Autor: Raül Córdoba

No hay peor ciego que el que no quiere ver

Hay un refrán popular que refleja una gran verdad que podría funcionar a favor, pero que muchas veces lo hace en contra. La vida se muestra ante nuestros ojos, las realidades, aun cuando son relativas, están allí para ser apreciadas, para ser vividas, para entenderlas y para tomar decisiones en función de ellas. Lo peor es que hay personas que parecen ser ciegas por no ver lo que claramente está a la vista de todos.

Podemos encontrar muchas excusas, muchos instrumentos que nos impidan ver algo, que no somos capaces, pero por lo general, simplemente sabemos, ya lo hemos visto, pero no queremos reconocerlo porque asumimos que no nos hará bien, sino que por el contrario, nos generará dolor, angustia, y peor aun, soledad, que a nuestros selectivos ojos, sería mejor escenario el evadir, el hacernos los ciegos o colocar miles de obstáculos entre nuestros ojos y esa realidad amenazante.

Cuando honestamente somos incapaces de ver, normalmente llega un punto en el cual el velo cae y ya no puedes fingir ser ciego, porque todo se muestra tal cual es. Cuando hemos estado evadiendo algo de lo cual sospechamos o aún tenemos la certeza, llega un punto en el cual se nos hace imposible seguir dejando pasar las cosas sin identificarlas, seguir haciéndonos los ciegos ante lo evidente, llega un momento en el que cual preferimos cualquier dolorosa realidad antes que una sutil mentira.


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Y las etapas que normalmente pasamos cuando nos enfrentamos a algo en donde preferimos hacernos los ciegos, coinciden con las etapas de un duelo, en donde estamos cara a cara con la rabia, con la negación… hasta llegar a la aceptación.

Sea como sea, inclusive cuando nos genera dolor, la vida deja sus mejores frutos desde lo que en realidad ocurre y no desde lo que nos gustaría que ocurriese. Aun cuando en términos generales podemos utilizar aquello que preferiríamos para para potenciar nuestros deseos y ayudar a su materialización.

No ocurre de esta manera cuando nos negamos a ver una realidad, porque normalmente en estos casos actuamos desde el miedo y desde allí, normalmente manifestamos aquello que justamente buscamos evitar. Si deseamos saber si lo que estamos construyendo resulta favorable o coherente con lo que en realidad queremos, basta con observar nuestras emociones, ver cómo reacciona nuestro cuerpo a lo que sentimos y de allí podemos sacar toda la información que necesitemos y lo más importante tomar medidas al respecto.

Es normal que atravesemos trayectos que no nos gusten, pero hay una gran brecha en enfocarnos en lo que nos agrada, en lo que disfrutamos, en lo que nos llena, aun en situaciones difíciles a ignorar o querer tapar una realidad que nos afecta de manera directa.

Cuando aceptamos las cosas que aun desagradándonos, forman parte de nuestras vidas, se nos hace posible fluir con nuestros procesos y salir enriquecidos de cada circunstancia. No importa qué tan doloroso sea aceptar una situación, créeme que más doloroso resulta vivir en un autoengaño, en donde lo que prevalecen son las barreras de nuestro crecimiento.

A la vida hay que transitarla con fe, con la certeza de que siempre estará a nuestro favor, inclusive cuando pensamos que no. Así que quítate cualquier venda y mira lo hermosa que es la vida, más allá del miedo y la necesidad de controlarlo todo… La vida es bella tal y como es.

Fuente: Rincón del Tibet



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El miedo como arma de manipulación

El miedo es una de las emociones básicas del ser humano y está anclado en el equipo instintivo con el que venimos al mundo. En principio, actúa como mecanismo de alerta para evitar peligros que pongan en riesgo nuestra supervivencia. Dicen que un bebé solamente le tiene miedo a los ruidos fuertes o a los movimientos bruscos; todos los demás temores serían producto del aprendizaje.

Sin llegar a esos extremos, hay muchos investigadores que postulan la tesis de que existen miedos propagados deliberadamente en la cultura para “ablandar” a las personas y hacerlas más manipulables. En la esfera personal también es frecuente que se utilice el temor para poder controlar el comportamiento de otros.

Así opera la cultura del miedo
Hay razones obvias y sanas para sentir miedo en muchas oportunidades. Una tragedia natural, una epidemia o una crisis económica severa, entre otros, son situaciones reales que lógicamente hacen sentir temor a las personas. Esta clase de miedo se basa en riesgos objetivos y es saludable, en la medida en que permite a cada persona prepararse para enfrentar el riesgo.

Pero el tipo de miedos que llevan a la manipulación deliberada son diferentes. En general, parten de un mito. No representan la realidad como tal, sino una fábula de la misma. Es más fácil si tomamos un ejemplo. Durante mucho tiempo circuló la idea de que una mujer solo era virtuosa si llegaba virgen al matrimonio. Generaciones enteras dieron crédito a ese postulado y eso impuso un fuerte condicionamiento sobre la mujer, que, gracias a ese tipo de ideas, permanecía subyugada frente al poder masculino dentro de la cultura.

En el terreno político, el miedo es el arma principal de los regímenes autoritarios. Por eso, con toda la intención del caso, se promueven ideas tergiversadas acerca de la realidad. Es relativamente fácil identificar los discursos que manipulan, en lugar de persuadir. Normalmente acuden a una gigantesca amenaza que se cierne sobre todos; utilizan un tono apocalíptico para referirse a ella y plantean, como única vía de solución, la adhesión a un personaje, un partido político o un grupo determinado.


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Miedos típicos y miedos de moda
En la sociedad moderna existen algunos miedos que ya podemos considerar como típicos. Hay dos principalmente: el miedo a ser víctima de un delito y el miedo a la pobreza. Respecto al primero, lo alimentan diariamente los noticieros: nunca te dicen que millones de personas no delinquen, sino que se concentran en los pocos que sí lo hacen. Igual, una enorme cantidad de las películas de Hollywood se dedican a esa trama: un delincuente peligroso que acecha a la sociedad, la cual termina siendo salvada por la policía o algún sujeto que aplica la justicia privada.

Respecto a la pobreza, toda la publicidad se encarga de crear un modelo de “justa riqueza” y, de manera sugestiva, anuncia los riesgos a los que te expones si no te adhieres a él.

Por contraste, desde el poder del Estado, e incluso desde la familia o la pareja, también existen mecanismos de manipulación para que ignoremos la gravedad de muchas verdaderas amenazas que se ciernen sobre nosotros. Por ejemplo, no hay mucha información sobre los graves efectos secundarios de los medicamentos de las grandes farmacéuticas. Tampoco encuentras mucho acerca de los riesgos para la salud por el uso de aparatos electrónicos, como algunos estudios lo vienen señalando.

Lo cierto es que el antídoto para la manipulación es informarse adecuadamente. No creas de primera todo lo que oyes, todo lo que ves o todo lo que te cuentan. Procura utilizar fuentes fiables para formarte tus opiniones y desconfía de los discursos que basan su validez en el miedo a una amenaza descomunal.

Edith Sánchez

Fuente: lamenteesmaravillosa



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No dejes sola a tu mascota en su despedida

Todas las personas que comparten su vida con un perro o un gato deben lidiar con la idea de que es muy probable que su ser querido muera antes que sus dueños y sus dueñas. Quien ha crecido con animales es probable que haya tenido que despedirse en varias ocasiones. Esta despedida no es nada sencilla y te acompaña durante el resto de tu vida. Por eso, a la mayoría de los dueños les resulta particularmente difícil sacrificar a sus amigos animales. Se han convertido en una parte esencial de su familia. Tan solo la idea de ver morir a tu amigo de cuatro patas puede enfermarte. Aún así, los dueños deben ser fuertes en estos momentos, por el bien de los animales.

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¿Qué sucede cuando dejamos de necesitar a nuestra pareja?

La palabra necesitar, implica, en lenguaje psicológico, que sin ese objeto de apego no puedo ser feliz, que todo mi ser depende de ello y que mi vida dejaría de tener sentido si ese algo no existiese. Eso es necesitar de verdad.

Nada es permanente y pensar lo contrario puede generarnos un gran sufrimiento ya que lo que tenemos no es un legítimo deseo que si se ve cumplido, estupendo, pero que si no, sabemos que contamos con alternativas.

Estas ideas son sumamente irrealistas y lo cierto es que nadie se muere por perder nada ni a nadie. Sin embargo, antes de admitir esta certeza, las personas solemos pasar por estados de ansiedad y tristeza. Lo hacemos bien tratando con todas nuestras fuerzas de obtener eso que creemos necesitar o, cuando lo tenemos, esforzándonos al máximo por no perderlo.

En las relaciones de pareja se aprecia de manera clara. El romanticismo exagerado nos ha enseñado que el amor implica sufrimiento, esfuerzo, sacrificio. Incluso ha hecho que los celos se normalicen, transmitiéndonos ideas como “si no hay celos no hay amor”, etc.

Desear te hace libre y necesitar esclavo

Cuando crees necesitar a tu pareja, no estás siendo una persona que ha elegido a otra en libertad, sino en base a una carencia personal. Puede ser que tengas miedo a la soledad o que tengas una autoestima bastante baja. Quizás pienses que es mejor tener a alguien más fuerte y capaz que tú a tu lado o simplemente que te has enganchado a esa persona porque tu vida está bastante vacía en otras áreas y piensas que es lo único que te queda.


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Sea cual sea el motivo, la cuestión es que estás siendo un esclavo de tus propios vacíos mentales. No has decidido estar con esa persona porque te sume o te haga la vida más agradable que cuando estabas solo. La has elegido como quien elige una prótesis o como el que pone un parche que tapa un agujero.

Cuando dejas de necesitar y solo amas

Cuando decides amar en libertad y por fin librarte de todas esas pesadas cadenas y fantasmas que guiaban de forma errónea tu vida, descubres una nueva forma de tener pareja. Es el amor real, el auténtico. No es el amor neurótico, loco, visceral que nos cuentan en las películas, eso solo es fantasía y provoca que la relación no vaya a buen puerto.

Te dolerá si lo pierdes, es evidente y podrás pasarlo mal un tiempo, pero eres consciente de que tu felicidad no depende de tu pareja y que la vida va a seguir ofreciéndote oportunidades. Esto, evidentemente, hace que la relación funcione mucho mejor que cuando existen celos y contribuye a que ambos sean más fieles.

Te gusta y puedes desear que alguien te apoye y que te muestre su signos de amor y cariño, pero si esto no existe en tu vida, existirán los amigos, la familia, el trabajo, las aficiones y muchos más elementos a sumar a lista que son tuyos, particulares e individuales.

La solución a los problemas se hace en equipo, ya no discutimos a ver quién lleva o no lleva la razón porque nuestro ego ya no es tan grande como para que eso merezca la pena. Miramos juntos en la misma dirección y deseamos acabar nuestra vida juntos, pero si no es así, porque el amor no todo lo puede, el mundo seguirá su curso y podremos hacer una vida completamente feliz en soledad o junto a otra persona.

Atrévete a decirle a tu pareja hoy: te quiero mucho, pero no te necesito nada.

Fuente: lamenteesmaravillosa



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Vivir en plenitud, el arte del empoderamiento personal

Para tener una vida plena hay que tomar decisiones. Algunas no serán fáciles, pero con esfuerzo y determinación iremos construyendo una realidad con mayor armonía, acorde a nuestros valores y necesidades. Lo analizamos a continuación.

Vivir en plenitud es casi un acto de rebeldía. Lo es porque implica atreverse a romper moldes, estereotipos y hasta convencionalismos. Significa dar forma a una existencia acorde a nuestros valores y necesidades. Lograrlo, pasa a menudo por habilitarnos en un distinguido arte, el del empoderamiento personal, el de saber tomar decisiones que nos permitan hacer realidad nuestras metas y deseos.

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El chisme muere cuando llega a los oídos de una persona inteligente

Nada más tóxico que: fulanito me dijo que tú le dijiste que el otro le dijo que yo había dicho. De lejos con la gente así.

Los chismes son un verdadero cáncer social: traen un triple daño. Por un lado, le hace daño a la persona de la que se habla. Les hace daño al que cuenta el chisme y al que escucha el chisme. Seguir leyendo «El chisme muere cuando llega a los oídos de una persona inteligente»

Mientras más feliz eres, menos te metes en la vida de lo demás

Las personas felices tienen algo: viven y dejan vivir. Es como si supiesen que la vida es una sola, que nuestro tiempo es limitado y que, por tanto, debemos aprovecharlo al cien por ciento en disfrutarlo.

Ahora bien, felicidad no quiere decir que uno anda alegre todo el día. Felicidad no es un resultado, felicidad es un ESTADO. La persona feliz puede experimentar un episodio triste, puede sentir dolor, cansancio y desanimo. La única diferencia es que a pesar de eso, no deja que eso le domine. La persona feliz muestra una actitud de fuerza y entusiasmo ante la vida. Seguir leyendo «Mientras más feliz eres, menos te metes en la vida de lo demás»

Las “cincuentañeras”, un fenómeno que revoluciona la sociedad tradicional

Son un fenómeno completamente nuevo porque a los 50 o 60 y tantos vuelven a reinventarse y, con ello, reinventan la sociedad ¿Por qué es una revolución? Porque el perfil de la mujer actual de 50 años es muy distinto del de las mujeres de esa edad de hace tan sólo quince años.

Las cincuentañeras, en su gran mayoría, trabajan o han trabajado, son muy activas e inquietas a nivel intelectual, se sienten con mucha energía y con una sabiduría de la vida que les permite afrontar su presente más empoderadas. Son menos manipulables y vulnerables a las opiniones externas y a las circunstancias del entorno.

Son mujeres que después de pasar por muchas etapas vitales, tienen muy claro lo que quieren o al menos lo que no quieren y eso las hace más seguras y desinhibidas en cualquier ámbito, desde el laboral al de las relaciones sexuales.



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¡Nuestros libros son únicos, son transformadores!

¿Recuerdas las película inspirada en el libro Come, reza, ama? Se trataba de una historia real y que, de hecho, la protagonista de la historia, la periodista Elizabeth Gilbert, que no Julia Roberts, acababa realmente encontrando al amor de su vida.

«Es mi mejor amiga, sí, pero siempre ha sido más grande que eso. Es mi modelo, mi compañera de viajes, mi fuente de luz más confiable, mi fortaleza, mi confidente. Resumiendo, ella es mi persona», compartía la escritora y periodista en sus redes sociales.

‘Swofty’

Las que se encuentran solteras o separadas tienen incluso una tribu urbana propia. Son las ‘Swofty’. Es un acrónimo tras el que se esconde Single Women Over Fifty, es decir, mujeres solteras que superan los 50 años. Apuestan por la liberación femenina, son tremendamente activas, despiertan el interés de quienes se cruzan por su camino y no son fáciles de conquistar. Cuidan su físico y la experiencia, les da ese ‘plus’ que marca la diferencia. Seguras de sí mismas, pueden llegar a tener, sin complejos parejas más jóvenes que ellas. Apuestan por la SlowLife y han dado el paso de enfocar su ocio al turismo y ocio consciente.

Por supuesto, no todas son iguales. Son únicas en su individualidad y entre ellas las hay de todo tipo y en todos los contextos: solteras, en pareja, con hijos ya emancipados, con hijos, con más o menos ingresos y con formación o sin ella… Sin embargo, como colectivo presentan unos rasgos que ha sorprendido a psicólogos, sociólogos y expertos en tendencias sociales.

Representan un 22% más de mujeres en la cincuentena que hace diez años y el porcentaje aún crecerá más en los próximos años porque están alcanzando a las baby boomers españolas (nacidas entre 1957 y 1977).

Rompen con la anterior etiqueta de cincuentonas ya que representa una edad en la que, lejos de los clichés tradicionales, rebosan proyectos, energía y seguridad en sí mismas.

Las mujeres de 50 de otras generaciones centraban esta etapa de sus vidas en sus hijos y sus nietos, pero las cincuentañeras ponen de nuevo el foco en sí mismas y apuestan por renovar su formación, mejorar su alimentación y llenar su agenda profesional y de ocio de actividades inspiradoras. Pero ganar visibilidad pública y social y desprenderse de la etiqueta de cincuentonas no quiere decir que se hayan liberado de todos los estereotipos.

Aprendamos de ellas las más jóvenes. De su energía, de su sabiduría y de todas las batallas que libraron para que hoy nosotras, las más jóvenes, disfrutemos de los actuales derechos sociales de la mujer.

Fuente: muhimu


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La depresión existencial: muy común en personas con alta inteligencia

La depresión existencial suele afectar a personas con altas capacidades. Son esos perfiles que sufren el peso de las injusticias, que no hallan un sentido a la vida y que sufren el aislamiento por ver y sentir el mundo de un modo diferente al resto.

¿Qué sentido tiene este mundo? ¿Por qué existen tantas injusticias y desigualdades? Familia, trabajo, amigos… ¿es que no hay nada más en esta vida, algo más trascendente? Este tipo de preguntas son las que van dando forma a lo que se conoce como depresión existencial. Es un tipo de condición que aparece en personas muy reflexivas o caracterizadas, a su vez, por una alta inteligencia.

La depresión tiene muchas formas, la condicionan infinitas variables y cada paciente la experimenta de un modo particular y distintivo. Así, y aunque todos hayamos oído hablar de las crisis existenciales, cabe señalar que esta realidad es algo más compleja. Una crisis puede surgir como efecto de una experiencia adversa, también al entrar en una nueva etapa de nuestro ciclo vital.

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El valor de enseñar a los niños a decir «gracias», «por favor» o «buenos días»

La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo (Paulo Freire)

Transmitir a los niños la importancia de dar las gracias, de «pedir por favor» o de decir «buenos días» o «buenas tardes», va más allá de un simple acto de cortesía. Estamos invirtiendo en emociones, en valores sociales, y ante todo, en reciprocidad.

Para crear una sociedad basada en el respeto mutuo, en la que el civismo y la consideración marquen la diferencia, es necesario invertir en esas pequeñas costumbres sociales, a las que a veces, no prestamos la importancia que merecen. Porque la convivencia se basa al fin y al cabo en la armonía, en esas interacciones de calidad basadas en la tolerancia donde todo niño debería iniciarse desde una edad temprana.

Un error en el que suelen caer muchas familias es en iniciar a los niños en estas normas de cortesía cuando los más pequeños empiezan a hablar. Ahora bien, es interesante saber que el «cerebro social» de un bebé es tremendamente receptivo a cualquier estímulo, al tono de voz e incluso a las expresiones faciales de su padre y su madre.

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