Categoría: Relaciones

Te prequiero

“Te prequiero. No digo que te quiero, porque es pronto y te vas a asustar. O sea más todavía. Por eso te digo que te prequiero. Te prequiero mucho”

Llegó porque tenía que llegar. De forma rápida y sin avisar. Cuando menos lo esperas. Simplemente se planta ante ti y te arrea un buen bofetón a mano abierta en toda la cara mientras te devora por dentro. Fugaz, como todos los trenes que había estado observando en la estación. Que paren máquinas, para este tengo el billete comprado y no quiero bajarme. Mira la vida como vuelve y te sorprende.

Muéstrame tus cosas buenas pero también las malas. Quiero oírte reír a carcajadas y que me contagies. Que me corras por las venas. Quiero tu imagen en mi mente. Ser el ladrón de todos los besos posibles y que tú me concedas otros. Porque no hay besos mas inflamables que los que me da tu boca. Quiero viajar y hacer contigo las aventuras más imposibles. Lo quiero todo. Hasta el más mínimo detalle. Por minúsculo que sea. Pero paso a paso. Porque no tengo prisa. Quiero que discutamos y nos quitemos juntos las espinas. Verte llorar, fruncir el ceño, rabiar de impotencia y sacar ese carácter militar. Porque cuando navegues a la deriva y no encuentres la ruta correcta. Cuando todo lo des por perdido e ices la bandera de la rendición. Tenderé mi mano, te levantaré y te ayudaré a estar lista de nuevo. En las buenas y en las malas. Para eso formamos un equipo. Seguir leyendo “Te prequiero”

Por favor, no te enamores de mí

De verdad nunca te enamores de mí, no te involucres conmigo, ni con mi familia, no le hables a mis amigos, ni intentes caerme bien. No te enamores de mí, ni de mi gusto por la cocina, no te enamores de mi manía por contar chistes malos en los momentos aburridos, ni de mi costumbre de cantar la misma canción durante todo el día mientras finjo hacerlo muy mal.

No te enamores de mi manera de bailar con y sin música, no te enamores de la manera en la que te hablo por las noches, ni de mi manera de comer hamburguesas separando todo en partes. No te enamores de mis ojos tristes, ni de mi pequeña sonrisa, no te enamores de mi manera de caminar lento cuando estoy feliz, ni de mi manera de reír que es realmente tonta cuando algo de verdad me causa gracia.

Te recomiendo que tampoco te enamores de mi manera de peinar mi cabello y sujetarlo para al final terminar dejándolo suelto, no te enamores de mis celos, no te enamores de mis locuras bipolares y mis peleas repentinas, no te enamores de mi sobre protectora personalidad ni de mi gusto por las cosas viejas, no te enamores de mi buen corazón y mi capacidad para perdonar, no te enamores de mi pasión por la escritura y espíritu de realidad, no te enamores de mi dependencia ni de mi independencia, no te enamores de mi buenos modales, ni de mis palabras raras, no te enamores de mi gusto por el olor de los libros, ni de mi manía de ordenar siempre las cosas, no te enamores de mis malos tratos, ni de mi manera de amarte.

No te enamores de mi forma de pensar, ni de mi forma de llevarte la contra, no te enamores de mi forma de no tratar de caerle bien a los demás, ni de lo mucho que me gusta ayudar a la gente, no te enamores de mi gran corazón.

No te enamores de mí porque cuando lo hagas tendré que admitir que estoy enamorada de ti y no quiero admitir que te amo, porque cuando eso pase vas a querer no haberte enamorado de mí.

Elizabeth Cisneros

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“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba  palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)
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Las personas celosas acaban con el amor

Ciertamente cada quien puede adosarse una cuota que entre dentro de los parámetros normales de celos hacia sus afectos, sin embargo, cuando estos resultan desmedidos, pueden dar pie en una verdadera pesadilla para ellos y para las personas vinculadas a ellos.

Entendamos que cada quien es libre de hacer lo que quiera, y cuando una persona decide estar con otra, normalmente es porque quiere estarlo, así que confiemos en cada quien tiene el encanto suficiente como para merecer una relación que incluya la fidelidad, que si nosotros aportamos lo mejor o lo que consideramos necesario y ocurre una infidelidad, el problema no es nuestro, es de la persona que ha fallado y que lo hará de manera independiente a si la celamos o no.

El acoso, el pretender que la gente cambie sus hábitos, el ver cosas donde no las hay, cuando la otra persona está dedicada a la relación, cuando realmente no se tienen argumentos o antecedentes, son completamente contraproducentes para un amor sano, para un amor en crecimiento o mantenimiento.

Los celos desgastan, humillan, ofenden, hacen que cualquier situación sea el marco de un problema, impiden el disfrute propio y de la pareja. Hasta una sonrisa en el rostro de la otra persona puede abrir paso a un mal pensamiento por parte de quien cela de forma desmedida.

Los celos descontrolados, cuando todo gira en torno a ellos, cuándo las preguntas no se dirigen con la intención de chequear el bienestar de la otra persona, sino que están orientadas a chequear que no se está siendo víctima de una infidelidad, se traducen en la manera más fácil de acabar con el amor, con el interés, generando fastidio, desgaste, lástima e inclusive miedo en la otra persona.

Si quien está vinculado a una persona celosa, se deja arrastrar por la corriente, terminará sin familia, sin amigos, sin criterio, sin personalidad, sin hobbies, sin estudios, sin trabajo… sin vida, solo por evitar la molestia de quien tiene el problema, que irónicamente por lo general lleva una vida muy libertina.

Inclusive podríamos ser un tanto refraneros y citar: “Cada ladrón juzga por su condición”, esto es altamente aplicable a las personas celosas, que son capaces de muchas cosas y a partir de su realidad juzgan a sus parejas.

Con las personas celosas de manera enfermiza, se debe trazar límites, que preserven la autonomía y la independencia, a fin y al cabo cada quien tiene su vida y es muy triste limitarnos y anularnos por la inseguridad de otra persona. El amor debe fomentarse y tratar, dentro de las posibilidades, que prevalezca la confianza, aunque esto requiera de terapias, ejercicios, consejeros, etc. Pero que nunca el precio a pagar por un amor sea la esencia misma.

Fuente: mujer.guru

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El sexo en la mujer: el cerebro relajado debajo de la cintura

Es curioso pero la mujer solo disfruta del sexo cuando su cerebro alcanza la desconexión y las constelaciones neuroquímicas y neurológicas se alinean hacia el orgasmo, la diversión y el placer.

Digamos que cuando una mujer se excita, los impulsos cerebrales recorren los centros del placer y disparan al orgasmo siempre y cuando la amígdala, estructura responsable del temor y de la ansiedad cerebral, esté desactivada.

Así, el disfrute del intercambio sexual requiere que, en cierto modo, la amígdala se desenchufe de las preocupaciones y de las decisiones que pesan sobre nuestra mente y que pueden estropear el momento en el último minuto.

Dejarse llevar por el estallido de los impulsos

El hecho de que la mujer requiera este “paso neuronal extra” puede explicar por qué tarda más que el hombre en alcanzar el orgasmo. Así que, sabiendo esto, nuestros compañeros sexuales deben tener paciencia e ir despacio si todos queremos disfrutar plenamente del juego.

Aunque el sistema es delicado, la conexión cerebral es tan directa como la acción. El clítoris es un pequeño órgano repleto de terminaciones nerviosas que están directamente conectadas con el centro del placer femenino.

De hecho, el clítoris tiene una única función: dar placer y hacer gozar a la mujer. Así que la sola estimulación de este dispara la actividad electroquímica y desencadena multitud de sensaciones.

Así llega el clímax, promovido por la acción de la dopamina, la oxitocina y las endorfinas. Sin embargo, si la estimulación es poco eficaz, el clítoris es escasamente sensible o las preocupaciones inundan el camino, el impulso no puede llegar a nuestro cerebro.

Esto explica por qué el umbral del éxtasis no es posible si la mujer no está relajada, cómoda, abriga y mimada. Como se suele decir, hace falta tener los pies calientes para disfrutar del sexo.

La delicada interconexión entre lo psicológico y lo físico

Curiosamente la delicada interconexión entre lo psicológico-emocional y lo físico en el placer femenino es algo que ha resultado confuso tanto a la ciencia como a los amantes varones.

Todo ha sido objeto de medición: la espalda arqueada, los pies calientes, el aliento entrecortado, los gemidos involuntarios… Todo. Y todo ha resultado sin éxito a la hora de concluir.

Sin embargo, con los avances de la neurociencia hemos podido comprobar qué es lo que sucede en nuestro cerebro cuando estamos a punto de tener un orgasmo. Veamos qué pasaría si sometiéramos a una mujer en pleno intercambio a una Resonancia Magnética Funcional. Seguir leyendo “El sexo en la mujer: el cerebro relajado debajo de la cintura”

El secreto para tener la mejor relación sexual de tu vida

Muy poca gente sabe tener sexo como es debido. Ya sea porque crecimos creyendo que la intimidad se resume a una frenética penetración en la oscuridad o porque una relación llega a tal complicidad de pareja que ponemos la pasión en modo automático. Probablemente esto también se deba a que solemos pensar del orgasmo como ese momento culmen del encuentro sexual; consideramos de suma importancia la eyaculación tanto para hombres como para mujeres; sin embargo, nada podría estar más equivocado en nuestro hacer.

En un mundo que poco a poco perdió interés en el otro, que se centró más en el placer instantáneo, la recuperación del erotismo y con una consciencia emotiva o carnal se ha vuelto primordial, lenta pero certeramente los intereses amatorios han recobrado su puntualidad en temas como la calidad, el esfuerzo y la consideración. No como conceptos variados de lo cursi, sino como elementos clave para la satisfacción que no sólo es propia.

Bajo dicho precepto es que se ha propagado una tendencia a la que llamamos Slow Sex. Éste podría ser considerado el mejor sexo posible en la actualidad; el secreto que hemos guardado por nuestras ambiciones o malentendidos. De manera resumida podemos decir que dicha práctica, como su nombre lo dice, consiste más bien en un ritmo y una manera de llevar las cosas en la cama (o en la cocina, el piso, la sala, etcétera).

El sexo lento consiste en disfrutar un encuentro sin necesidad de buscar la eyaculación o el orgasmo como si se tratara de una carrera olímpica. Para mejores resultados, seas hombre o mujer, revisa los siguientes consejos. Seguir leyendo “El secreto para tener la mejor relación sexual de tu vida”

Cuando la desilusión llega, es muy sencillo ver los defectos en el otro

Ciertamente cuando la ilusión está presente en una relación, la capacidad de idealizar, de comprender, de empatizar, de admirar al otro, está presente sin mucha dificultad, sin embargo, una vez que la desilusión se hace presente todo pareciese venir en cadena, como si de pronto nos hubiésemos quitado una venda de nuestros ojos y todo lo apreciáramos de otra manera.

Evidentemente todo esto tiene que ver con un proceso mental, la percepción de lo que vemos cambia cuando estamos embriagados por hormonas que influyen en nuestra manera de ver a quienes nos rodean, el amor lo justifica todo, el desamor no perdona nada, todo lo ve con ojos agudos y tiene poca clemencia para lo que no encaja dentro de lo que desea.

Así como cuando alguien no resulta de nuestro agrado, que podemos fácilmente identificar lo que desde nuestro punto de vista representa un defecto, así se nos hace de sencillo, ver los defectos en la persona que de quien nos hemos desilusionado.

La desilusión puede venir de muchas fuentes, de una mala acción recibida, de expectativas no cumplidas, de la traición a nuestros sentimientos, de la frustración de no poder llegar a donde queremos ubicarnos en alguien… en fin, unas fuentes más que otras nos pueden hacer vislumbrar en el otro todo aquello que dé como resultado nuestro desagrado.

Podemos llegar inclusive a pensar o a reprocharnos el hecho de habernos vinculado a esa persona de cualquier manera, podemos sentirnos asombrados por haber desarrollado sentimientos por alguien a quien hoy se nos hace sencillo cuestionar, juzgar o criticar, ya que se ha venido abajo el manto que teje el afecto y se encarga de proteger de nuestros juicios a quienes apreciamos.

Tratemos siempre de ser lo más humanos y lo más justos posibles para observar al otro, independientemente de lo que nos una y nos desuna, tratemos de ver con nobleza al otro, entendiendo que cada uno lleva un proceso, que cada quien está en medio de sus propias batallas y cada quien hace lo mejor que puede con los recursos que tiene.

Juzgar es lo más sencillo, no se trata de pasar por alto algo que nos afecte, se trata de ser comprensivos y de aportar en la medida de lo posible en la vida del otro, para su crecimiento, para su evolución. Ciertamente el amor nubla los defectos, pero si ese amor cae, o llega la desilusión, usemos todos nuestros recursos para ver al otro con los ojos del corazón, que suelen ser más benévolos y menos crueles que los de la razón.

Fuente: mujer.guru

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Él se enamoró de sus flores, no de sus raíces

Él la conoció y se enamoró del color de sus ojos, de su mirada, de su hermosa sonrisa, de sus mejillas rosadas, del largo de su cabello, de su forma de peinarlo, se enamoró de su forma de caminar, de su forma de pararse, de sus gestos, de su voz, de su timidez, del extraño pero dulce sonido de su risa, se enamoró de su inocencia, se enamoró de su extraña forma de ver la vida. Se enamoró de su forma tan distraída de hacer las cosas, de su forma de equivocarse, de su extraña belleza al enojarse, se enamoró de conocerla, de adaptarse a ella y de ir destapándola capa por capa, hasta llegar a su esencia. Se enamoró de descubrirla, como si fuera una búsqueda del tesoro.

Disfrutó de su compañía, de hacer cosas que él nunca haría, pero que hizo porque a ella le encantaban. Él intentó descifrar la extraña forma en que ella veía el mundo. Al principio fue fascinante, él siempre supo que ella estaba un poco loca, y ser parte de sus locuras era encantador, disfrutaba escuchando sus raras ideas sobre la vida, sobre las personas, sobre todo, ella siempre tenía una opinión diferente, un punto de vista retorcidamente interesante para todo. Él disfrutaba de observarla cuando ella no lo notaba, era su pasatiempo favorito, verla con sus extrañas manías.

Ella era extrañamente hermosa, no era como ninguna otra, ni física, ni emocional, ni mentalmente. Con el tiempo él se dio cuenta de lo difícil que era comprenderla, con el tiempo él empezó a desear a una persona más normal. No me malinterpretes, él estaba profundamente enamorado de ella. Pero para su desgracia y por circunstancias de la vida, él jamás aprendió a enfrentar los problemas, siempre buscaba un escape.

Así que después de pasar mucho tiempo quitando capas, casi logró llegar al fondo, pero no pudo, ya que en una de las capas más profundas descubrió los demonios que habitaban dentro de la extraña chica, conoció sus miedos, conoció sus complejos, conoció su pasado; entendió mucho sobre porqué ella se comportaba y pensaba así. Entonces empezaron los problemas, pues lo que comenzó como un juego inocente y entretenido, dejo de serlo. Y cuando ella necesitaba apoyo, comprensión, justo cuando ella necesitaba sentirse segura, él no supo qué hacer. Ya no quería quitar más capas. Temía sobre que pudiera descubrir. La búsqueda del tesoro dejo de ser atractiva para él, perdió su encanto, perdió su gracia. Se tornó oscura y él tenía nictofobia.

Ya no era sólo belleza, ya no sólo era felicidad. Ella se mostró tal y como era, dejó que él viera sus fortalezas, sus debilidades, sus virtudes, todo lo que la hacía ser quien era, no todo era muy agradable. Y él simplemente no supo qué hacer con eso.

Así que huyó, así como lo había hecho ante cualquier dificultad. Él siempre supo que ella no era su tipo de chica, pero aun así lo intentó. Todo parecía fascinante, hasta que dejó de serlo.

Ivette Varela
Fuente: elperlanegra

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