Cuando por fin aprendí a decir que no

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La confianza tarda mucho tiempo en construirse y sin embargo, puede evaporarse en un sólo segundo. Ser realmente feliz es el resultado de la combinación de muchos factores, pero si sólo uno de ellos falla, la tristeza llama rápido a tu puerta. Cuando esperas algo de alguien y no lo hace, la decepción es terrible e inminente en cambio, el éxtasis de que sí cumpla tus expectativas es mucho más efímero.

Los seres humanos tenemos la mala manía de luchar entre el orgullo y la felicidad, sin darnos cuenta que entre ellos existen matices.

Hay que ser flexible pero no débil. Hay que tener orgullo pero este no debe ser mayor que tu felicidad, hay que saber pedir perdón y dar la razón, pero sólo cuando toca, porque una de las cosas más preciadas que podemos tener es la dignidad y el creernos y querernos a nosotros mismos.

A veces, aguantamos situaciones desagradables por alguien, por algo, por el sentimiento que tenemos hacia la otra persona, por evitar problemas, porque creemos que el futuro será mejor si “aguantamos” así, o porque a veces pensamos que si agachamos la cabeza y dejamos pasar lo que nos molesta conseguiremos que la otra persona esté más contenta.


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Dejarme que les diga que la primera persona que les debe preocupar son ustedes mismos. Debes sentirte en paz con tu persona, tus creencias, tu verdad y tus sentimientos. Debes buscar el equilibro y nadie debe hacerte sentir menos, no puedes aguantar una situación que te hace daño, te incomoda o no te gusta sólo para agradar o contentar a otra persona.

Un día despertarás y te darás cuenta, que al final lo que cuenta en la vida es estar en paz contigo mismo y no tener que perdonarte nunca porque te has fallado.

De tanto ir el cántaro a la fuente se rompió. Y ese día, comprendí que algunas veces tendremos que decir que NO, y aguantar un pequeño plazo de tiempo una situación desafortunada para vivir más tranquilos en el futuro (sobre todo con ustedes mismos).

No dejes que nadie ningunee tu dignidad, no dejes que tu orgullo te ciegue, y sobre todo no te falles a ti mismo.

Fuente: upsocl

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2 respuestas a “Cuando por fin aprendí a decir que no”

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