Categoría: Relaciones

Él se enamoró de sus flores, no de sus raíces

Él la conoció y se enamoró del color de sus ojos, de su mirada, de su hermosa sonrisa, de sus mejillas rosadas, del largo de su cabello, de su forma de peinarlo, se enamoró de su forma de caminar, de su forma de pararse, de sus gestos, de su voz, de su timidez, del extraño pero dulce sonido de su risa, se enamoró de su inocencia, se enamoró de su extraña forma de ver la vida. Se enamoró de su forma tan distraída de hacer las cosas, de su forma de equivocarse, de su extraña belleza al enojarse, se enamoró de conocerla, de adaptarse a ella y de ir destapándola capa por capa, hasta llegar a su esencia. Se enamoró de descubrirla, como si fuera una búsqueda del tesoro.

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Yo, mi, me, conmigo: ego y narcisismo en las redes sociales

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Hagamos, en la intimidad que nos proporciona nuestro despacho/baño/asiento de metro, un ejercicio de autoconocimiento.

Es fácil: se trata de abrir la galería de fotos de nuestro móvil y contar el número de selfies que nos hemos hecho durante este último mes. ¿Cuántos te salen? ¿5, 20, o quizás alguna más? ¿Tenéis alguna con mendigos? ¿Cuántos legsies? ¿Cuántos drelfies y braggies alberga vuestro carrete digital? ¿Cuántos welfies con las pesas del gimnasio, o enseñando la nueva adquisición de nike frente al espejo? Os podría preguntar también por el número de multiselfies, photobombs o bedstagrams. Pero vamos a dejarlo en esa primera pregunta inicial. Seguir leyendo «Yo, mi, me, conmigo: ego y narcisismo en las redes sociales»

Desesperados por relacionarnos

El encuentro con el otro completa una parte esencial de nuestras vidas. Eso no implica olvidar la propia identidad ni tener que estar pensando siempre en agradar.

La sociedad de consumo ha creado el imperio de la caducidad. Esto se ha trasladado a las relaciones. No solo los productos caducan, algunas relaciones también. Han desaparecido los referentes de nuestras certezas y nos invade la incertidumbre. Hay quien teme establecer relaciones duraderas. Porque los vínculos son frágiles y parece que dependen solo de los beneficios que generan. Son relaciones efímeras, sin compromiso. Satisfacen puntualmente ciertas necesidades. Son relaciones de desconocimiento mutuo y de uno mismo.

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10 señales de que tienes una relación tóxica

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1. Tu crecimiento personal no puede desarrollarse en la relación

Las relaciones sanas ofrecen un refugio seguro para el crecimiento personal. Aquellos que sienten que su propio crecimiento y felicidad deben ser sacrificados para la supervivencia de la relación, frecuentemente se encuentran a sí mismos yendo en la dirección equivocada en el amor.

2. Sientes como si la vida estuviera siendo extraída de ti

¿Has oído hablar de vampiros emocionales? Estos indecorosos personajes prosperan mientras extraen la energía y la vida de otros. Si sientes que estás en una relación que te saca todas tus energías y te deja exhausta y consumida, ten presente que rara vez habrá un final feliz.

3. Siempre eres la culpable

Si estás con alguien que tiende a culparte por sus enojos y problemas y gastas mucha energía en defenderte o en tratar de ser comprendida, deja de esperar que esto mejore. Más bien te hará más daño. Después de todo, a nadie le hace sentido el sinsentido.

4. Una persona tiene la mayor parte del poder sobre ambos

¿La persona que amas tiene demasiado poder sobre ti, además del poder del amor? Un evidente signo de una relación tóxica es cuando alguien tiene más poder sobre ti del que tú tienes sobre ti misma. Recuerda: nadie tiene poder sobre ti, ¡a menos que se lo des!

5. Justificas el comportamiento de tu pareja

Las relaciones insanas están llenas de negatividad y sacan lo peor de las personas en vez de lo mejor. Humillaciones, críticas e insultos son ejemplos de abuso emocional. Jamás deberían ser tolerados.Nadie merece ser tratado así, y nunca intentes justificar a alguien que te trata así.

6. Estar obsesionado se confunde con estar enamorado

Ten cuidado con la posesividad y con los celos, ya que son signos de alguien que está obsesionado más que enamorado. Si no hay una base de confianza en la relación, puedes confiar en que tendrás problemas. Seguir leyendo «10 señales de que tienes una relación tóxica»

¿Das más que recibes?

Entregados y egoístas; altruistas y cicateros; cada uno tenemos un papel a la hora de dar y de recibir. Conocerlo bien es clave para el éxito

Aunque dar y recibir son dos aspectos de la interacción humana que deberían estar en armonía, lo cierto es que hay personas más propensas a dar a los demás y otras que reciben mucho más de lo que ofrecen. Sin embargo, no siempre somos conscientes del rol que desempeñamos, ni sabemos identificar cuál es la tónica de los demás.

Adam Grant, profesor de la escuela de negocios Wharton School, en Estados Unidos, estudia este aspecto fundamental del intercambio entre seres humanos y revela unos resultados sorprendentes.

Grant, que además de docente es psicólogo, clasifica a las personas en función de cómo se relacionan con su entorno.

Donantes. Son aquellos que dan por sistema a los demás, en muchos casos para obtener su cariño y aprecio. Este grupo se divide a su vez en dos subgrupos que se analizarán más adelante.

Receptores. Son los que reciben los favores del resto, ya se trate de dinero o de tiempo, y lo hacen en una cantidad notablemente superior a lo que devuelven.

Equilibradores. Buscan una armonía entre lo que aportan y lo que obtienen, y están atentos a las interacciones según este criterio. No es la tipología más común.

Falsos donantes. Bajo una máscara de generosidad, su estrategia es dar uno y quitar diez. Suponen una amenaza mayor que los donantes porque actúan de manera encubierta.

Un primer paso para darse cuenta de cómo son nuestras relaciones con los otros sería identificar nuestro papel entre estos cuatro grupos y, acto seguido, tomar conciencia de qué tipo de personas nos rodean.

Sin duda, cualquiera ha ejercido alguna vez el papel de donante y ha ayudado a receptores que a menudo no dan ni las gracias. Grant les define a estos últimos de la siguiente forma:

“Los receptores tienen un rasgo característico: les gusta obtener más de lo que reciben. Inclinan la reciprocidad a su favor y ponen sus intereses por delante de las necesidades de los demás. Creen que el mundo es un lugar competitivo, una auténtica jungla donde los unos devoran a los otros. Piensan que para alcanzar el éxito tienen que ser mejores que el resto. Para demostrar su valía, se promocionan a sí mismos y procuran que sus esfuerzos reciban los elogios que se merecen. No son crueles ni despiadados; son simplemente cautos y poseen un gran instinto de autoprotección. “Si no pienso en mí y me pongo por encima de todo lo demás”, piensan, “nadie lo hará por mí”.

Curiosamente, los receptores no siempre llegan a los puestos más altos de sus estructuras, como menciona Grant en un estudio estadístico realizado por expertos en ciencias sociales. La primera conclusión de esta investigación es que los donantes suelen ocupar la parte más baja del escalafón en todas las profesiones. Quien se ocupa de darlo todo es, lógicamente, quien menos dinero tiene y raramente alcanza puestos de responsabilidad. En la punta de la pirámide del éxito, sin embargo, no están ni receptores ni equilibradores.

Así como los donantes están instalados en la parte baja de la pirámide, los otros dos grupos ocuparían un lugar intermedio. Entonces, ¿quién reside en la cúspide?

Nuevamente los donantes.

¿Pero cómo es posible? ¿No habíamos quedado en que los que ceden ocupan la parte inferior de la tabla? La respuesta es: sí, pero se trata de cierto tipo de donantes cuya generosidad les ayuda a alcanzar el éxito.

Para entender por qué hay una clase de donantes en el escalafón más bajo y otra distinta en lo más alto de la pirámide, hay que analizar cómo funciona cada subespecie.

Donantes estrella. Son aquellas personas con criterio para gestionar su generosidad de forma inteligente. Saben cuándo dar, con quién, cómo y a cambio de qué. Pertenecen a esta categoría los inversores que apuestan por una start-upy ven multiplicados sus ingresos, los que cultivan relaciones que les reportan contactos beneficiosos, o los que realizan donaciones a cambio de prestigio social para ellos o para su marca.

Felpudos. Este término acuñado por Grant define a los que dan indiscriminadamente, de manera que su actitud se toma como una enfermedad, algo que necesitan hacer para sentirse bien. Su entorno se acostumbra a la generosidad permanente hasta el punto de que sus donaciones dejan de ser valoradas. Al contrario, si un día no dan algo, entonces son señalados como seres crueles e injustos. El apelativo “felpudo” encaja bien en este perfil, ya que al final todo el mundo les pisa.

La diferencia básica entre ambas clases es que los felpudos establecen relaciones asimétricas, mientras que los donantes estrella obtienen beneficios, aunque sea a medio o largo plazo, de su generosidad. En palabras del escritor Stephen Covey, estos últimos operan desde el win-win, es decir, son capaces de establecer relaciones en las que todos ganan.

Para tener una relación saludable con el mundo no hay que señalar culpables. Ni siquiera se puede hablar de buenos y malos, dado que la mayoría de personas no son conscientes de qué rol ejercen, sino de las decisiones acertadas o equivocadas que parten de uno mismo.

Como dice la sabiduría popular, cada uno es “responsable de lo que le sucede”, ya que cada actitud tendrá un impacto en el comportamiento del otro. Por tanto, el primer paso para sanar la adicción a dar es asumir que se está desempeñando ese papel sin ver compensación alguna, como sería el caso del donante estrella. Hay una serie de medidas que se pueden tomar para lograr unas relaciones más justas y saludables.

Saber qué nos impulsa a ceder. ¿Por qué entregamos lo mejor que tenemos a todo el mundo constantemente? En palabras de Antoni Bolinches, “el origen suele estar en una falta de amor en la infancia. Las personas que han recibido poca atención de su padre o de su madre cuando eran niños, de adultos buscarán el amor en todo el mundo e intentarán comprarlo a través de una entrega enfermiza”.

Detectar a los vampiros. Si hay receptores en el entorno que no paran de exigir, hay que saber apartarse de ellos a tiempo y frecuentar otro tipo de compañías.

Esperar la ayuda. Aunque sorprenda, la inmensa mayoría de las donaciones se llevan a cabo a propuesta del donante, que ofrece su dinero, su tiempo o sus contactos para ser útil. Si ayudamos solo a quien lo pide expresamente, habremos eliminado ya hasta un 90% de las donaciones.

Dar a quien lo merece y necesita. El último paso en este proceso curativo sería elegir bien a quién damos. La primera pregunta que debemos plantearnos es si nuestra relación con el receptor justifica la donación. En segundo lugar, plantearnos si nuestra ayuda es realmente necesaria, o bien la persona puede procurarse lo que reclama por sus propios medios.

De lo que se trata, al final, es de establecer relaciones justas con los demás y con uno mismo, y de que cada persona asuma sus responsabilidades. Llegados a este punto, ya no hablaremos de dar y recibir, sino de compartir la vida con toda su riqueza.

Francesc Miralles

vive tu sueño beachVive tu sueño y no sueñes tu vida ¡3ª edición!
“El destino me ha llevado a descubrir este libro cuando más necesitaba  palabras llenas de energía y de luz. Ha sido un vaso de agua fresquita en mi desierto alpino.” (Elena)
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5 Señales que te demuestran que un ser querido fallecido está a tu lado

La ausencia de seres queridos, cuando fallecen, nos hace sentir un profundo vacío y la necesidad de tenerlos a nuestro lado nos lleva a pensar que están presentes junto a nosotros, cuidándonos, protegiéndonos y advirtiéndonos del peligro; guiando cuidadosamente cada uno de nuestros pasos.

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Esto desea una mujer tras una jornada larga de trabajo…

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¿Qué es lo que desea una mujer cuando llega a casa tras un largo día de trabajo? Deseamos tranquilidad, silencio, un cálido ambiente, cariño, ternura, un abrazo. Queremos encontrar a alguien al llegar a casa que nos mime más que nunca, que nos preste atención y que nos muestre cuanto nos ama. Seguir leyendo «Esto desea una mujer tras una jornada larga de trabajo…»