Categoría: Motivación

Equilibro entre cuerpo y mente

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En nuestra sociedad es usual que consideremos que la mente está separada del resto del cuerpo. Dicha disociación se ha sostenido y se ha reproducido con el transcurso de los siglos. Sin embargo, esto no es cierto. El vínculo entre mente y cuerpo es más estrecho de lo que creemos. Seguir leyendo «Equilibro entre cuerpo y mente»

35 cosas que lamentarás en la vejez

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Tarde o temprano vendrán los tiempos cuando no puedas hacer muchas cosas. Cuando algunas otras se volverán obsoletas o imposibles de realizar. Pero siempre habrá que recordar que mientras seas joven, la vida debe adquirir un sentido, un propósito. Y para llegar a ello se necesita ser proactivo, para no lamentar cosas que no hiciste o dejaste de hacer. Siempre se puede ser mejor. Seguir leyendo «35 cosas que lamentarás en la vejez»

10 maneras de ser muy feliz

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La práctica totalidad de las ciencias ha estudiado qué nos hace felices y qué no y las respuestas son tan variadas como investigaciones se han hecho sobre el tema. El periodista Jeff Haden ha recogido algunas de las principales actitudes que contribuyen a nuestra felicidad, basándose en las observaciones de Belle Beth Cooper. Estas son, entre otras, diez de las conclusiones más sólidas. Seguir leyendo «10 maneras de ser muy feliz»

Las 75 grandes frases de Nelson Mandela

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Nelson Mandela fue un hombre con un inmenso talento para la escritura y con una filosofía de vida muy clara y definida. A lo largo de su vida, tanto en su actividad política como en sus años de cautiverio, ha dejado para la posteridad un buen número de reflexiones y pensamientos. Estas son algunas de sus mejores frases.

El hombre y la idea de la muerte

1- Mi padre seguía gritando: Nodayimani, tráeme mi tabaco. El grito era persistente, y finalmente se lo llevaron, le llenaron la pipa con tabaco, se la encendieron y se la pasaron ya preparada, y entonces fumó y murió fumando.

2- Una experiencia demoledora fue la muerte de mi hijo mayor en un accidente de coche. Además de mi hijo era mi amigo, y me dolió muchísimo, en realidad, no poder presentar mis respetos, mis últimos respetos ni a mi madre ni a mi hijo mayor.

3- Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre.

4- Si tengo que morir, declaro para todos los que quieran saberlo que iré al encuentro de mi destino como un hombre.

5- Tenía cáncer de próstata y lo comenté con mis amigos en la cárcel. Mirad – dije –  creo que mejor lo anunciaré públicamente yo mismo, porque si voy al médico la gente empezará a murmurar: ¿Sabías que Mandela tiene cáncer?

6- Estoy seguro de que si voy al cielo me dirán, ¿quién eres? Yo diré: Bueno, soy Madiba. ¿De Qunu? Yo diré: Sí. Entonces ellos me dirán: ¿Cómo pretendes entrar aquí con todos tus pecados? Me dirán: Márchate, por favor, llama a las puertas del infierno, puede que allí te acepten.

7- La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad.

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En la oscuridad…

nadadora

Justo cuando iba a lanzarme al agua, me sorprendió ver en el carril central la elegancia suprema y el estilo exquisito de una nadadora que cumplía con su rutina. Iba y volvía con la precisión de un reloj suizo y sus giros al final de los 25 metros gozaban de una plasticidad circense. Pero no fue eso lo que más me llamó la atención. Justo en el escalón de la piscina, allí donde el resto de usuarios dejan sus zapatillas, la chica tenía un bastón extensible como el que llevan las personas con dificultades de visión. Me quedé observando con incredulidad, sintiendo un gran desconcierto emocional entre la admiración y la confusión. ¿Cómo podía ser capaz de girar al final de la piscina sin chocarse? ¿Cómo podía calcular la distancia sin tener apenas visión? Al cabo de varios minutos salió del agua. Sujetó la corchera, alargó el brazo y se dispuso a quitar los dos nudos de una pequeña goma elástica colocada de manera transversal a ras de agua. Me quedé anonadado al ver su recurso, pues cuando ella notaba el roce de esa goma en el pecho sabía que le quedaba menos de un metro para poder girar y así evitaba chocarse con la pared. Mi asombro crecía por momentos, pues si ese gesto me alucinó, lo que pasó después me hizo enmudecer. La chica agarró su bastón y se dirigió al vestuario. Su ritmo de paso era elevado, incluso demasiado rápido bajo mi punto de vista para una persona invidente. Manteniendo su velocidad y trayectoria ni siquiera procuró frenar el paso para comprobar si la puerta estaba abierta. Al contrario, aceleró su ritmo y accedió a su interior sin detenerse. ¿Cómo pudo entonces saber que la puerta del vestuario estaba abierta? Buscando una respuesta a tal dilema me dirigí a la salida del polideportivo y esperé a que saliera.

Después de un par de cafés, algunas risas y varias confesiones, me contó que supo que la puerta estaba abierta al sentir en su rostro la corriente de aire. Me reveló que los sentidos no sienten nada si es el corazón el que está sordo. Que su verdadero bastón era su experiencia y que hay gente que mira mucho, pero en el fondo no ve nada. Me susurró que aún con los ojos cerrados, uno puede ver con el corazón. Me preguntó cuánto tiempo hacía que no sentía el aire y yo no supe qué contestar…

 

Por Raúl Romero 

 

* Leer primer capítulo de “Convivir no es de locos”

* Leer primer capítulo de “La brújula del cuidador”

Soy el grito de mi silencio

el grito

A medida que pasan los años compruebas que no siempre a quien madruga Dios le ayuda si antes has pasado una noche en vela. Que el trabajo dignifica cuando te dejan demostrar lo que vales. Que una retirada a tiempo es una victoria cuando no te sabe a derrota y que no siempre el fin justifica los medios. Que para presumir no hay que sufrir si la belleza está en tu cabeza. Que no hay mal que cien años dure pero sí amores que matan. Que en boca cerrada no entran moscas ni siempre quien calla otorga. Que solo de alegría te hará llorar quien bien te quiere y que no siempre el tiempo todo lo cura si dejas cicatrices abiertas. Que si ríes el último para reír dos veces clavas tu propia tumba. Que no siempre el que la sigue la consigue ni el que busca siempre encuentra, pero se hace camino al andar. Comprendes que la primera impresión a veces no es la que cuenta y que a la tercera va la vencida si te dejan tener segundas oportunidades. Aprendes que se dice más hablando en silencio que gritando a voces. Que creces cuando caminas descalzo, que envejeces con piedras en los zapatos y que morirás con las botas puestas…

     

 Raúl Romero – Equipo Brújula    

* Leer primer capítulo de “Convivir no es de locos”

* Leer primer capítulo de “La brújula del cuidador”