Desgarrada

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Tenía que pasar, ley de vida, que uno de los dos se volviera a enamorar. Pero duele, duele tanto que asusta. Duele el alma hecha añicos y cada punzada de desgarro. Duele el alma quebrada, pidiendo a gritos tu abrazo. Duele el alma teñida de gris, esperando un milagro, disfrazado de ti. Duelen todos y cada uno de los huesos del espíritu, duelen todas y cada una de las vértebras de las entrañas, duelen tanto que supone una conquista coger aire. Y te dejo libre, porque te amo, y te dejo libre, porque te quiero, y porque me doy cuenta de que mi amor es sincero. Y me voy, porque quiero que lo intentes, y que te salga bien, porque no quiero que tu corazón llore. Me voy para volver, imperfecta, pero entera. Me voy para aprender a vivir con tu ausencia y sin tu esencia, con tu distancia y sin tu presencia. Me voy a derramar un océano infinito, que ha empezado a manar de mis ojos, que no está en los mapas, porque no cabe y que no tiene nombre, todavía, aunque yo lo llamo Inmensidad, en femenino y con mayúscula, como a los huracanes. Sí, ni Pacífico, ni Atlántico, ni Índico. Inmensidad, porque arrasa, porque abrasa y porque mata. Y si alguien ha de morir, elijo ser yo quien lo haga. Morir de amor, morir de pena, morir de agonía. Morir para volver a nacer, serena, sin prisa y envuelta en una sonrisa. Seguir leyendo «Desgarrada»

Cómo reconocer a un auténtico viajero

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Dice un proverbio tibetano: “El viaje es un regreso a lo esencial”. Y los auténticos viajeros son los que lo ponen en práctica: viajan sin prisas, con poco equipaje y sencillez; son generosos, capaces de aceptar el cambio y la diferencia y saben manejarse en cualquier tipo de situación. Estos seis principios que identificarán al auténtico “vagabundo viajero” y le diferenciarán del turista de paso. Seguir leyendo «Cómo reconocer a un auténtico viajero»

Cuando sepas de mí

Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

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Si tú me dices ven… no dejo nada. Pero te acompaño

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Confundimos muchas veces el amor con la dependencia. Dejarlo todo por el otro nos parece un acto de amor y de generosidad. Y hablamos de dependencia cuando decides comportarte o hacer lo que la otra persona te pide, aun no estando tú de acuerdo, por miedo a perder a la persona amada. Porque con esa persona lo eres todo, y sin ella no eres nada. Seguir leyendo «Si tú me dices ven… no dejo nada. Pero te acompaño»

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

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