Me doy mi lugar, y te digo adiós

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La mayoría de nosotros tiene algún hábito negativo que no le favorece, siendo una limitación para el desarrollo y el disfrute de la vida:

No quererse a sí mismo: Aunque suene extraño, son pocos los que saben amarse y respetarse a sí mismos, los que se aceptan, lo que se valoran, los que intentan ser su mejor versión, los que son auténticos y no le dan tanta importancia a lo que opinen los demás acerca de sus vidas. Ámate y los demás no tendrán otra opción.

No asumir compromisos: Solemos ver los compromisos como cosas obligatorias que debemos hacer y muchas veces huimos de ellos, pero los compromisos no tienen que tener una connotación de obligación, sino de responsabilidad, de apuesta, de hacer las cosas y asumir sus consecuencias.

No ser auténticos: Vivir aparentando, enfocados más en lo que nos hace sentirnos aceptados, en lugar de hacerlo en lo que nos hace felices, sencillamente hace que la esencia se diluya en apariencias.

Criticar a los demás: Cuando criticamos a alguien estamos hablando más de nosotros que de esa persona, poniendo en manifiesto nuestra poca capacidad de empatizar, de intentar comprender y mostrando la facilidad para juzgar y acusar a los demás.

No valorar a los afectos: El no valorar a quienes nos quieren e inclusive no valorar a quienes queremos, bien sea por malagradecidos, por no percatarnos de los lugares que nos ofrecen los demás en sus vidas o sencillamente por pensar que siempre habrá tiempo, nos puede hacer perder a quienes amamos, generando a posterior culpa y remordimiento.

Creer que siempre se tiene la razón: Aprender a ser humildes nos abre la posibilidad de sacar provecho de cada interacción, de cada experiencia, nos permite ampliar nuestra visión y adquirir nuevos conocimientos.

Enfocarse en lo negativo: Las personas que siempre están pendientes de ver el punto negro en la hoja blanca, por lo general son las que más lejos están de apreciar las maravillas de la vida, no están conscientes de las bendiciones que reciben y por ende no logran agradecer, sino a través de las permanentes quejas, atraer a sus vidas más de aquello que les hace reaccionar.

Eliminemos cada hábito que pueda estar siendo autodestructivo, sustituyámoslo por otros que nos sumen a la vida en lugar de restarnos. La vida es para vivirla y disfrutarla, no para cargarla de malos hábitos.

Sara Espejo

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3 thoughts on “Me doy mi lugar, y te digo adiós”

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