• 1. Deja de criticarte. La crítica nunca cambia nada. Niégate a criticarte. Acéptate exactamente tal y como eres. Todo el mundo cambia. Cuando te criticas, tus cambios son negativos. Cuando te apruebas, tus cambios son positivos.
• 2. No te asustes. Deja de aterrorizarte con tus pensamientos. Es una forma horrible de vivir. Busca alguna imagen mental que te produzca placer (la mía son las rosas amarillas) e inmediatamente reemplaza el pensamiento aterrador por uno agradable. Seguir leyendo «10 pasos para amarse a uno mismo»→
Si por un momento Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más. Entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía cuando los demás hablan y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate! Seguir leyendo «Si yo tuviera un trozo de vida»→
Como los globos, estamos llenos de sueños y esperanzas. Pero, según pasa el tiempo, una frase entra en nuestras vidas: “No seas estúpido”.
Es el destructor de posibilidades. El mundo está lleno de gente inteligente. Haciendo todo tipo de cosas inteligentes… Eso es inteligente. Bueno, nosotros apostamos por hacer el estúpido.
En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre. Seguir leyendo «Todo era amor»→
Estoy empezando a desorientarme, a tener vacíos.
Siempre he sido muy despistada, como casi toda
mi familia, pero esto es otra cosa. Algo desaparece
dentro de mi cabeza de súbito, sin avisar. Luego vuelve y
ya está. No hago más que pensar en el dichoso alzhéimer.
A veces me mareo, como si fuera a perder el equilibrio.
Pero no me he llegado a caer. Puede que sean tonterías,
aprensiones. Manías de mujer de mediana edad con
mucho tiempo libre. Desde luego no es estrés, como le
encanta decir a todo el mundo. Veremos.
Esta plaza tranquila y soleada me suena. Sus árboles
diferentes, el monumento a una mujer guerrera. ¿De qué
la conozco? Me gusta. Escojo un banco cercano a la cabina telefónica.
Por si tengo que hacer una llamada urgente.
Nunca se sabe. He olvidado el móvil en alguna parte.
No sé muy bien qué hago aquí, pero tampoco quiero ir
a ningún otro lugar.
Me derrumbo en el banco sin mirar a un chico
de aspecto extranjero sentado en el otro extremo.
No le digo ni hola y enciendo un cigarrillo. Con aire autosuficiente,
saco de mi enorme bolso el cenicero portátil y lo coloco
en el asiento, a mi lado. Percibo que el chico me mira con
curiosidad, pero me importa un bledo.
Patricia Planas es Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta. Patricia ejerce actualmente el cargo de coordinadora general de la Lliga Reumatològica Catalana. Ha sido muy especial que nos concediera una entrevista.
¿Consideras que en los “tiempos que vivimos” la psicología es más necesaria?
Lo que veo a raíz de la crisis económica, tanto en la Asociación en la que trabajo como en la consulta privada, es que estamos un poco como “deprimidos”, hemos perdido un poco la ilusión, la esperanza, las ganas de hacer cosas, estamos como con miedo y el miedo paraliza. Tanto es así, que quien tiene trabajo tiene miedo de perderlo, quien no tiene trabajo tiene miedo de hacer cosas y gastar, quien tiene problemas prefiere instintivamente “quedarse quieto no sea que se multipliquen sus problemas”. Digamos que cuando no sabemos lo que pasará tendemos al “me quedo quieto” no vaya a ser que se me complique más la vida.
¿Qué crees que aporta la psicología a nuestra sociedad actual?
La psicología como objetivo principal contribuye a aliviar el sufrimiento de las personas. Es una buena herramienta para aprender a conocernos mejor a nosotros mismos. Si nos conocemos mejor sabemos de nuestras limitaciones, sabemos hasta dónde podemos llegar, dónde no podemos llegar y esto hace que nuestra vida pueda ser más plena. Nos ayuda a no tener falsas expectativas. Cuando no tenemos falsas expectativas el nivel de frustración es menor porque sabemos lo que podemos esperar de nosotros mismos.
– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
¿Qué estaréis pensando vosotros
niños del tercer mundo?
¿Qué estaréis pensando de nosotros
los del otro lado del planeta?
¿Qué estaréis pensando de nosotros
los adultos? Seguir leyendo «Niños del Tercer Mundo»→
No busques trabajo. Así te lo digo. No gastes ni tu tiempo ni tu dinero, de verdad que no vale la pena. Tal como está el patio, con uno de cada dos jóvenes y casi uno de cada tres adultos en edad de dejar de trabajar, lo de buscar trabajo ya es una patraña, un cachondeo, una mentira y una estúpida forma de justificar la ineptitud de nuestros políticos, la bajada de pantalones eurocomunitaria y lo poco que les importas a los que realmente mandan, que por si aún no lo habías notado, son los que hablan en alemán. Seguir leyendo «No busques trabajo»→
Le espero en una sala mientras él, en el lavabo, ajusta su pierna electrónica, que perdía aceite. Estamos en el Teatre Nacional de Catalunya, donde Albert Espinosa escenifica ahora la obra ‘El petit secret’. Además, Albert Espinosa viene de ganar el premio al mejor guión de la cinematografía catalana por ‘Tu vida en 65 minutos’, película que antes fue una obra de teatro basada en sus intensas experiencias vitales. Llega del lavabo a buen paso (el retoque ha funcionado bien) y en la conversación asoma en seguida el cáncer (“¡que tanto me ha enseñado!”). Hablar con Albert me enseña a mí muchas cosas, como que “no es triste morir” y que lo lamentable es no vivir, no vivirlo todo, incluida la tristeza o la misma muerte. Sabe de lo que habla y sabe contarlo, y por eso sus obras ayudan a vivir.
¿Por qué colecciona pinochos?
Porque me regalaron un Pinocho de madera el día antes de que me amputasen la pierna. Y el día después de amputármela… ¡a él se le cayó una pierna! La izquierda, igual que a mí. Y me identifiqué con aquel Pinocho.
¿Por qué le amputaron la pierna?
A los 13 años me detectaron un tumor y entré en el hospital. Estuve diez años entrando y saliendo: a los 14 años me amputaban la pierna, a los 16 me quitaban el pulmón izquierdo, a los 18 parte del hígado… Es que el cáncer viaja en sentido antihorario, ¿sabe?
Lo dice con una tranquilidad…
A los 23 años estuvieron a punto de amputarme la otra pierna. Pero fue falsa alarma: estaba inflamada, no era cáncer. Y me dijeron que estaba bien y que ya no tenía que volver más al hospital. ¡Y eso sí fue duro!