, la sensibilidad se puede considerar un valor añadido o, por el contrario, algo negativo. En Norteamérica, la gente se burla con frecuencia de los hombres altamente sensibles, mientras que en otros países como Tailandia e India, los hombres sensibles no suelen ser objeto de burla. Por lo tanto, tiene mucho que ver con la cultura; en algunas sociedades, que te digan ‘¡Qué sensible eres!’ puede ser algo bueno.

4. Tienden a evitar deportes en grupo.
La gente altamente sensible tiende a evitar los deportes de equipo, en los que parece que todo el mundo está observando tus movimientos. Las personas sensibles prefieren deportes individuales, como hacer bicicleta o senderismo y salir a correr. Sin embargo, esto no siempre se cumple; también hay gente altamente sensible que, gracias a la comprensión y al apoyo de su familia, tiene más facilidad para participar en deportes de grupo.

5. Les cuesta más tomar decisiones.
Las personas altamente sensibles son más conscientes de las sutilezas y de los detalles que dificultan la toma de decisiones. Aunque no haya una decisión “acertada” o “equivocada” (por ejemplo, a la hora de elegir el sabor de un helado), las personas más sensibles tienden a tardar más en decidirse, puesto que sopesan cualquier consecuencia posible. Por otra parte, cuando una persona altamente sensible llega a la conclusión de cuál es la decisión adecuada y cuál no en una situación determinada, llevará a cabo con rapidez esa misma decisión en ocasiones futuras.

6. Se sienten más decepcionados que los demás al tomar una decisión “equivocada”.
¿Has experimentado alguna vez ese sentimiento desagradable al descubrir que has tomado una decisión errónea? En el caso de las personas altamente sensibles, “esa sensación se amplifica, pues su reactividad emocional es más alta”.

7. Son muy observadores.
Las personas altamente sensibles son las primeras en darse cuenta de los detalles de una habitación, de los zapatos que estrenas, o de los cambios del tiempo.

8. No todas las personas sensibles son introvertidas.
De hecho alrededor de un 30% de las personas altamente sensibles son extrovertidas. Las personas sensibles y extrovertidas han crecido en una comunidad estrechamente unida (puede que vivieran en un barrio residencial, en un pueblo pequeño, o que tuvieran mucha relación con sus familiares), por lo que les resulta más fácil interactuar con la gente.

9. Trabajan bien en ambientes de equipo.
Ya que las personas altamente sensibles les dan muchas vueltas a las cosas, trabajan muy bien en equipo. No obstante, son más adecuadas para puestos en los que no tienen que tomar una decisión final. Por ejemplo, si una persona sensible forma parte de un equipo médico, será buena analizando los pros y los contras que implica la operación de un paciente, pero es preferible que sea otra persona la encargada de decidir si ese paciente debe operarse o no. Sigue leyendo “15 rasgos de las personas “altamente sensibles””

Yo soy cara

            
 

Bienestar es una palabra que me despierta sospechas, o me da alergia, o ambas cosas. Escucho “bienestar” y me asaltan imágenes de matrimonios jóvenes haciendo picnics con el perro en una pradera en la que el césped parece cortado a máquina, o de parejas de ancianos tomando café al abrigo de un hogar a leña vestidos con ropa de lana suave y carísima, o de personas haciendo yoga al borde de un acantilado tailandés mientras atardece. No tengo nada contra las parejas jóvenes, los perros, los hogares a leña, los ancianos, la ropa de lana suave y carísima, el yoga, los atardeceres, y mucho menos contra los acantilados tailandeses, pero escucho la palabra bienestar y las imágenes que me evoca me remiten a una idea publicitaria de la vida: la existencia como una larga sucesión de cafeteras Nespresso, perros de raza y garages con puertas autodeslizantes. Un mundo donde sentirse bien no sólo es un derecho —y el máximo derecho— sino un deber —y el máximo deber; donde hay que evitar, a toda costa, lo desagradable, lo sucio, lo mínimamente sórdido; donde los preocupados, los melancólicos, los insatisfechos son un daño colateral incómodo y peligroso. Es una lectura ramplona, fácil, sensiblera, y hasta pasada de moda pero no puedo evitarla. Escucho “bienestar” y pienso en esos suplementos dominicales que hablan de “dietas sanas”, de la importancia de “realizar actividad física”, de “darse un tiempo para disfrutar de los pequeños placeres cotidianos”, mientras mi naturaleza —ramplona, fácil, sensiblera y pasada de moda— se pregunta qué dirán de esos suplementos los que comen cuando pueden y cuya única actividad física consiste en cargar ladrillos en una obra en construcción, los que no pueden darse tiempo para nada porque si llegan tarde les descuentan el día en el trabajo, y cuyo único placer cotidiano es tomar un baño por la noche, si es que al llegar a casa hay agua y con qué calentarla.

Pero supongo que tampoco hay que complicarse tanto.

El bienestar se define como un “sentimiento de satisfacción y tranquilidad”. Todos, antes o después, experimentamos algo así. Sólo que, parece, la satisfacción y la tranquilidad no me las dan a mí cosas como un delicioso paseo por el campo, ni una plácida estadía en una playa, ni siquiera el disfrute —argh, qué palabra— de un libro. Tampoco nada que pueda relacionarse a conceptos como “paz interior”, “contemplación” o “serenidad”. Ni, mucho menos, diez días entre sábanas Frette en el Ritz de París, un viaje en la primera clase de Singapur Airlines, un masaje en el mejor spa de Suiza, la compra de un Aston Martin, un anillo de diamantes o un zapatito de Jimmy Choo. Todo eso me parece bijouterie. Yo soy mucho más cara. Sigue leyendo “Yo soy cara”

Desesperados por relacionarnos

El encuentro con el otro completa una parte esencial de nuestras vidas. Eso no implica olvidar la propia identidad ni tener que estar pensando siempre en agradar.

La sociedad de consumo ha creado el imperio de la caducidad. Esto se ha trasladado a las relaciones. No solo los productos caducan, algunas relaciones también. Han desaparecido los referentes de nuestras certezas y nos invade la incertidumbre. Hay quien teme establecer relaciones duraderas. Porque los vínculos son frágiles y parece que dependen solo de los beneficios que generan. Son relaciones efímeras, sin compromiso. Satisfacen puntualmente ciertas necesidades. Son relaciones de desconocimiento mutuo y de uno mismo.

Hombres y mujeres se desesperan para relacionarse, ya que se sienten fácilmente “descartables” y abandonados a manejarse con sus propios recursos. Estamos ávidos de encontrar la seguridad que nos ofrece la unión, de encontrar con quien contar en momentos difíciles y de relacionarnos con alguien para huir de la soledad. Al mismo tiempo desconfiamos de que la relación dure. O que se convierta en una jaula que limite nuestra libertad. La idea está cargada de atracción y amenaza al mismo tiempo.

En este espacio podemos sanar traumas pasados y despertar la ligereza y espontaneidad del ser. Estar atento nos puede ayudar para darnos cuenta de lo que cobra vida a través del intercambio con los otros. El problema está en que inhibimos esta chispa por nuestras creencias, normas interiorizadas y temores. Nos domina el miedo a quedarnos privados de amor, a ser abandonados. Y en ese miedo la espontaneidad no tiene oportunidad de manifestarse, e incluso uno acaba convirtiéndose en una marioneta, tratando de quedar siempre bien, por miedo al rechazo.

Cuando disipamos estas inhibiciones y temores, se da la resonancia, la sintonía, la armonía, lo que Piaget denomina el élan y para Jung es la corriente. A la indagación apreciativa la denominamos el núcleo positivo, y para Schellenbaum es la energía vital. Esta se libera en el espacio relacional, del yo con el otro. Cuando se da, uno siente una fuerza ascendente, un impulso que le lleva hacia delante. Sin embargo, estas experiencias de energía vital “no modifican en nada la existencia”, afirma Schellenbaum, “a menos que no se truequen en una sensación vital nueva y fundamental, que penetre en todos y cada uno de nuestros pensamientos y acciones”. Sigue leyendo “Desesperados por relacionarnos”

10 señales de que tienes una relación tóxica

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1. Tu crecimiento personal no puede desarrollarse en la relación

Las relaciones sanas ofrecen un refugio seguro para el crecimiento personal. Aquellos que sienten que su propio crecimiento y felicidad deben ser sacrificados para la supervivencia de la relación, frecuentemente se encuentran a sí mismos yendo en la dirección equivocada en el amor.

2. Sientes como si la vida estuviera siendo extraída de ti

¿Has oído hablar de vampiros emocionales? Estos indecorosos personajes prosperan mientras extraen la energía y la vida de otros. Si sientes que estás en una relación que te saca todas tus energías y te deja exhausta y consumida, ten presente que rara vez habrá un final feliz.

3. Siempre eres la culpable

Si estás con alguien que tiende a culparte por sus enojos y problemas y gastas mucha energía en defenderte o en tratar de ser comprendida, deja de esperar que esto mejore. Más bien te hará más daño. Después de todo, a nadie le hace sentido el sinsentido.

4. Una persona tiene la mayor parte del poder sobre ambos

¿La persona que amas tiene demasiado poder sobre ti, además del poder del amor? Un evidente signo de una relación tóxica es cuando alguien tiene más poder sobre ti del que tú tienes sobre ti misma. Recuerda: nadie tiene poder sobre ti, ¡a menos que se lo des!

5. Justificas el comportamiento de tu pareja

Las relaciones insanas están llenas de negatividad y sacan lo peor de las personas en vez de lo mejor. Humillaciones, críticas e insultos son ejemplos de abuso emocional. Jamás deberían ser tolerados.Nadie merece ser tratado así, y nunca intentes justificar a alguien que te trata así.

6. Estar obsesionado se confunde con estar enamorado

Ten cuidado con la posesividad y con los celos, ya que son signos de alguien que está obsesionado más que enamorado. Si no hay una base de confianza en la relación, puedes confiar en que tendrás problemas. Sigue leyendo “10 señales de que tienes una relación tóxica”

Si puedes…

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
Si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría…

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen,
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo,
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
Si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho,
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…

Si puedes hacer un puñado con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida,
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza, excepto La Voluntad que les dice “¡Continuad!”.

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
Si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los seres humanos cuentan contigo pero ninguno demasiado;
Si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos,
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás humano, hijo mío.

Rudyar Kipling

vive tu sueño beachVive tu sueño y no sueñes tu vida ¡3ª edición!
“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba  palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)
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