A veces cuando lo perdemos todo, encontramos lo que buscamos

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Cuando lo perdemos todo y nos encontramos a solas con nosotros mismos es cuando podemos empezar a sanar nuestras heridas y a construirnos desde cero.

En muchas ocasiones lo perdemos todo. Nuestra pareja nos deja, nuestros amigos se van, nos echan del trabajo…

Estas situaciones provocan que nos sintamos vacíos, perdidos y sin ninguna idea de hacia dónde dirigirnos para volver a darle sentido a nuestra vida.

Solemos, entonces, caer en victimismos y quejas que nos llenan de ansiedad y desesperación.

¿Es tan malo perderlo todo en la vida? ¿Y si cuando perdemos en realidad estamos ganando?

La búsqueda de una falsa seguridad

Quizás no nos hemos dado cuenta, pero cuando el mundo se nos viene encima porque lo hemos perdido todo es porque creímos que todo eso nos proporcionaba seguridad.

En el momento en que una pareja nos deja, nos sentimos muy mal. Tanto, que creemos que no vamos a volver a rehacer nuestra vida, ni siquiera pensamos que haya futuro para nosotros. Pensamos que nuestra vida se termina ahí.

Esto es un grave error, pero ocurre más veces de las que nos gustaría porque hemos creído que tener pareja nos aportaba una seguridad ficticia.

¿Quizás la seguridad de estar con esa persona toda la vida? ¿Tal vez el hecho de poder formar una familia antes de que se nos pase el arroz? ¿O quizás hemos permitido creer que con pareja seríamos ya felices para siempre?

En ocasiones, dejamos responsabilidades en cosas o en los demás que solo nos pertenecen a nosotros. Por eso, cuando las perdemos, nos sentimos tan mal y tan vacíos.

Acumular cosas, aferrarnos a quien nos hace daño, no dejar ir a todo lo que sobra en nuestra vida es un indicativo de que tenemos miedo a soltar porque a todo eso le hemos puesto la etiqueta de “seguridad”.

La tendencia a poner parches

Poner parches es una tendencia muy humana para evitar ver las heridas que tenemos y que necesitamos sanar.

Por ejemplo, si a mí me duele estar solo cuando mis parejas me dejan, lo que haré será reenganchar unas relaciones con otras para evitar el vacío posterior que sucede ante la pérdida.

No obstante, todo esto hace que escapemos de algo que seguirá ahí, dentro de nosotros, haciendo de las suyas, hasta que nos dignemos a hacerle frente.


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Por eso, quizás solo cuando lo perdemos todo es un momento propicio para hacernos caso y para prestarle atención a todas esas heridas que nos están alertando de que algo no anda bien.

Porque, aunque nos resulte difícil de creer, solo cuando lo perdemos todo y nos quedamos despojados, sin nada, vacíos, es cuando podemos encontrar nuestro camino, la solución a lo que nos ocurre.

Si en vez de pegar un parche de nuevo nos percatamos de esta actitud, si en lugar de caer en el victimismo vemos la situación como una oportunidad de aprender, entonces estaremos creciendo y madurando.

Porque, aunque no nos queramos dar cuenta, estamos estancados. En el momento en el que no aprendemos y continuamos tropezando con la misma piedra, estamos dando grandes zancadas hacia atrás.

Cuando lo perdemos todo, nos encontramos

En el momento en el que lo perdemos todo no debemos desesperar. Quizás debamos cambiar nuestro estilo de vida o, tal vez, hacerle frente a la tan temida soledad.

Solo nosotros mismos sabemos aquello que tenemos que sanar, aquello que llevamos arrastrando durante mucho tiempo porque no hemos querido mirarlo.

Ahora es una gran oportunidad para hacerlo y dejar de perpetuar una situación que no nos está haciendo bien, sino que tan solo nos genera sufrimiento.

Es posible que nos encontremos con nosotros mismos y que no nos reconozcamos. Nos hemos olvidado durante mucho tiempo de qué queríamos, hacia dónde deseábamos dirigirnos y, por eso, nos sentíamos tan perdidos.

No temamos perderlo todo, pues detrás del dolor y la frustración que todo eso provoca se esconde algo que tenemos que aprender.

Todo lo que nos ocurre tiene su parte positiva, que no alegre. Es la de aprender, la de fortalecerse con las circunstancias que hay que vivir.

Perderlo todo no es una desgracia, sino una oportunidad.

Fuente: mejorconsalud

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