¿Y si pudiéramos tener una cajita donde guardar la felicidad para cuando nos hiciera falta coger un poco?
Porque siempre llegan momentos donde quieres estar colmado de ella, ¿verdad?

¿Y si pudiéramos tener una cajita donde guardar la felicidad para cuando nos hiciera falta coger un poco?
Porque siempre llegan momentos donde quieres estar colmado de ella, ¿verdad?


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Los treintañeros son un grupo curioso. Muéstrenme un grupo de hombres de treinta años y encontraré a un tipo pasado de años que sigue viviendo con sus compañeros de departamento, otro que acaba de ir a dejar a sus hijos al colegio, unos cuantos que están bien encaminados en sus carreras y un par de investigadores de alma buscando trabajo. Algunos te dirán que finalmente han comprendido todo y otros te dirán que se sienten desesperanzados por primera vez en su vida. Es una banda multicolor. Pero tal vez la parte más colorida de este grupo son los solteros de treinta años. Si quieren un caso de estudio sobre la humanidad, el soltero de treinta años tiene casi todas las bases cubiertas. Vamos a examinar los tipos más comunes: Seguir leyendo «10 tipos de treintañeros solteros»

Lo poco que sé de la vida está en los libros que nunca leo. Lo poco que sé de la vida está en las líneas que no escribí. Lo poco que sé de la vida se cuenta tomando un café, se entiende tomando una copa y se olvida tomando dos.

Seguro que usted se ha visto alguna vez en esa situación en la que después de mantener una conversación con un amigo se ha sentido desolado, ha contemplado el mundo con más tristeza y menos entusiasmo que antes de empezar la conversación, o ha pensado: “Madre mía, a este amigo no le pasa nada bueno, siempre tiene una queja”. Y en situaciones extremas, ha escuchado el teléfono, ha visto el nombre de la llamada entrante y ha dejado de atenderlo porque sabe que esa persona, de alguna manera, le va a complicar la vida: le va a contar un nuevo problema o seguirá hablando de su monotema, por lo general con temática “desgracia”. La pregunta que uno se plantea siempre después de pasar un rato con las personas víricas es: “¿Y yo qué necesidad tengo de estar oyendo esto?”. Seguir leyendo «Personas víricas que consumen energía»

1. Nos cuesta mucho comprometernos
No porque no nos importe o porque no queramos, simplemente protegemos nuestro tiempo a solas como una leona protege a sus cachorros: ferozmente.
Seguir leyendo «19 cosas que deberías saber antes de salir con alguien que ama pasar tiempo a solas»

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Su nombre era Utopía. La mujer más luchadora que jamás pudo existir, tan hermosa como el significado de la palabra que llevaba por nombre.
Utopía. Inalcanzable destino, horizonte necesario, alimento del soñador, esperanza del oprimido, idílica perfección, enemiga del opresor, perdición del conformista. Seguir leyendo «Utopía»

Veranos con faltas de ortografía, a golpe de besos robados, con sonrisas de medio lado… ¿Despertares? Digamos que fueron anocheceres descafeinados, sin rime ni desfiles, sin faldas ni a lo loco… Hoy, la Luna todavía espera desnuda a esa persona que la despeine. ¿Y tú? ¿Dónde estabas? Benditos sean los huérfanos de amor, los que perecieron con el corazón en la mano, las noches en vela de los enamorados. Sin embargo, hace mucho tiempo que dejé de bailarte el agua, ¿acaso no te das cuenta? Mientras tanto, el otoño entró sin avisar, con algunas hojas desparramadas, con lágrimas en los ojos… ¿Fue la embriaguez del vino? Más bien fue el exceso de besos descorazonados y sin sentido. Porque los besos que se regalan envueltos en el papel de la rutina también arruinan. Pero después de la tormenta siempre llega la calma, el después de los después; con nuevos labios que besar, con nuevos cuerpos que acariciar… Sólo nos falta una señal, una mirada cómplice. ¿Jugamos a ese juego llamado Amor? Que pierda el mejor…
Raül Córdoba, autor de libro Convivir no es de locos.
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“Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.
Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.
Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.
Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.
Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.”
(Dos cuerpos – Octavio Paz)
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De ellos aprendí que las personas mayores no se comunican despacio, sino que han aprendido a hablar susurrando.
Me hicieron comprender que no escuchan peor, sino que somos nosotros los que no sabemos hacernos entender.
Aprendí que los ancianos no caminan curvados como si la tierra los quisiera tragar, sino que llevan consigo una mochila de vivencias difícil de igualar.
Que las arrugas en la piel son autobiografías, y las anécdotas que nos explican son auténticos yacimientos de sabiduría.
Me contaron que para llegar a ser mayor tengo que volver a jugar como un niño.
Que para ganar en valentía primero tengo que perder el miedo.
Que para sacar un seis dobles en el dominó primero tengo que tener las siete fichas.
Me dijeron que las Primeras divisiones sólo existen en el fútbol, y que en el partido de la vida todos jugamos en la misma liga.
Me contaron que los bastones sólo sirven para caminar cuando no tienes a nadie en quien sujetarte.
Junto a ellos aprendí a sentir el silencio, a escuchar la calma, a caminar más lento en un mundo cada vez más acelerado…
Raúl Romero
(Texto del libro Vive tu sueño y no sueñes tu vida)
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“¿Cuál es tu siguiente viaje, Raül?” Confieso que he escuchado tantas veces esta pregunta. Es más, creo que si cada vez que la escuchara lo apuntara en una libreta, ahora tendría recopiladas varias libretas sobre mi escritorio.
Barcelona, Marrakech, Lyon, Guanajuato, Lima, Estambul, Montevideo, Dublín, Medellín, Potosí, Atenas, Valparaíso, Lisboa, Salvador de Bahía, Budapest, Viena, La Habana, Puerto Viejo, Mar del Plata… son algunos de los muchos lugares donde he pasado un período de mi vida. A veces son días, otras semanas y, en ocasiones, meses. Pero en realidad no importa el tiempo que he vivido en cada uno de estos lugares, sino la calidad de lo vivido.
Al finalizar mis estudios, me fui a vivir a Granada. Fue mi primer viaje. Una mañana, en el mirador de San Nicolás, decidí cambiar mi reloj por una pulsera. Quizá fue un acto más por comodidad que por convicción. Todos los días tomamos decisiones que pueden cambiar el rumbo de nuestra vida. Aquella mañana, sin darme cuenta, al apartar el tiempo de mi vida, empecé a sembrar la semilla de mi libertad. Desde entonces he ido evolucionado hacia el minimalismo, hacia lo esencial. Creo que no necesitamos más cosas para vivir que todo aquello que podamos meter en una mochila. Todo lo demás se convierte en una pesada carga que no nos permite avanzar. Cuando viajo mi equipaje pesa alrededor de 9 kilos. Y es que, con el paso de los años, he aprendido a diferenciar la cantidad de la calidad. Además, lo realmente importante no tiene nada que ver con lo material sino con lo humano, es decir, con aquellas personas que me encuentro en los países donde viajo. Para mí sólo existe una cosa imprescindible: los Otros.
Me gusta viajar, conocer lugares y escribir sobre sus gentes. A veces me preguntan si podría elegir una ciudad de todas las que he visitado. Pero es muy difícil elegir una ciudad. Pienso que todas las ciudades pueden ser hermosas o feas, depende de cada individuo. Porque la belleza o la fealdad de las cosas, en cierto sentido, está en el ojo del observador. Para mí todas las ciudades son hermosas, incluso aquellas que están sumergidas en una inmensa capa de neblina gris. Porque en realidad son las personas que habitan en éstas las que las hacen hermosas, y, afortunadamente, siempre he encontrado a personas que han hecho que mis viajes estuvieran llenos de sentido y autenticidad. Incluso en las peores circunstancias. Pero si tuviera que elegir me quedaría con dos ciudades: la primera y la última. La primera porque la primera vez de todas las cosas son mágicas. Por eso Granada siempre será especial. Y la última porque es el lugar donde me encuentro en ese momento y, por lo tanto, la que me está regalando en cada instante el regalo de la existencia. Como dijo Schabacher: “Cada día viene con sus propios regalos. Desata los lazos”. Os aseguro que no existe un solo día que no desate todos los lazos.

Qué difícil es olvidarte, que difícil es recordarte… Hoy quiero sentir tu olor, palpar con las palmas de mis manos tu piel, y, sobre todo, contemplarte. ¡Jamás vi nada más hermoso! Pero el tiempo no se detiene, y hoy, resignado, me limito a amarte desde la distancia, desde el rincón de los olvidados. Allí, en Machu Picchu, me robaste el primer beso, y aquí, en esta ciudad sin asfalto ni memoria, me has robado la cordura. Estoy loco por ti, estoy loco por besarte. Yo sé que fue tan distinto nuestro amor, y, sin embargo, hoy parecemos como dos extraños.