Categoría: Relaciones

La envidia de un amigo, es peor que el odio de un enemigo

            

“A la sombra del mérito se ve crecer la envidia”  (L.Fernández de Moratín)

La envidia se manifiesta como un sentimiento de resentimiento, disgusto o celos por lo que otra persona ha conseguido y quien es propio del sentimiento se siente con alguna limitación para obtener.

La envidia que parte de un amigo, es una de las más tóxicas, porque pocas veces será identificable, nadie se siente orgulloso de sentir envidia y mientras pueda evitar ser descubierto, mejor. Pero en el caso de los amigos, ellos por lo general tienen un grado de influencia en nosotros, son libres de opinar o de “ayudarnos” a resolver algunas cosas, y consciente o inconscientemente, podrían estar saboteando nuestras acciones por sus deseos ocultos.

Son pocas las personas que sienten real satisfacción con los logros de los demás e inclusive muchos pueden alegrarse ante nuestros problemas, incluyendo a nuestros amigos y enemigos. Cada quien quiere resaltar o en su defecto, le molesta que sea otro el que obtenga el éxito… Mientras todos estén medianamente nivelados, las cosas fluirán mejor para la mayoría, de acuerdo a las percepciones egoístas. Sigue leyendo “La envidia de un amigo, es peor que el odio de un enemigo”

Nunca te dejé de querer, solo dejé de insistir

            

Cuando entregamos nuestros sentimientos a alguien, muchas veces no agregamos el componente racional en el asunto, nos limitamos a lo pasional, a lo emocional y nos hacemos incapaces de introducir la lógica de la conveniencia a un análisis asociado.

Por eso nos puede resultar difícil tomar decisiones acertadas en cuanto a quién dedicamos nuestro cariño y el tiempo que invertimos procurando ser correspondidos. Una vez decidimos reaccionar y vernos con ojos más benevolentes, reconociendo lo que somos, lo que queremos y lo que merecemos a nuestro lado, podemos ser un poco más cautelosos y considerados con nuestro corazón.

Amar es un sentimiento que en términos generales resulta más placentero cuando es correspondido, sin que hagamos las cosas para recibir algo, pero sí esperando una disposición similar a la nuestra en lo que refiere a demostraciones de afecto, solidaridad, empatía y reciprocidad. Sigue leyendo “Nunca te dejé de querer, solo dejé de insistir”

Di lo que te molesta, cuando te moleste… no cuando te harte

            
 

“Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas” ― Gabriel García Márquez

Muchas veces en las relaciones interpersonales por evitar una discusión, por ser prudentes, por no incomodar o por pensar que estamos siendo tolerantes y autocontrolados, solemos dejar pasar las cosas que nos molestan, acumulando de esta forma en nuestro interior un gran cúmulo que poco a poco tiende a desbordarse.

Cuando solemos guardarnos las palabras, las reacciones, la molestia cuando nos ocurre un acontecimiento, muchas veces se hace inevitable una explosión cuando sobrepasamos nuestros límites. Esto siempre tiene efectos más perjudiciales para la relación porque por lo general es una respuesta impulsiva la que exteriorizamos y ante la explosión es muy difícil seleccionar las palabras adecuadas, en un tono que no incite a la violencia o que genere una reacción en cadena y muchas veces resulta imposible dar un mensaje que no represente toda la carga que venimos acumulando.

Cuando tomamos como un hábito exteriorizar nuestra molestia cuando sentimos su presencia, resulta más sencillo hacerlo de forma tranquila, sin obstinación, sin impulsividad, podemos tomarnos unos minutos para pensar en nuestro discurso y de la forma más favorable para la relación expresar lo que sentimos, dando a la otra persona la posibilidad de rectificar a fines de no volver a generarnos esa molestia y dándonos a nosotros mismos la posibilidad de no llenar nuestro equipaje de palabras contenidas, de ira y de resentimiento por lo que nos hemos callado. Sigue leyendo “Di lo que te molesta, cuando te moleste… no cuando te harte”

Aprende a regalar tu ausencia a quien no valora tu presencia

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No solemos valorar lo que tenemos. De hecho, solemos desaprovechar y posponer las oportunidades que tenemos de relacionarnos con nuestros seres queridos como si la ausencia que vendrá más tarde no nos importara.

Esta dejadez a veces se complica cuando personas que en principio deberían apreciarnos, nos desprecian. Las situaciones de este tipo son muy dolorosas y es por eso que debemos dejar de taparnos los ojos y comenzar a remediar esta situación.

Esto, en ocasiones, pasa de castaño a oscuro y la mejor actitud que podemos tomar es la de protegernos de este tipo de relaciones que acaban deteriorando y mermando nuestra autoestima y nuestra salud emocional.

No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes

La frase que encabeza este apartado no es solo una frase hecha, sino una realidad. Tenemos esa mala costumbre de no valorar el momento presente y de apreciar lo que lo que no tenemos o lo que ya hemos perdido.

Cuando sufrimos porque alguien nos ignora no nos percatamos de que eso no es reflejo de nuestra valía personal y que lo más probable es que esta persona no lo haga porque está acostumbrada a tenernos a su vera.

A veces, de hecho, las parejas rompen estos círculos viciosos separándose y rompiendo su relación pero el tiempo les hace sentir que se echan de menos. Sigue leyendo “Aprende a regalar tu ausencia a quien no valora tu presencia”

Somos de quien…

            

Somos de quien nos escribe. Somos de quien nos entiende, de quien luego nos puede explicar también. Somos de quien nos acaricia, quien nos traza con dulzura, quien encuentra adorable cada defecto, cada marca, cada cicatriz.

Somos indudablemente de quien nos ama y nos protege, aun con heridas, aun con rasguños. No somos de quien nos sana, somos de quien ya sanadas está ahí, para nosotras, ante todo.

Somos de quien día a día nos va descubriendo, cada secreto, cada momento, cada cosa del pasado, sin importar que haya sucedido, sin importar nada. Somos de quien no nos tiene secretos, de quien podemos contarles todo sin pena, sin vergüenza, sin reparos.

Somos de quien nos ve como si fuéramos la joya más preciada, la más bonita, la mejor. De quien nos toma con firmeza y delicadeza, de quien nos cuida ante todo y todos, y quien siempre, en todo momento nos defenderá.

Somos de quien nos pone en prioridades, quien nos da su tiempo, quien nos da también libertad; somos de quien nos besa bonito, de quien nos besa salvaje, de quien siempre nos va a besar. Sigue leyendo “Somos de quien…”

¿Ha llegado el momento de decir adiós?

Saber decir adiós a las personas, cosas y etapas es un paso de higiene para seguir adelante y vivir nuevas experiencias. Os explicamos las fases para superar cualquier pérdida y encarar la vida fortalecidos.

Las despedidas importantes nos producen vértigo, ya que, al desaparecer un pilar de nuestra existencia cotidiana, sabemos que la vida no volverá a ser como antes. En 1969, la psiquiatra Elisabeth Kübler- Ross establecía cinco fases para superar una pérdida. Este modelo se aplicaba a enfermos terminales, pero luego se vio que funcionaba ante cualquier adiós relevante, como un divorcio, un despido laboral o una ruina económica. Estas fases son: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Kübler-Ross señala que no todo el mundo pasa de forma ordenada por estas cinco fases. Hay quien solo transita por tres o cuatro de ellas o que incluso vuelve atrás para, a continuación, seguir con el proceso hasta la aceptación.

En cualquier caso, este sería el proceso que viene tras la despedida, pero en el caso de las relaciones –ya sean de pareja, familiares o con amigos– ¿cómo saber si ha llegado el momento de una despedida? Ante la duda de si está justificado alejarse —tal vez para siempre—, uno o más de estos motivos serían suficientes:

Cuando los enfados son constantes
Relacionarse implica afrontar de vez en cuando conflictos y malentendidos, pero si estamos casi siempre enfadados o en tensión, significa que no nos encontramos en el mismo momento vital y que quizás es mejor que cada uno siga su camino. La pregunta clave es: “¿esta persona suma o resta valor a mi vida?”.

Cuando la relación nos roba las energías
A veces se debe a algo difícil de concretar, pero tras estar con alguien nos sentimos exhaustos o pesimistas. Cada vez nos apetece menos compartir tiempo con esa persona, ya sea porque se trate de un vampiro emocional –y tenga una de esas personalidades tóxicas– o simplemente porque, al vivir en mundos diferentes, el esfuerzo para estar cerca del otro es agotador, como un imán tratando de unirse al polo opuesto. Sigue leyendo “¿Ha llegado el momento de decir adiós?”

Te prequiero

“Te prequiero. No digo que te quiero, porque es pronto y te vas a asustar. O sea más todavía. Por eso te digo que te prequiero. Te prequiero mucho”

Llegó porque tenía que llegar. De forma rápida y sin avisar. Cuando menos lo esperas. Simplemente se planta ante ti y te arrea un buen bofetón a mano abierta en toda la cara mientras te devora por dentro. Fugaz, como todos los trenes que había estado observando en la estación. Que paren máquinas, para este tengo el billete comprado y no quiero bajarme. Mira la vida como vuelve y te sorprende.

Muéstrame tus cosas buenas pero también las malas. Quiero oírte reír a carcajadas y que me contagies. Que me corras por las venas. Quiero tu imagen en mi mente. Ser el ladrón de todos los besos posibles y que tú me concedas otros. Porque no hay besos mas inflamables que los que me da tu boca. Quiero viajar y hacer contigo las aventuras más imposibles. Lo quiero todo. Hasta el más mínimo detalle. Por minúsculo que sea. Pero paso a paso. Porque no tengo prisa. Quiero que discutamos y nos quitemos juntos las espinas. Verte llorar, fruncir el ceño, rabiar de impotencia y sacar ese carácter militar. Porque cuando navegues a la deriva y no encuentres la ruta correcta. Cuando todo lo des por perdido e ices la bandera de la rendición. Tenderé mi mano, te levantaré y te ayudaré a estar lista de nuevo. En las buenas y en las malas. Para eso formamos un equipo. Sigue leyendo “Te prequiero”