Categoría: Mileniales

Tu locura es tuya

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Tu locura es tuya.
Te pertenece.
Igual que a mí me perteneció esta nariz o la curiosidad.
No sabes cómo lo siento.
Porque estás loca y lo único que hacemos es tratarte como alguien que no está sano.
Como si lo sano fuera estar como nosotros.
Encerrados en aulas durante años, en gimnasios, en nosotros mismos y en relaciones por compromiso.
Tomando Xanan y Orfidal y Emotival y Cipralex y Ludiomil para soportar nuestra cordura, para no soltarnos de la cuerda y caer al abismo.
Para poder aguantarnos.
Y tú, que tal vez no te aguantas, molestas.
Nos molestas porque tenemos miedo a que nuestra realidad no sea la única existente, porque si tú eres el loco, yo estoy bien.
Sí, nosotros, los que no estamos locos, contribuimos a tu malestar para sentirnos más seguros.
¿Por qué tengo que entender que alguien me hable de la bolsa y no puedo entender que me hable de las voces que escucha en su cabeza?
¿Por qué el índice bursátil es real y algo que se produce en ti no lo es?
En el instante en que maldices a alguien que no es como tú te conviertes automáticamente en un maldito.
Un maldito que lo único que hace es recetar pastillas cada seis meses, que le dice a otra persona que es incapaz y le amputa los pensamientos.
Un maldito que te responsabiliza de la violencia del mundo.
Un maldito que defiende su realidad como la única verdad.
Sí, un maldito que no entiende absolutamente nada. Sigue leyendo “Tu locura es tuya”

Siempre es nunca y al revés

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“El amor de un ser humano hacia otro: esto es quizás lo más difícil que nos haya sido encomendado. Lo último, la prueba suprema, la tarea final ante la cual todas las demás tareas no son sino preparación. Por eso no saben ni pueden amar aún los jóvenes, que en todo son principiantes. Han de aprenderlo.(…) Todo aprendizaje es siempre un largo período de retiro y clausura”. Rainer María Rilke, Cartas a un joven poeta.

Llegué a esta isla hace cinco meses por una casualidad o milagro, como se llega a ninguna parte. Con la barriga llena de peces, no sabía muy bien si estaba llegando o me volvía a ir.

Por allí dicen que vivo aquí, que vivo en una casa de madera con un fuego para hacer desayunos sin perchas y sin problemas, y que estoy muy feliz. Dicen.

Mi hermana dice que es la isla de la (des)conexión, y que aquí no es la realidad, que es como una burbuja. Pero que tampoco ella sabe explicarme qué es la realidad.

En esta isla de repente tuve un trabajo que ya no tenía más porque me retenía más que me subía. Y empecé a dar clases en un idioma que no era el mío. Sigue leyendo “Siempre es nunca y al revés”

Querida chica del bañador verde

Se encontraba en la playa pasando la tarde con sus hijos cuando un grupo de bañistas adolescentes se sentó a su lado. No pudo evitar fijarse en una de las jóvenes que estaba en ese grupo. Sus complejos y su inseguridad le hicieron reflexionar y decidió escribir un alegato a modo de carta. Ésta es la carta íntegra:

QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:

“Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña. Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.

¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños. Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.

Te he visto ser la última en quitarte la ropa. Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi. Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos. Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual. Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.

Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta. No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma. Sigue leyendo “Querida chica del bañador verde”

Y por eso no me entiendes

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Y si no me entiendes es que eres… O es que estás todo el día de equivocación para no enterarte de nada, o es que te morirás así, enjaulado de chasco, y arropándote de sospecha: sin haberte enterado ni de quién eres, ni de quién está detrás del que elige tallarines o lentejas, ni de nada.

A mí a veces la vida me da calor, y tristeza. Todo pegado. Y a lo mejor es que tú solo consientes que la vida te de definiciones, etiquetas, y reuniones de parchís. Y por eso no me entiendes, no entiendes que a mí me gusten los cuentos de hechiceros que salvan almas, que esté llena de agua, y que Espinete me sigue sumergiendo en una profunda melancolía.

Te dije que la mayoría del tiempo me siento perdida en lo que pasa mientras, y sentirme sola estando acompañada en Vietnam me evoca fantasmas que no me terminan de aclarar quién escribe. Y Vietnam está en todas partes, hasta en las tostadas.

Tener un trabajo-coche o una “posición” te protege, no sé de qué, pero te protege. Y ni te digo tener un marido y un carrito de la compra. Y por eso creo que me siento así ahora, desprotegida, y llena de fascinación por los pequeños sucesos que me ceden relámpagos de éxtasis, como el niño de pies sucios que me regaló un caramelo de rosas. Pero te digo una cosa: desconfío profundamente de los que nunca se desprotegen, ni se revolucionan, me dan escepticismo, y bostezo de aburrimiento. Y por eso tú no me entiendes, porque a lo mejor sigues con todo el botiquín de protección en el bolsillo.

Ayer, por ejemplo, estaba en Hoian, un lugar lleno de encanto..Mi amiga me advirtió que había medusas en el mar y que eran de las peligrosas. La desobedecí y nadé hondo creyéndome agua hasta que vi a tres medusas tremendas y flácidas y entendí que ya no era tan liberador nadar en ese mar tan resplandeciente. Pegué un grito que se escuchó en China. La conclusión de esto es que tenía yo que ver las medusas, ¿entiendes? Sigue leyendo “Y por eso no me entiendes”

Resulta que…

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Resulta que me fui al aeropuerto para coger el barco y cogí el autobús, resulta que por más temprano que me acostaba nunca me despertaba a tiempo y por más que dormía siempre me cogía la tormenta…

Resulta que por mucho que crecía siempre necesitaba escaleras, resulta que al divisar la cima perdía el camino y que para caminar en serio necesitaba amarrarme las deportivas, pero yo caminaba en chanclas…

Resulta que al encontrarte no te mire, que al mirarte no me sonreíste y que al hablarte ya estabas lejos, resulta que la distancia la ponen las personas y la cercanía los trenes…

Resulta que nunca sabré lo que piensas cuando miras al infinito, que nunca habrá infinito sin haber arriesgado en la bajada, que nunca habrá subida si no caíste y que nunca te caerás si no sales a bailar con la vida…

Resulta que nos pasamos la vida intentando recuperar cosas que teníamos, cosas que perdimos por mirar a nuestro ombligo y cuando las recuperamos seguimos mirando nuestro ombligo de reojo…

Resulta que no hay nada más bonito que vivir el presente sin que te atormente el pasado ni te escondas del futuro, resulta que la vida es fácil y que las personas la complicamos…

Resulta que a ti que te quiero te hablo mal y a ti que no te conozco de nada la amabilidad me sale por los codos, resulta que los codos nunca los hincamos lo suficiente y que los suficientes en la escuela siempre fue un “por los pelos”…

Resulta que el pelo largo está mal visto aunque los malos tengan la cabeza rapada, resulta que por muy rapado que tengas el bolsillo siempre hay alguien peor que tú, resulta que los que menos tienen son los que menos necesitan y de los que más aprenderás…

Resulta que cuando vuelvas a ese sitio siempre sonreirás, resulta que nunca abrazarás a una persona como cuando sabes que es la última vez, resulta que la última vez se puede convertir en la eternidad…

Resulta que si te echo de menos sales corriendo y si soy yo el que corro no me dejas llegar a la meta, resulta que el nunca jamás está pegado al ojalá pudiera, resulta que por mucho que te quites si es para ti te alcanzará…

Resulta que el resultado a veces no es la mejor cifra y que da igual la cifra final si el resultado no es positivo, resulta que si saltas da igual que tengas vértigo, si sonríes da igual que estés triste y que si no pierdes es porque nunca jugaste…

Resulta que la vida tiene que merecer la pena y no la pena acompañarte en la vida…

Manuel Solís Vázquez

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Vive tu sueño y no sueñes tu vida ¡3ª edición!
“Es muy hermoso ver como a través de este libro estoy encontrando el sentido de las cosas que me suceden a diario. Cuando lo leo siento una paz que me permite seguir adelante con más fuerza.” (Javier) 
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23 desilusiones que debes enfrentar al cumplir veinticinco

Cumplir 25 años es un momento especial. Es la edad donde estamos en la cúspide de un nuevo capítulo de nuestras vidas. Hemos vivido al menos el 25 por ciento, más o menos, y ya eres adulta. Por lo mismo, esta nueva etapa trae más información, en muchos casos, algo decepcionante. Hay muchas cosas que pasarán de aquí a que cumplas 30, pero te comienzas a desencantar.

Estas son las 23 cosas que debes enfrentar a los 25:

1. Pensar que estarías en el trabajo de tus sueños

Desde jóvenes pensamos que tendrás el tiempo suficiente para encontrar ese trabajo que siempre has deseado. Pero, cuando somos adultos, los años se hacen muy cortos y debes avanzar. No te puedes quedar esperando a que surja el trabajo perfecto, pues ya quieres o te has independizado, y hay cuentas que pagar.

2. Te das cuenta de que no sabes tanto como creíste saber
En la medida que creces, todo se vuelve mucho más complicado. Bueno, te das cuenta de lo complicado que siempre han sido las cosas. Extrañas la simpleza previa de la juventud y lo ingenua que eras al creer que lo sabías todo sobre la gente y el mundo. Tus ojos se abren cuando llegas a cierta edad.

3. Descubres la cantidad exacta de tu salario que se va en impuestos
Los impuestos son necesarios para que el progreso continúe. Las cosas necesitan ser mantenidas y mejoradas, pero en tu camino a la independencia, eso es algo que habías pasado por alto. Ahora es cuando te fijas cuánto salario se va sin que nunca lo veas, y duele.

4. Mantenerte a ti mismo no es tan emocionante como pensaste que sería
A medida que crecemos, todos queremos ser adultos. Una vez que somos adultos, la mayoría de nosotros quiere retroceder el tiempo y volver a ser niños. Ser independientes es emocionante, hasta que lo somos. Después solo se siente costoso y anhelas que tus padres te cuiden otra vez, solo por un momento.

5. Vivir solos no es tan glamouroso como esperábamos
No podías esperar a tener tu lugar propio, tu auto propio, tu vida propia. Pero después de vivir por un tiempo solo, resulta ser que no era tan increíble como pensaste que sería. Tiene sus momentos, pero vivir en una habitación de 3x3mts. definitivamente no es uno de ellos.

6. Tener que aceptar que debes trabajar casi todo el tiempo, apesta
Porque es trabajo. Después de unos años en el mundo laboral, mucha gente se da cuenta de que no les gusta la idea de trabajar por el resto de sus vidas. La mayoría de las personas trabajan para poder vivir la vida que desean vivir. El problema es que ocupa demasiado tiempo para vivir esa vida.
Cuando llegamos cerca de los 25, tomamos una decisión: o aguantamos y nos abrimos paso para hacer dinero, o buscamos algo que nos apasione tanto que hacerlo nunca más se sienta como trabajar.

7. Aceptar que los días son más cortos y que hay poco tiempo para hacer cosas
Si tienes 25, trabajas y vives solo, entonces encontrar tiempo para sociabilizar y divertirse puede ser difícil. Es cierto que cada situación es diferente, pero si tu jornada comienza desde las 9a.m. a 5p.m., ejercitas, limpias, lavas ropa, posiblemente cocinas y duermes una cantidad saludable de horas, no queda mucho tiempo disponible para todo lo demás. Tú sabes, todo lo bueno.

8. Decepcionarte de las personas que conoces
Estabas emocionada de salir y conocer a todas las personas fascinantes del mundo. Sabes que andan por ahí en algún lugar, pero nunca esperaste que fuera tan difícil encontrarlos. En general, la gente te decepciona. Mientras más personas conoces, más se mezclan con el resto de la gente que conociste. Y hacer nuevos amigos se vuelve muy difícil cuando comienzas la vida laboral. No todos serán decepcionantes, pero debes tener paciencia. Sigue leyendo “23 desilusiones que debes enfrentar al cumplir veinticinco”

Y si pudiéramos…

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¿Y si pudiéramos tener una cajita donde guardar la felicidad para cuando nos hiciera falta coger un poco?

Porque siempre llegan momentos donde quieres estar colmado de ella, ¿verdad?

Aprendimos a no tener que llamar a los bomberos para apagar el fuego, y cuando ese fuego se apaga siempre quedan las cenizas, aunque para eso está el viento, para esparcirlas , para llevarlas lejos o para traerlas cerca …

¿Y por qué?

Pues porque cada minuto perdido es una arruga ganada, porque el diablo no es más rápido que la verdad porque corre con tacones, porque puedes pasarte la vida contemplando los obstáculos o decidir saltarlos, porque si sigues caminando algún día llegaras a la meta, porque es muy fácil caer en la tentación, pues líbranos del mal …

Porque te pueden quitar tu casa pero jamás la libertad, porque todos desayunamos locuras, porque todas las preguntas tienen su respuesta, excepto las mal formuladas, porque no importa con quien boxees si no como te golpeen, porque otras personas te perdonaran aunque tú no te perdones, porque tú decides al igual que en “Matrix” que capsula coger…

Porque la tristeza con esperanza se convierte en ilusión, porque con amor se fabrican vidas, porque tu tiempo lo administras a tu antojo, porque la distancia es solo una cifra en kilómetros, porque la curiosidad en su justa medida es una asignatura pendiente, porque aunque te cabrees el problema sigue ahí, porque para grandes problemas existen grandes soluciones, porque al igual que a los amigos a los enemigos no debes perderlos de vista…

Porque te habrás dado cuenta de que cuando llueve siempre escampa, porque amar a medias es mentirte a ti mismo, porque todo el mundo miente excepto los políticos, porque el olvido tiene un gran recuerdo, porque amamos más cuando no nos aman, porque tenemos que perder a alguien para plantearnos la vida…

Porque algún día te besaran y partirán todos tus esquemas, porque muchas veces perder es la mayor victoria, porque hay lagrimas que no se tiñen de negro y negros que derraman lagrimas blancas ,porque la sonrisa es la mejor medicina, porque en la ducha todos cantamos bien, porque en el amor tendríamos que plantearnos los cuatro dieces , donde quiero estar dentro de diez minutos, dentro de diez horas, dentro de diez meses y dentro de diez años, porque la respuesta a los diez años es la misma que a la de los diez minutos…

Porque la felicidad no debería de ser una necesidad sino una obligación…

Porque podría ordenar mis escritos y lo haré… Cuando ordene mi cabeza…

Manuel Solís Vázquez

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Vive tu sueño y no sueñes tu vida ¡3ª edición!
“Es muy hermoso ver como a través de este libro estoy encontrando el sentido de las cosas que me suceden a diario. Cuando lo leo siento una paz que me permite seguir adelante con más fuerza.” (Javier) 
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