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10 señales de que tienes una relación tóxica

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1. Tu crecimiento personal no puede desarrollarse en la relación

Las relaciones sanas ofrecen un refugio seguro para el crecimiento personal. Aquellos que sienten que su propio crecimiento y felicidad deben ser sacrificados para la supervivencia de la relación, frecuentemente se encuentran a sí mismos yendo en la dirección equivocada en el amor.

2. Sientes como si la vida estuviera siendo extraída de ti

¿Has oído hablar de vampiros emocionales? Estos indecorosos personajes prosperan mientras extraen la energía y la vida de otros. Si sientes que estás en una relación que te saca todas tus energías y te deja exhausta y consumida, ten presente que rara vez habrá un final feliz.

3. Siempre eres la culpable

Si estás con alguien que tiende a culparte por sus enojos y problemas y gastas mucha energía en defenderte o en tratar de ser comprendida, deja de esperar que esto mejore. Más bien te hará más daño. Después de todo, a nadie le hace sentido el sinsentido.

4. Una persona tiene la mayor parte del poder sobre ambos

¿La persona que amas tiene demasiado poder sobre ti, además del poder del amor? Un evidente signo de una relación tóxica es cuando alguien tiene más poder sobre ti del que tú tienes sobre ti misma. Recuerda: nadie tiene poder sobre ti, ¡a menos que se lo des!

5. Justificas el comportamiento de tu pareja

Las relaciones insanas están llenas de negatividad y sacan lo peor de las personas en vez de lo mejor. Humillaciones, críticas e insultos son ejemplos de abuso emocional. Jamás deberían ser tolerados.Nadie merece ser tratado así, y nunca intentes justificar a alguien que te trata así.

6. Estar obsesionado se confunde con estar enamorado

Ten cuidado con la posesividad y con los celos, ya que son signos de alguien que está obsesionado más que enamorado. Si no hay una base de confianza en la relación, puedes confiar en que tendrás problemas. Sigue leyendo “10 señales de que tienes una relación tóxica”

¿Por qué nos enamoramos más intensamente cuando estamos de viaje?

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Ya te pasó cuando, en tu tierna pubertad, te enamoraste del vecino de la casa en la que veraneábais. Luego te volvió a suceder durante ese campamento al que te empeñaste en no ir, pero del que volviste hecho un mar de lágrimas y con una dirección postal como único recordatorio de tu pasión adolescente. Luego te ha sucedido en festivales, durante el Erasmus, en el Interrail… No sabes cómo lo haces, pero es irte de viaje y volverte absolutamente loco/a de amor. Sigue leyendo “¿Por qué nos enamoramos más intensamente cuando estamos de viaje?”

El sexo y yo

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Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los cinco años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile. Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico. Sigue leyendo “El sexo y yo”

Esta carta es para el hombre que no supo amarme

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Supongo que cuando nos enfrentamos a una ruptura amorosa lo primero que hacemos es buscar culpables. En este caso, y para no dejar de lado esta importante tradición, me gustaría culpar a mi propia inocencia por haberme enamorado de ti de la forma que lo hice. La verdad es que nunca imaginé que un sentimiento de esta intensidad se desarrollaría en mi interior. Fue casi como ver crecer a una pequeña planta, lentamente, cuadro a cuadro y pronto verse enfrentado a que esta pequeña se había convertido en un árbol. Sigue leyendo “Esta carta es para el hombre que no supo amarme”

Cada vez que pienso en ti

           

Te quitabas la faja de la cintura, te arrancabas las sandalias, tirabas a un rincón tu amplia falda, de algodón, me parece, y te soltabas el nudo que te retenía el pelo en una cola. Tenías la piel erizada y te reías. Estábamos tan próximos que no podíamos vernos, ambos absortos en ese rito urgente, envueltos en el calor y el olor que hacíamos juntos. Me abría paso por tus caminos, mis manos en tu cintura encabritada y las tuyas impacientes. Te deslizabas, me recorrías, me trepabas, me envolvías con tus piernas invencibles, me decías mil veces ven con los labios sobre los míos. En el instante final teníamos un atisbo de completa soledad, cada uno perdido en su quemante abismo, pero pronto resucitábamos desde el otro lado del fuego para descubrirnos abrazados en el desorden de los almohadones, bajo el mosquitero blanco. Yo te apartaba el cabello para mirarte a los ojos. A veces te sentabas a mi lado, con las piernas recogidas y tu chal de seda sobre un hombro, en el silencio de la noche que apenas comenzaba. Así te recuerdo, en calma. Sigue leyendo “Cada vez que pienso en ti”