Mi hermana, mi confidente, mi cómplice, la mitad de mi corazón…

           

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Una hermana es más que una amiga, es mi mejor amiga. El vínculo que establecemos con ellas va más allá de lo familiar. Es esa compañera de batallas, con ella siempre voy a contar, unidas en lo bueno y malo.

A pesar de que puedan existir algunas diferencias, y de que los años de infancia o adolescencia fueran, sin duda, todo un campo de competición, discusiones, ropa que compartir y envidias que disimular, al final, los años nos hicieron comprender la importancia de este lazo.
Es una conexión emocional, biológica y de intimidad tan exclusiva que, quien tiene la suerte de tener una hermana, sabe muy bien que es un auténtico tesoro que atender y valorar.

Una hermana, el vínculo que trasciende a la propia familia

Es posible que hayas pasado algún tiempo sin hablarte con tu hermana. La vida en ocasiones nos pone en extrañas encrucijadas donde pesa mucho el orgullo, o esas discrepancias marcadas por un momento de poco tacto.

Ahora bien, a pesar de la distancia y del enfado, el corazón siempre se queda dolido y nos es muy difícil mantener por mucho tiempo esa separación, esa enemistad. Al fin y al cabo es nuestra hermana pequeña, o nuestra hermana mayor, ella quien siempre nos guió y nos aconsejó de la forma más acertada.

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Una misma crianza pero con caracteres muy diferentes

En ocasiones, resulta casi asombroso cómo, a pesar de haber recibido una misma educación, de haber vivido casi las mismas cosas, cada hermana acaba siendo muy diferente de la otra.

• Las hay reaccionarias y rebeldes, ellas quienes nos enseñaron a defender nuestros espacios, nuestros derechos, a tener voz y a saber elegir qué es lo mejor para nosotras.

• Otras hermanas, en cambio, son ese mar de calma y equilibrio que siempre supieron aportarnos cobijo y consuelo. Son ese apoyo en días de dificultad donde sentirnos escuchadas y comprendidas.

Los hermanos nunca tienen por qué compartir una misma personalidad. Al igual que los hijos nunca son copias de sus padres, entre hermanos suelen presentar intereses muy diferentes y reacciones muy distintas sobre las mismas cosas.

Eso es también una ayuda y una forma de crecer, puesto que pueden complementarse en muchos aspectos.

No importa las distancias, ni las diferencias

No importa que exista un océano de por medio, que la madurez y nuestras historias nos hayan obligado a separarnos para formar nuestras propias parejas.

La preocupación y el interés por esa hermana siempre va a estar presente. Es algo natural y casi instintivo. Llamadas, mensajes… Siempre habrá un modo de contar con ese apoyo, con ese interés continuo por la otra mitad de nuestro corazón a la que tanto añoramos.

Fuente: mejorconsalud

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