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Tantos años compartidos, tantas vidas consumidas, tantas horas deshojadas.
Tantos compromisos no cumplidos, tantos promesas desechadas…
Y ahora te digo que el amor de mi vida está por llegar. Seguir leyendo «El amor de mi vida está por llegar…»


Tantos años compartidos, tantas vidas consumidas, tantas horas deshojadas.
Tantos compromisos no cumplidos, tantos promesas desechadas…
Y ahora te digo que el amor de mi vida está por llegar. Seguir leyendo «El amor de mi vida está por llegar…»

Los libros de autoayuda olvidan la parte más importante en el camino hacia la felicidad: los otros. Educador social, coach y mochilero, Raül Córdoba nos enseña que para relacionarnos bien es necesario antes encontrarnos con uno mismo.
Convivir no es de locos es el título de su libro. ¿Tanto miedo nos da relacionarnos?
Hemos generado un clima social de locos que impide sacar el potencial que todos tenemos dentro. España es uno de los países donde los niños ven más televisión. Cuando los infantes son receptores de información 40 horas a la semana –que además es información agresiva, negativa, machista y sin ejemplos de consenso- perdemos referentes educativos. Aprender a escuchar es importante, y si los niños dejan de relacionarse con los padres no desarrollarán la capacidad de reflexión y diálogo.
¿Hacer sentir bien a los otros nos hace más felices?
El mejor espejo que podemos encontrar es el otro, pero estamos tan obsesionados con nuestro ombligo que somos incapaces de reconocerlo. Convivir no es de locos está escrito pensando en la importancia del otro. Viajando me he relacionado con mucha gente, somos las relaciones que escogemos. Ahora bien, para emprender el viaje más importante, el que nos da felicidad y sentido en la vida –el encuentro con los otros- es necesario primero viajar por nuestro interior.
El libro describe un momento emotivo en Buenos Aires, el de unos jóvenes que regalaban abrazos. ¿Un gesto cambia lo que nos rodea?
Somos autores de nuestras circunstancias. No importa tanto el suceso sino nuestra forma de reaccionar. Con la actitud, las palabras, y la comunicación no verbal –como por ejemplo el gesto de sonreír- construimos un clima. Somos capaces de transformar la energía de una situación en positiva. Puede ser que no podamos escoger siempre las personas con las que nos relacionamos, pero sí el tipo de relación. La vida es elección e interpretación de aquello que nos sucede.
Plantea las relaciones de pareja como una suma de libertades. ¿Se ha acabado el amor romántico?
Trabajaba en servicios sociales, en atención psicológica a la mujer, y cada día escuchaba historias de parejas jóvenes que necesitaban salir de sus casas para encontrar su espacio. Reflexioné sobre el concepto del amor. El amor eterno ha dejado de existir en el siglo XXI, para mí es una suma de experiencias en que uno más uno, es igual a tres. La experiencia de cada uno más la experiencia que puedan vivir juntos. En nuestra sociedad nos da miedo estar solos: tendemos a llenar la soledad de distracciones y el temor nos hace dependientes de los otros. El diálogo con uno mismo, escucharnos, nos prepara para encontrarnos con el otro sin asfixiarlo.
¿Qué le llevo a escribir su diálogo interior?
Hace 11 años hice mi primer viaje. Estaba solo. Alguien me dijo que la soledad era muy bonita cuando después tenías a alguien a quien contársela. Escribía diarios para entender las emociones que vivía. Estos escritos, que había compartido con amigos y familiares, son la base del libro. Quería reconocer la importancia de los otros: el libro recoge mis aprendizajes viajando por todo el mundo, un proceso de 4-5 años para poder hacer el viaje más importante en la vida: el encuentro con los otros. No intento dar respuestas, sino provocar preguntas. Que el lector se cuestiones cosas.
Leer el primer capítulo de Convivir no es de locos ![]()
Entrevista en la revista TOT realizada por Judith Josa


En nuestra sociedad es usual que consideremos que la mente está separada del resto del cuerpo. Dicha disociación se ha sostenido y se ha reproducido con el transcurso de los siglos. Sin embargo, esto no es cierto. El vínculo entre mente y cuerpo es más estrecho de lo que creemos. Seguir leyendo «Equilibro entre cuerpo y mente»


Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre: Autoestima. Seguir leyendo «Cuando me amé de verdad»


De ellos aprendí que las personas mayores no se comunican despacio, sino que han aprendido a hablar susurrando.
Me hicieron comprender que no escuchan peor, sino que somos nosotros los que no sabemos hacernos entender.
Aprendí que los ancianos no caminan curvados como si la tierra los quisiera tragar, sino que llevan consigo una mochila de vivencias difícil de igualar.
Que las arrugas en la piel son autobiografías, y las anécdotas que nos explican son auténticos yacimientos de sabiduría.
Me contaron que para llegar a ser mayor tengo que volver a jugar como un niño.
Que para ganar en valentía primero tengo que perder el miedo.
Que para sacar un seis dobles en el dominó primero tengo que tener las siete fichas.
Me dijeron que las Primeras divisiones sólo existen en el fútbol, y que en el partido de la vida todos jugamos en la misma liga.
Me contaron que los bastones sólo sirven para caminar cuando no tienes a nadie en quien sujetarte.
Junto a ellos aprendí a sentir el silencio, a escuchar la calma, a caminar más lento en un mundo cada vez más acelerado…
Raúl Romero
(Texto del libro Vive tu sueño y no sueñes tu vida)
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Ir a ver al nuevo integrante de la familia, al bebé de tu mejor amiga o al nuevo retoñito de tu cuñada es una experiencia que se disfruta muchísimo. Primero, porque no hay nada que alegre más una casa que un bebé y segundo porque te están invitando a que formes parte de ese momento tan especial. Eso sí, recuerda que en la habitación en la que estás a punto de entrar, hay dos personas que han pasado por mucho en los últimos días (por no decir meses) y cuya salud está particularmente delicada, así que hay algunas cosas que debes tomar en cuenta:
Visita cuando es apropiado: Durante las primeras 24 horas del nacimiento de un bebé, tu ausencia será más que apreciada. La madre está cansada y el bebé todavía no entiende qué pasa ni en dónde está, es un momento muy privado entre los padres y su hijo.
Mándale un mensaje al papá: Escribirle un mensajito de felicitaciones al padre del bebé, le hará sentir que estás pendiente y te preocupas, pero que entiendes que no se va a poder guindar a hablar por teléfono. La idea es que te conteste cuando pueda, recuerda que su prioridad son su esposa e hijo.
No extiendas tu visita: La idea no es que pases todo el día en la habitación como la nueva integrante de la familia feliz. No extralimites tu estadía porque hay otros tíos, amigos, primos, sobrinos y vecinos que quieren conocer a la criatura y la idea es que cada quien tenga su tiempo para compartir, sin que el cuarto se convierta en un gallinero. Seguir leyendo «Ten esto en cuenta cuando visites a un recién nacido»
Ferran Ramón-Cortés,
autor de La química de las relaciones y La isla de los 5 faros.
*Autor del Prólogo del libro Convivir no es de locos
Querido Raül:
¡Qué envidia siento por tus apasionantes viajes!
Marrakech, La Habana, Atenas, Viena… tantas y tantas ciudades llenas de tantas personas interesantes y tantas historias fascinantes.
Pero en tu libro nos invitas a un viaje mejor: el Gran Viaje.
El viaje a nuestra esencia, a nuestro interior.
Un viaje que nos animas a emprender sin dilación.
Un viaje que se hace, como a ti te gusta, ligero de equipaje. Basta con una pequeña mochila, en la que sólo cabe una pluma y un bloc de notas, para poder plasmar con palabras los más íntimos sentimientos, y dejar constancia escrita del redescubrimiento de nosotros mismos.
Un viaje que haremos solos, pero en el que saldremos al encuentro de los otros, en intensos intercambios, en conversaciones que no querremos rehuir.
Un viaje en el que cada trayecto, por corto que sea, estará lleno de aprendizajes.


Tarde o temprano vendrán los tiempos cuando no puedas hacer muchas cosas. Cuando algunas otras se volverán obsoletas o imposibles de realizar. Pero siempre habrá que recordar que mientras seas joven, la vida debe adquirir un sentido, un propósito. Y para llegar a ello se necesita ser proactivo, para no lamentar cosas que no hiciste o dejaste de hacer. Siempre se puede ser mejor. Seguir leyendo «35 cosas que lamentarás en la vejez»
Tom Attwater es un enfermo terminal, un tumor cerebral no le dejará mucho más tiempo de vida, pero lo utiliza para ayudar a su hija de cinco años, Kelli. La pequeña ya ha superado dos episodios de cáncer, pero es muy probable que sufra una recaída. Este padre coraje no se quiere ir de este mundo sin antes asegurarse de que ha recaudado el dinero suficiente para el tratamiento de su hija, para ayudarle aunque él ya no esté aquí.
Tom se despide su hija en esta carta tan personal y entrañable:

Querida Kelli,
Lo siento, no llegaré a verte crecer tanto como me gustaría. Por favor, no culpes a otras personas o al mundo por esto. La vida está llena de golpes de suerte y los míos se están acabando.
Desearía encontrar las palabras que te hiciesen sentir mejor. Desearía no tener cáncer y que no me tuvieses que ver sufrir tanto como lo haces ahora. Desearía que muchas cosas fuesen diferentes, pero no lo son.
La mayoría de los papás e hijas tienen décadas para charlar sentados en la mesa de la cocina, calentándose las manos con una buena taza de café, con el papá dando consejos a su niña, mientras ella pone los ojos en blanco. No tendremos esos momentos. No podré llevarte a clase en tu primer día de colegio, recogerte después de tu primera cita, abrazarte cuando te rompan el corazón o aplaudirte cuando te gradúes.
Pero mientras todavía esté por aquí, voy a intentar darte algunos consejos que te sean útiles en tu vida. Espero que te reconforten. Espero que el cáncer nunca vuelva para que tu vida sea larga, plena y feliz.

“¿Cuál es tu siguiente viaje, Raül?” Confieso que he escuchado tantas veces esta pregunta. Es más, creo que si cada vez que la escuchara lo apuntara en una libreta, ahora tendría recopiladas varias libretas sobre mi escritorio.
Barcelona, Marrakech, Lyon, Guanajuato, Lima, Estambul, Montevideo, Dublín, Medellín, Potosí, Atenas, Valparaíso, Lisboa, Salvador de Bahía, Budapest, Viena, La Habana, Puerto Viejo, Mar del Plata… son algunos de los muchos lugares donde he pasado un período de mi vida. A veces son días, otras semanas y, en ocasiones, meses. Pero en realidad no importa el tiempo que he vivido en cada uno de estos lugares, sino la calidad de lo vivido.
Al finalizar mis estudios, me fui a vivir a Granada. Fue mi primer viaje. Una mañana, en el mirador de San Nicolás, decidí cambiar mi reloj por una pulsera. Quizá fue un acto más por comodidad que por convicción. Todos los días tomamos decisiones que pueden cambiar el rumbo de nuestra vida. Aquella mañana, sin darme cuenta, al apartar el tiempo de mi vida, empecé a sembrar la semilla de mi libertad. Desde entonces he ido evolucionado hacia el minimalismo, hacia lo esencial. Creo que no necesitamos más cosas para vivir que todo aquello que podamos meter en una mochila. Todo lo demás se convierte en una pesada carga que no nos permite avanzar. Cuando viajo mi equipaje pesa alrededor de 9 kilos. Y es que, con el paso de los años, he aprendido a diferenciar la cantidad de la calidad. Además, lo realmente importante no tiene nada que ver con lo material sino con lo humano, es decir, con aquellas personas que me encuentro en los países donde viajo. Para mí sólo existe una cosa imprescindible: los Otros.
Me gusta viajar, conocer lugares y escribir sobre sus gentes. A veces me preguntan si podría elegir una ciudad de todas las que he visitado. Pero es muy difícil elegir una ciudad. Pienso que todas las ciudades pueden ser hermosas o feas, depende de cada individuo. Porque la belleza o la fealdad de las cosas, en cierto sentido, está en el ojo del observador. Para mí todas las ciudades son hermosas, incluso aquellas que están sumergidas en una inmensa capa de neblina gris. Porque en realidad son las personas que habitan en éstas las que las hacen hermosas, y, afortunadamente, siempre he encontrado a personas que han hecho que mis viajes estuvieran llenos de sentido y autenticidad. Incluso en las peores circunstancias. Pero si tuviera que elegir me quedaría con dos ciudades: la primera y la última. La primera porque la primera vez de todas las cosas son mágicas. Por eso Granada siempre será especial. Y la última porque es el lugar donde me encuentro en ese momento y, por lo tanto, la que me está regalando en cada instante el regalo de la existencia. Como dijo Schabacher: “Cada día viene con sus propios regalos. Desata los lazos”. Os aseguro que no existe un solo día que no desate todos los lazos.