Etiqueta: felicidad

7 maneras de perder una amiga

Ninguna amistad es de hierro y hay multitud de cosas que puedes hacer para alejar a tu mejor amiga de ti. Suponiendo que quieres evitar esta desgracia, aquí tienes siete formas en las que, seguro, las probabilidades de perder a tu amiga son del 100%. ¡Evítalas!

1. Cancelar citas. No seas siempre la que cancela a último minutos cenas, salidas o la cita del gimnasio porque “te apareció un imprevisto”. Eso es de mala educación y hace ver que la amistad es lo último en la lista de tus prioridades.

2.¡Yoyoyoyoyoyoyo! ¿Hablas largo y tendido con tu amiga a latas horas de la noche… pero siempre se trata de ti y no de ella? Detente. La amistad se trata de una relación entre dos al 50%, si no, no va a funcionar.

3.No crecer nunca. Ha pasado mucha agua bajo el puente desde el High School. Es divertido recordar los viejos tiempos, pero no te quedes atascada en el pasado y las cosas que hicieron entonces. Avanza, o tu amiga avanzara… sin ti.

4.Ser una “agonías”. Una buena amiga estará ahí para apoyarte y respetarte si estás mal, deprimida o tienes un problema. Pero si todo el tiempo eres la que tiene problemas, no será divertido estar contigo. Todo el mundo puede tener una mala racha. Si lo necesitas, busca un profesional que te ayude a superarlo y déjale saber a tu amiga que estás intentando sentirte mejor y ser una buena compañía de nuevo.

5.Ser demasiado crítica. Quizá seas la más segura de sí misma, la bella, la que lleva la voz cantante y tu amiga es más tímida o más insegura. Ayúdala a sentirse mejor, no la tires abajo. Si necesita ponerse en forma, invítala a hacer ejercicio contigo. Con mucho tacto, ofrécete a rehacer su CV o haz una cita para ir de compras y ayudarla con su look. Pero nunca le hagas sentirse peor criticándola constantemente.

6. Ser competitiva. Si eres del tipo de persona que necesita tener el bolso más caro, el mejor trabajo o la relación más exitosa para sentirte bien, lo más probable es que tu amiga esté bastante harta de ti. La competitividad es agotadora e innecesaria entre amigos, es más, los aleja. Y entonces… ¿qué habrás ganado?

7. Acostarte con su pareja. No hace falta decirlo, pero lo vamos a hacer, por si acaso. Quizá la proximidad y afinidad con la pareja de tu amiga te haga sentir tentación, pero pregúntate a ti misma si merece la pena. Un hombre que está dispuesto a engañar a su mujer con su mejor amiga… ya es poco fiable y tendrás que sacrificar tu amistad (y arruinar un matrimonio) por un momento de pasión. Malo, malo…

La amistad es como una cuenta corriente. necesitas hacer depósitos para poder sacar cuando lo necesites. Si sacas demasiado y no depositas… tendrás una cuenta vacía… y una amiga menos. invierte en tu amistad y ¡disfruta de sus beneficios!

Fuente: mamiverse.com

vive tu sueño beachVive tu sueño y no sueñes tu vida ¡3ª edición!
“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba  palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)
mas-informacion
*Conoce nuestros libros solidarios
*Conoce los autores del blog: Raül Córdoba y Raúl Romero

Yo soy cara

Bienestar es una palabra que me despierta sospechas, o me da alergia, o ambas cosas. Escucho “bienestar” y me asaltan imágenes de matrimonios jóvenes haciendo picnics con el perro en una pradera en la que el césped parece cortado a máquina, o de parejas de ancianos tomando café al abrigo de un hogar a leña vestidos con ropa de lana suave y carísima, o de personas haciendo yoga al borde de un acantilado tailandés mientras atardece. No tengo nada contra las parejas jóvenes, los perros, los hogares a leña, los ancianos, la ropa de lana suave y carísima, el yoga, los atardeceres, y mucho menos contra los acantilados tailandeses, pero escucho la palabra bienestar y las imágenes que me evoca me remiten a una idea publicitaria de la vida: la existencia como una larga sucesión de cafeteras Nespresso, perros de raza y garages con puertas autodeslizantes. Un mundo donde sentirse bien no sólo es un derecho —y el máximo derecho— sino un deber —y el máximo deber; donde hay que evitar, a toda costa, lo desagradable, lo sucio, lo mínimamente sórdido; donde los preocupados, los melancólicos, los insatisfechos son un daño colateral incómodo y peligroso. Es una lectura ramplona, fácil, sensiblera, y hasta pasada de moda pero no puedo evitarla. Escucho “bienestar” y pienso en esos suplementos dominicales que hablan de “dietas sanas”, de la importancia de “realizar actividad física”, de “darse un tiempo para disfrutar de los pequeños placeres cotidianos”, mientras mi naturaleza —ramplona, fácil, sensiblera y pasada de moda— se pregunta qué dirán de esos suplementos los que comen cuando pueden y cuya única actividad física consiste en cargar ladrillos en una obra en construcción, los que no pueden darse tiempo para nada porque si llegan tarde les descuentan el día en el trabajo, y cuyo único placer cotidiano es tomar un baño por la noche, si es que al llegar a casa hay agua y con qué calentarla.

Pero supongo que tampoco hay que complicarse tanto.

El bienestar se define como un “sentimiento de satisfacción y tranquilidad”. Todos, antes o después, experimentamos algo así. Sólo que, parece, la satisfacción y la tranquilidad no me las dan a mí cosas como un delicioso paseo por el campo, ni una plácida estadía en una playa, ni siquiera el disfrute —argh, qué palabra— de un libro. Tampoco nada que pueda relacionarse a conceptos como “paz interior”, “contemplación” o “serenidad”. Ni, mucho menos, diez días entre sábanas Frette en el Ritz de París, un viaje en la primera clase de Singapur Airlines, un masaje en el mejor spa de Suiza, la compra de un Aston Martin, un anillo de diamantes o un zapatito de Jimmy Choo. Todo eso me parece bijouterie. Yo soy mucho más cara. Seguir leyendo “Yo soy cara”

¿Das más que recibes?

Entregados y egoístas; altruistas y cicateros; cada uno tenemos un papel a la hora de dar y de recibir. Conocerlo bien es clave para el éxito

Aunque dar y recibir son dos aspectos de la interacción humana que deberían estar en armonía, lo cierto es que hay personas más propensas a dar a los demás y otras que reciben mucho más de lo que ofrecen. Sin embargo, no siempre somos conscientes del rol que desempeñamos, ni sabemos identificar cuál es la tónica de los demás.

Adam Grant, profesor de la escuela de negocios Wharton School, en Estados Unidos, estudia este aspecto fundamental del intercambio entre seres humanos y revela unos resultados sorprendentes.

Grant, que además de docente es psicólogo, clasifica a las personas en función de cómo se relacionan con su entorno.

Donantes. Son aquellos que dan por sistema a los demás, en muchos casos para obtener su cariño y aprecio. Este grupo se divide a su vez en dos subgrupos que se analizarán más adelante.

Receptores. Son los que reciben los favores del resto, ya se trate de dinero o de tiempo, y lo hacen en una cantidad notablemente superior a lo que devuelven.

Equilibradores. Buscan una armonía entre lo que aportan y lo que obtienen, y están atentos a las interacciones según este criterio. No es la tipología más común.

Falsos donantes. Bajo una máscara de generosidad, su estrategia es dar uno y quitar diez. Suponen una amenaza mayor que los donantes porque actúan de manera encubierta.

Un primer paso para darse cuenta de cómo son nuestras relaciones con los otros sería identificar nuestro papel entre estos cuatro grupos y, acto seguido, tomar conciencia de qué tipo de personas nos rodean.

Sin duda, cualquiera ha ejercido alguna vez el papel de donante y ha ayudado a receptores que a menudo no dan ni las gracias. Grant les define a estos últimos de la siguiente forma:

“Los receptores tienen un rasgo característico: les gusta obtener más de lo que reciben. Inclinan la reciprocidad a su favor y ponen sus intereses por delante de las necesidades de los demás. Creen que el mundo es un lugar competitivo, una auténtica jungla donde los unos devoran a los otros. Piensan que para alcanzar el éxito tienen que ser mejores que el resto. Para demostrar su valía, se promocionan a sí mismos y procuran que sus esfuerzos reciban los elogios que se merecen. No son crueles ni despiadados; son simplemente cautos y poseen un gran instinto de autoprotección. “Si no pienso en mí y me pongo por encima de todo lo demás”, piensan, “nadie lo hará por mí”.

Curiosamente, los receptores no siempre llegan a los puestos más altos de sus estructuras, como menciona Grant en un estudio estadístico realizado por expertos en ciencias sociales. La primera conclusión de esta investigación es que los donantes suelen ocupar la parte más baja del escalafón en todas las profesiones. Quien se ocupa de darlo todo es, lógicamente, quien menos dinero tiene y raramente alcanza puestos de responsabilidad. En la punta de la pirámide del éxito, sin embargo, no están ni receptores ni equilibradores.

Así como los donantes están instalados en la parte baja de la pirámide, los otros dos grupos ocuparían un lugar intermedio. Entonces, ¿quién reside en la cúspide?

Nuevamente los donantes.

¿Pero cómo es posible? ¿No habíamos quedado en que los que ceden ocupan la parte inferior de la tabla? La respuesta es: sí, pero se trata de cierto tipo de donantes cuya generosidad les ayuda a alcanzar el éxito.

Para entender por qué hay una clase de donantes en el escalafón más bajo y otra distinta en lo más alto de la pirámide, hay que analizar cómo funciona cada subespecie.

Donantes estrella. Son aquellas personas con criterio para gestionar su generosidad de forma inteligente. Saben cuándo dar, con quién, cómo y a cambio de qué. Pertenecen a esta categoría los inversores que apuestan por una start-upy ven multiplicados sus ingresos, los que cultivan relaciones que les reportan contactos beneficiosos, o los que realizan donaciones a cambio de prestigio social para ellos o para su marca.

Felpudos. Este término acuñado por Grant define a los que dan indiscriminadamente, de manera que su actitud se toma como una enfermedad, algo que necesitan hacer para sentirse bien. Su entorno se acostumbra a la generosidad permanente hasta el punto de que sus donaciones dejan de ser valoradas. Al contrario, si un día no dan algo, entonces son señalados como seres crueles e injustos. El apelativo “felpudo” encaja bien en este perfil, ya que al final todo el mundo les pisa.

La diferencia básica entre ambas clases es que los felpudos establecen relaciones asimétricas, mientras que los donantes estrella obtienen beneficios, aunque sea a medio o largo plazo, de su generosidad. En palabras del escritor Stephen Covey, estos últimos operan desde el win-win, es decir, son capaces de establecer relaciones en las que todos ganan.

Para tener una relación saludable con el mundo no hay que señalar culpables. Ni siquiera se puede hablar de buenos y malos, dado que la mayoría de personas no son conscientes de qué rol ejercen, sino de las decisiones acertadas o equivocadas que parten de uno mismo.

Como dice la sabiduría popular, cada uno es “responsable de lo que le sucede”, ya que cada actitud tendrá un impacto en el comportamiento del otro. Por tanto, el primer paso para sanar la adicción a dar es asumir que se está desempeñando ese papel sin ver compensación alguna, como sería el caso del donante estrella. Hay una serie de medidas que se pueden tomar para lograr unas relaciones más justas y saludables.

Saber qué nos impulsa a ceder. ¿Por qué entregamos lo mejor que tenemos a todo el mundo constantemente? En palabras de Antoni Bolinches, “el origen suele estar en una falta de amor en la infancia. Las personas que han recibido poca atención de su padre o de su madre cuando eran niños, de adultos buscarán el amor en todo el mundo e intentarán comprarlo a través de una entrega enfermiza”.

Detectar a los vampiros. Si hay receptores en el entorno que no paran de exigir, hay que saber apartarse de ellos a tiempo y frecuentar otro tipo de compañías.

Esperar la ayuda. Aunque sorprenda, la inmensa mayoría de las donaciones se llevan a cabo a propuesta del donante, que ofrece su dinero, su tiempo o sus contactos para ser útil. Si ayudamos solo a quien lo pide expresamente, habremos eliminado ya hasta un 90% de las donaciones.

Dar a quien lo merece y necesita. El último paso en este proceso curativo sería elegir bien a quién damos. La primera pregunta que debemos plantearnos es si nuestra relación con el receptor justifica la donación. En segundo lugar, plantearnos si nuestra ayuda es realmente necesaria, o bien la persona puede procurarse lo que reclama por sus propios medios.

De lo que se trata, al final, es de establecer relaciones justas con los demás y con uno mismo, y de que cada persona asuma sus responsabilidades. Llegados a este punto, ya no hablaremos de dar y recibir, sino de compartir la vida con toda su riqueza.

Francesc Miralles

vive tu sueño beachVive tu sueño y no sueñes tu vida ¡3ª edición!
“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba  palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)
mas-informacion
*Conoce nuestros libros solidarios
*Conoce los autores del blog: Raül Córdoba y Raúl Romero

100 cosas para hacer que tu día sea más pleno

Así es, 100 cosas para hacer que tu día sea pleno. Desde ya. Aquí y ahora.

# 1 Sonreír.
# 2 Dar gracias por todo.
# 3 Dar las gracias a todos.
# 4 Ser consciente de cada cosa que hagas.
# 5 Disfrutar cada cosa que hagas.
# 6 Amar cada cosa que hagas.
# 7 Amar a cada persona que encuentres.
# 8 Amar todo lo que existe.
# 9 Amar el instante en el que vives.
# 10 Amar este momento.
# 11 Amar la vida tal y como está aquí y ahora.
# 12 Entender en cada momento que el otro no es más que una manifestación de ti mismo.
# 13 Entender que el universo entero reside en ti.
# 14 Saber que eres libre.
# 15 Saber no solo eso, sino que además deberías actuar como un ser libre.
# 16 Saber que nada ni nadie puede contigo, ya que eres libre.
# 17 Saber que no puede anularse tu libertad, como no puede anularse el sol, la vida, o las estrellas.
# 18 Imprimir amor a cada cosa que hagas.
# 19 Entender que no hay cosas más importantes que otras.
# 20 Entender que no hay nadie más importante que nadie.
# 21 Entender que, salvo amar, ninguna cosa es tan importante que no pueda esperar.
# 22 Tomar conciencia de que el momento de ahora, este momento, no volverá a repetirse.
# 23 Tomar conciencia de que ahora puedes hacer lo que quieras, de que ahora es tu momento, de que ahora puedes ser tú.
# 24 Tomar conciencia de que ahora, por fin, puedes liberarte de las cadenas que te atan (miedo, ira, dolor…).
# 25 Entender que eres divino.
# 26 Entender que tienes un propósito, un orden, una meta, un significado.
# 27 Entender que ninguna preocupación es tan grande como para anularte la dicha de vivir.
# 28 Entender que eres valios@.
# 29 Saber que aquí y ahora está todo lo que necesitas para vivir.
# 30 Saber que estar aquí ya es un milagro y debes aprovecharlo.
# 31 Saber que la felicidad es una realidad, no una posibilidad.
# 32 Sentirte agradecido por cada cosa que tengas.
# 33 Saber que tienes el poder de defender lo justo, lo correcto, lo que nos hace mejores, lo que nos eleva.
# 34 Hacerte consciente de todo lo que puedes hacer, de la inmensidad que albergas, del potencial que hay en ti. Seguir leyendo “100 cosas para hacer que tu día sea más pleno”

5 cosas que hacen las personas que contagian buena energía

1. Escuchan con curiosidad, hablan con franqueza y actúan con integridad.

La escucha y la curiosidad hace que las relaciones prosperen. Que tu hables con tu verdad permite a las demás personas que se sientan cómodas para poder decir la suya. Los demás se sienten cómodos con estas personas y sienten que pueden ser honestos. Además tu eres cuidadoso e íntegro en cuanto a las cosas que te cuentan. Las personas sienten que hay un interés en ellas, porque se ve la curiosidad por su vida y eso las llena de amor y buena onda.

2. Tratan a todos con amabilidad, no porque los demás sean amables, sino porque ellos lo son.

Uno de los regalos más grandes que nos podemos dar las unos a los otros es la amabilidad. Cuando alguien está sufriendo, estar ahí para ellos. No se trata de hacerlo sólo por las personas que te caen bien y a las que respetas, eso es fácil, sino también hacerlo por completos desconocidos e incluso por personas con las que tienes menos afinidad. La verdadera amabilidad reside en el acto de dar sin la expectativa de recibir algo de vuelta.

3. Recuerdan que todo el mundo tiene una historia.

Todos tenemos nuestra historia. Pueden ser cosas del pasado o del presente las que estén condicionando el actuar de una persona, pero hay que recordar que las conductas no nacen desde la nada. Las personas que siempre esparcen la buena onda se reservan los juicios y en vez ofrecen su consideración.

4. Nunca miran a nadie por debajo de ellas, al menos que le estén estrechando la mano para levantarles.

Tendemos a mirar la vida como meritocracia, por lo que algunas personas se confunden y miran para abajo a alguien que no ha logrado el mismo éxito o ha obtenido el mismo nivel educacional que los demás. Pero todas las personas tenemos nuestras luchas, nuestros logros y nuestros fracasos. Las personas que esparcen la buena onda nunca juzgan a una persona por lo que se ve, saben que todos tienen sus historias y que todos merecen ser tratados con dignidad.

5. Aprecian a aquellos que les han apoyado, perdonan a aquellos que les han lastimado, y ayudan a aquellos que los necesitan.

Los negocios son complicados, la vida es complicada y el liderazgo es difícil. Trata a todo el mundo, incluyéndote, con amor y compasión y siempre estarás en lo cierto. Cuando tratas a las personas de la forma en la que te gustaría que te trataran tu vida mejora inmediatamente.

vive tu sueño beachVive tu sueño y no sueñes tu vida ¡3ª edición!
“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba  palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)
mas-informacion
*Conoce nuestros libros solidarios
*Conoce los autores del blog: Raül Córdoba y Raúl Romero

No corras detrás de alguien que ya sabe dónde estás

“La ausencia paulatina de tu interés por mí, la falta progresiva de tus ‘buenos días’, la elección egoísta de tu lejanía, fueron los que determinaron que no hiciera falta viajar a Macondo; bastaba besar tus labios para sentir… Cien años de Soledad.”

-Gabriel García Márquez-

Una vez alguien me dio un consejo que no he querido ni podido olvidar nunca: no corras detrás de alguien que sabe dónde estás, ni siquiera por una exigencia moral. Cuando pregunté por qué debía ser tan radical con mi forma de actuar, lo que me contestaron me ha servido para abrir los ojos en muchos momentos de mi vida.

En primer lugar, me dijeron, ‘no corras detrás de nadie, ni siquiera detrás de ti mismo, porque nadie necesita a alguien detrás, necesita a alguien al lado‘. Después, me afirmaron: ‘si ya no te aporta nada,déjalo ir porque si aún tiene algo que ofrecer a tu día a día, no hará falta que se lo supliques’, por eso “no corras detrás de alguien que ya sabes dónde estás”

No corras detrás de nadie, ni siquiera detrás de ti mismo

Más abajo hablaremos de qué ocurre al buscar a alguien que no eres tú sin encontrar respuesta pero, ¿y si lo que ocurre es que corres detrás de ti mismo? Parece raro, pero puede pasarte. Muchas veces nos sentimos mejor cuando huimos de lo que nos pasa o dejamos que todo huya al nuestro alrededor.

Cuando corremos detrás de algo que ya no está, estamos corriendo detrás de nosotros mismos y eso nunca es bueno. Es necesario mirar siempre hacia delante, persiguiendo algo que no sabemos dónde está y que queremos encontrar como nuestro futuro. Si corremos detrás de lo que fuimos y no somos, nunca nos superaremos.

En muchas ocasiones no nos atrevemos a parar en seco porque nos da miedo mirar al vacío y reflejarnos en él. Sin embargo, nunca encontraremos vacío siempre que aceptemos que es a nosotros a quienes deberíamos querer primero y para querernos tenemos la obligación de superarnos día a día. Esto mismo ocurre cuando pensamos en nuestra relación con los demás. Seguir leyendo “No corras detrás de alguien que ya sabe dónde estás”

18 pistas para saber si tienes inteligencia emocional

Según definieron Salovey y Mayer el año 1900, la inteligencia emocional consiste en manejar los sentimientos y emociones, clasificarlos y utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y acciones.

La inteligencia emocional, por lo tanto, no tiene nada que ver con la inteligencia lógica. De hecho, se ha demostrado que, un 70% de las veces, las personas con un coeficiente intelectual promedio superan en inteligencia emocional a las que tienen coeficientes más altos. Esto esclareció que el coeficiente intelectual no es la única fuente de éxito en la sociedad, pero la inteligencia emocional es tan intangible que es muy difícil de catalogar el grado que alguien tiene.

Sin embargo, un análisis de los datos de más de un millón de personas realizado por Travis Bradberry ha sintetizado algunas claves que nos pueden ayudar a saber si tenemos o no inteligencia emocional.

Según este autor, las personas con inteligencia emocional comparten las siguientes características:

1- Tienen un amplio vocabulario emocional

Todas las personas experimentan emociones, pero solo algunas pueden identificar con precisión qué les ocurre. Según la investigación de Bradberry, solo el 36% de las personas pueden verbalizar si están irritados, frustrados, estresados u oprimidos. El resto se suelen basar en un simple “bien” o “mal”. Mientras más específicas sean tus palabras, mayor facilidad tienes para saber cómo te sientes, qué ha causado el posible problema y cómo lo puedes arreglar.

2- Sienten curiosidad por los demás

Sin importar si eres extrovertido o introvertido, si tienes inteligencia emocional tendrás una gran empatía por lo demás, por lo que te preocuparás por la gente que te rodea y, por lo tanto, sentirás gran curiosidad por ellos.

3- Abrazan el cambio

Quienes son inteligentes emocionalmente también se adaptan con facilidad a los cambios. Dejan de lado el miedo que puede provocar cambiar de vivienda, trabajo o pareja y buscan la felicidad escondida.

4- Saben cuáles son sus puntos fuertes y débiles

La inteligencia emocional no solo se basa en conocer las emociones. También en las debilidades y fortalezas de la propia persona. Consiste, en definitiva, en conocerse a uno mismo. De este modo, saben cómo usar su propia personalidad para adaptarse a las situaciones. Seguir leyendo “18 pistas para saber si tienes inteligencia emocional”